La polis

La polis (letras pi, omicron, lambda, iota y sigma del alfabeto griego) = POLIS o Ciudad Estado. La Democracia, como gobierno del pueblo en la Rep&ua…

La polis (letras pi, omicron, lambda, iota y sigma del alfabeto griego) = POLIS o Ciudad Estado.

La Democracia, como gobierno del pueblo en la República de la que forma parte en calidad de propio vecindario, surgió en el Ágora de Atenas, frente a las pretensiones de poder de la oligarquía dominante de unos cuantos. Era una verdadera actividad política municipal. El Ágora era la plaza principal de las ciudades griegas antiguas, a la vez centro de cultos religiosos (paganos pero de culto) y de la vida política. Era la Plaza Mayor. De hecho, si se fijan ustedes los modernos ayuntamientos (por lo menos en sus edificios iniciales no ampliados con otros) se encuentran en todas las plazas mayores de nuestros pueblos y ciudades.

De ahí que a los detractores de la Ciudad se les conozca como agoreros. Transformaron la plaza del discurso político en plaza de mercadillo. El diccionario los define como adivinos pesimistas que predicen los males. Sustituyeron en sus ciudades el discurso racional inteligente por el ‘bla, bla, bla’ sin contenido. Su arma dialéctica era el sofisma. Se contrarrestó con el método socrático tan bien expuesto en los Diálogos de Platón, es decir la interrogación, colocando contra las cuerdas a todo mequetrefe que se ampare en el voto de su representación “ciudadana” para proyectar desde él soluciones inmediatas y poco razonadas. Se contrarresta hoy con el conocimiento en primer lugar del pensamiento, es decir, el del sabio Platón, fundador de la Academia, después transformado en Liceo por su discípulo el sabio Aristóteles mediante los paseos discursivos.

Estas visiones políticas actuales me recuerdan un cómic de mi niñez: Pepe Gotera y Otilio… chapuzas a domicilio. Tenían cierta gracia, pero gracia de tebeo.

El artículo de ‘La firma’ de Alberto Medina ‘Administrar el corto plazo’ incide muy bien en el gran problema que hoy presenta la actividad política en todas partes: la de resolver con inmediatez y por vía de urgencia sin recurrir al principio de la escucha activa y al debate posterior ponderado en todo como paso previo a la toma de decisiones.

Basta con echar una mirada a la gran cantidad de Leyes, Reales Decretos Ley y Decretos, centrales y periféricos, para todo, que duran lo que duran, es decir tan inmediatos como perecederos. Sin embargo, constituyen el desarrollo del Derecho en la actualidad. No debemos obviarlos, sino conocerlos (la ignorancia ciudadana no culpable de la ley no exime de su cumplimiento ciudadano), reconocerlos y desde ellos invocar nuestros derechos asumiendo nuestras obligaciones, aunque requiera un esfuerzo añadido que generaciones anteriores en el siglo XX no tuvieron. En definitiva, los protagonistas del siglo XXI somos nosotros.

En algunos casos nunca debe hacerse. Pues el 5º Mandamiento determina que el aborto es un crimen. La antigua Esparta eliminaba al hijo nacido si no cumplía con los requisitos que se esperaban de él. Actualmente con el aborto se ha avanzado en cinismo. Por encima de ellos está el Derecho Natural, la Metafísica y los logros obtenidos por la Humanidad en el transcurso de los siglos. En la Civilización Griega el Saber se dividía por áreas, que Roma recogió en el Trivium y el Quatrivium. En nuestro caso, además, añadimos el Magisterio perenne de Nuestra Santa Madre Iglesia a lo largo de su existencia.

¿Qué hacer cuando nuestro discurso parece condenado a no ser escuchado? ¿Escuchado por quién? Por los necios no creo. Hay muchos modos de proyectar nuestro discurso. Estas páginas son un modo eficaz. El destinatario es el lector que agradece sin duda leerlas como ayuda a su actitud noble ciudadana responsable.

Si repasamos la Historia en todas las épocas encontramos hechos, situaciones y personas que, dejando a un lado el prejuicio que tendemos a hacernos de ellas, con pequeños y grandes gestos, nos ejemplifican que quiere decir el vocablo ‘política’ en positivo en el quehacer diario.

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