La pretensión de convertir a la mujer en una mala imitadora del hombre

Si damos como hecho probado que la masculinidad y la feminidad son manifestaciones primarias del ser humano al margen de la decisión personal, …

Si damos como hecho probado que la masculinidad y la feminidad son manifestaciones primarias del ser humano al margen de la decisión personal, lo que estamos haciendo es interpretar fielmente el mensaje del Dios-Creador que nos llega a través de la naturaleza en estado puro, tal como quedó plasmado en el Génesis: “Hombre y varón los creo”. Durante siglos, esto ha venido siendo una obviedad que nadie cuestionaba, hasta que llegó la ideología de género que con el pretexto de salvar a la mujer de la opresión a la que la tenía sometida el varón, pretende hacer de ella un calco del hombre, rompiendo así con los esquemas tradicionales de madre, esposa y ama de casa, liquidando el régimen patriarcal y comprometiendo, dicho sea de paso, su personal identidad

La ideología de género se ha ido extendiendo, como una mancha de aceite, por todos los estamentos de la sociedad, haciéndose presente en las escuelas, en los parlamentos, en los medios de comunicación, hasta en las familias. Se trata de una ideología novedosa y revolucionaria, la única que ha podido sobrevivir a la hecatombe del posmodernismo, en ella desaparece la bipolaridad de los sexos y lo que impera es el unisex, los términos padre y madre, esposa y esposa han sido tachados del código civil. No se puede decir “violencia de sexo”, sino “violencia de género”, aún a pesar de que la Real Academia de la Lengua se haya pronunciado al respecto, aclarando que el género ha de emplearse en referencia a las cosas y el sexo a las personas. Nada de aseos diferenciados para damas y caballeros que eso es discriminación, al contrario, éstos han de ser compartidos de forma indiferenciada, como ya se hace en algún sitio, para regocijo de no pocos
El generismo no admite distingos entre los seres humanos, porque según sus defensores la naturaleza no nos dotó de sexo, tan sólo de género, de modo que los niños sólo se distinguen porque unos van de azul y otros de rosa. Representa un tipo de humanismo asexuado que puede ser rebatido desde diversos frentes. Se le critica por ir en contra de evidencias que la experiencia y la ciencia parecen constar, tales como que la anatomía, la morfología del esqueleto, la dotación cromosomática, los componentes genéticos, los órganos reproductores son diferentes en ellos y ellas, tal diferenciación se iniciaría ya a la octava semana de la gestación, momento en que, según la ciencia, se puede decir que el cerebro tiene sexo. Aún así se sigue defendiendo que no es la naturaleza sino la cultura, la educación, en definitiva la sociedad, los únicos agentes diferenciadores sexuales, lo cual choca frontalmente con la realidad. Regalad un monstruo de dos cabezas a un niño y una niña en estado puro y pronto comprobaremos como el niño acaba arrancándoselas a mordiscos, mientras que la niña se las lavará con champú, las perfumará y por las noches le arropará para que no tenga frío. Está claro que esto algo debiera significar. Pues, no, los generistas siguen erre que erre
¿Diferente la mujer del hombre? Sí, claro que sí y ello no debiera significar una desgracia sino una bendición para todos. Que mundo tan empobrecido y tan aburrido, tan desnaturalizado también, si los hombres y mujeres fuéramos idénticos. Todo responde a unos interese de grupos poderosos que reclaman no ya solo la igualdad social, legal o política, sino también la igual biológica que les permita el uso de prácticas aberrantes, algunas legalizadas ya
Nos volvemos a sorprender cuando oímos decir que la maternidad es sinónimo de opresión que hay que sustituirla por el amor libre irresponsable, carente de compromiso , como si de un mero juego se tratara. La libertad del vientre es considerada como algo sagrado e intocable en detrimento de la gestación y fecundidad expresión del milagro de la vida que va íntimamente ligada a la mujer, pues sólo ella puede ser madre, lo que la convierte en un se excepcional. De modo que la dignificación de ésta conlleva la dignifica a aquella.
¿Qué creación humana pude compararse con la grandeza de de engendrar, parir cuidar y educar a un ser humano? Estamos viviendo momentos de desorientación, tratando de encontrar la liberación de la mujer por caminos equivocados. De lo que se trata no es de repudiar las virtualidades propiamente femeninas y abdicar de ellas, sino justamente lo contrario, lo que hay que hacer es luchar para que éstas sean reconocidas y valoradas como merecen. El generismo ha ido restando feminidad a las mujeres y desposeyéndolas de sus valores más auténticos, convirtiéndolas en hombretonas que se emborrachan, eructan y blasfeman al más puro estilo femenino, que copian las maneras, gestos y expresiones groseras, que a veces resultan ser obscenamente sexistas y otras simplemente grotescas como cuando dicen al mozo que tienen delante “siéntate ahí que vamos a hablar de hombre a hombre”. Es insólito lo que estamos viviendo. Nunca hasta ahora, los valores femeninos habían sido rechazados por las propias mujeres, por lo que posiblemente, nunca el mundo ha sido tan andrómico como lo es actualmente. Esto no había pasado nunca. La mujer pudo estar oprimida en el pasado; pero nunca sintió vergüenza de ser mujer, sino que se sentía orgullosa de serlo. Ahora no
El drama de la mujer tanto antes como ahora es que no se ha entendido, lo que implica la bipolaridad de sexos. Por eso antaño se le negó el derecho a ser igual y hoy se la quiere negar el derecho a ser diferente. Julián Marías, decía, que “cuando una mujer no sabe a mujer, resulta una forma degradada de lo humano”… “Creo, continua diciendo el citado autor, que al lado de los grandes avances y progresos, se ha deslizado en la vida de la mujer Occidental una crisis de identidad femenina”. Yo también pienso, que si la mujer repudia lo que por naturaleza le corresponde, por ejemplo la maternidad, está devaluándose y despersonalizándose y es entonces cuando se coloca en situación de ser tratada como mero objeto.
La diversidad de los sexos, constatada por la Bilogía y la Psicología Diferencial de la que debiéramos partir, es la expresión de un plan de complementariedad querido por Dios. Eva, la varona, no responde a un caprichito de Adán, sino que representa una demanda exigida por las limitaciones de un varón necesitado de una varona. La mujer se convierte así en complemento del hombre, igual que el hombre lo es de la mujer, una tiene lo que al otro le falta. A mi no me parece desacertada el símil de las dos mitades complementarias a las que frecuentemente se recurre, desde los tiempos de Grecia. Mujer y hombre son sujetos de psicologías complementarias que Raquel Osbor trata de sintetizar así “los hombres representan la cultura, las mujeres la naturaleza. La feminidad implica emotividad, docilidad, pasividad sin sobresaltos, la masculinidad en cambio se caracteriza por ser lógica y dominante, fuerte y activa”. El hombre necesita que la mujer le prevenga y le ponga en situación de sobreaviso en caso de peligro y la mujer necesita de la inteligencia del hombre para apoyarse en tierra firme y poder así afianzar sus intuiciones. Ellas son más emotivas, más sentimentales, más interiores y profundas, ellos en cambio son más racionales y analíticos, dejándose llevar menos por los sentimientos y emociones , por algo tradicionalmente a las mujeres se las ha representando por Venus y los hombres por Marte. Lo importante para el hombre es ser el primero en la vida de una mujer, en cambio lo que a la mujer le importa es ser la última en la vida de un hombre. También a ellas se muestran más sensuales, ello quiere decir, que tiene más afinadas las cuerdas sensoriales y perceptivas, lo que les hace ser más detallistas. Así, mientras el hombre tiende a las generalidades, la mujer es más puntillosa, capaz de percibir los pormenores que al hombre le pasan desapercibidos. “Habrá siempre un hombre, dice Ernesto Sábato, que aunque su casa se derrumbe estará preocupado por el universo y habrá siempre una mujer que aunque el universo se derrumbe estará preocupada por su casa”.
Son variados los argumentos que podrían corroborar la certeza de que ellos y ellas están hechos para complementarse mutuamente. Por eso, somos muchos los hombres que pedimos a las mujeres que no dejen de serlo, que sigan siendo lo que siempre fueron, femeninas, mujeres de cuerpo entero, así es como las queremos, así es como las necesitamos. Es preciso que entiendan que buen número los hombres no queremos ser sus enemigos y competidores y sí sus colaboradores, que no estamos en contra de sus justas reivindicaciones, sino que las apoyamos, que queremos estar a su lado luchando codo a codo por un mundo menos agresivo y más acogedor, menos masculinizado y más feminizado.
En Occidente se ha comenzado un peligroso proceso desnaturalizador que está afectando negativamente a la dignidad de la mujer al convertirla en una mala imitadora del hombre y no reconocer su legítima vocación de madre y esposa, A parte de esto se está poniendo en trance de desaparición a la familia tradicional; pero sobre todo representa un grave peligro al futuro de la sociedad firme y estable. Bajo la etiqueta de “cultura de género” aparentemente inocente, se esconden un proyecto globalizador perverso y lo peor es que no somos consciente de ello.

Ángel Gutiérrez Sanz es autor del libro recientemente publicado Ser mujer en un mundo de hombres.
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