“La principal función del médico es no hacer daño”, dice el nuevo presidente de la FIAMC

Este domingo, 14 de mayo, se clausuró el XXII Congreso Mundial de la FIAMC sobre la erradicación de la pobreza en el que, durante cuatro días, 1.200 m…

Este domingo, 14 de mayo, se clausuró el XXII Congreso Mundial de la FIAMC sobre la erradicación de la pobreza en el que, durante cuatro días, 1.200 médicos provenientes de todas partes del planeta realizaron propuestas y debatieron sobre cómo conseguir un mundo más solidario con los países pobres.

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En el congreso, además, los delegados de las 60 asociaciones de médicos de todo el mundo, que forman la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas, eligieron al sustituto del que hasta ahora era su presidente, Gian Luigi Gigli. El elegido para representar internacionalmente a los médicos católicos es el médico catalán José Maria Simón Castellví.

 

El nuevo presidente para los próximos cuatro años, que representa ya a más de 40.000 médicos católicos asociados a la FIAMC, tiene 43 años, es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Barcelona y especialista en Oftalmología, especialidad a la que se dedica profesionalmente desde 1992.

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Es también miembro de las sociedades Francesa y Española de Oftalmología, autor de múltiples contribuciones a libros y artículos científicos, así como de 10 tratados internacionales sobre su especialidad. Durante los últimos años ha sido el presidente de la asociación Metges Cristians de Catalunya. Está casado y tiene 3 hijos.

 

En la misma sesión se eligió como secretario general al Dr. Salvino Leone (Italia); como vicepresidente al Dr. John Lee (Singapur) y como Tesorero al Dr. Francisco Díaz (Chile). Todos ellos forman el nuevo Comité Ejecutivo de la FIAMC para los próximos 4 años.

 

Minutos después de ser elegido por los delegados de la FIAMC, el Dr. Simón, que considera a la Iglesia "la principal proveedora de salud psicosocial y espiritual del planeta", realizó unas declaraciones en las que recordó a la comunidad científica y médica, entre otras cosas, que “no se puede trabajar contra la vida humana".

 

– ¿Qué significa para usted ser nombrado nuevo presidente de la FIAMC?

 

– Tomo mi nombramiento con mucha ilusión. Para mi es como recibir un crédito que tengo que reembolsar en los próximos cuatro años. Tengo que demostrar que mi elección, ha sido, es y será un acierto.

 

– ¿Cuál será su trabajo ahora?

– Mis prioridades son coordinar los trabajos que llevan a cabo las diferentes asociaciones médicas católicas repartidas por todo el mundo, tenga en cuenta que actualmente son 60 de los cinco continentes y se van sumando más. Con motivo de este Congreso de Barcelona nos ha llegado la solicitud de la asociación de Madagascar de incorporarse a la Federación. A esto se añade mantener las relaciones con las distintas instituciones y la Iglesia, gestionar los trabajos con nuestra oficina en el Vaticano, así como el desarrollo de los proyectos de colaboración con diversas instituciones, por ejemplo MaterCare que, de hecho, es nuestra agencia de cooperación internacional.

 

-¿No le amedrenta tanta responsabilidad?

 

– De ninguna manera. Mi labor como presidente es subrayar lo relevante, poner medios allí donde falten y lo que está funcionando no estropearlo. La principal función del médico, ya lo decían los griegos, es no hacer daño. Por eso una de mis funciones será no estropear aquello que ya marcha como es debido.

 

– Actualmente se habla mucho de la ética en la medicina y para ustedes es un aspecto central de su actividad.

 

– Efectivamente, se habla mucho y cada vez se hablará más de ética. Al margen del progreso y de los avances que hemos ido experimentando en los últimos años, no podemos olvidarnos de aquello que está bien y de aquello que está mal. Y a pesar de todo lo que se pueda decir, el médico y todo el sector sanitario no puede trabajar en contra de la vida humana. Se ha de respetar a todo ser humano, desde su nacimiento a su muerte natural, y no se pueden utilizar eufemismos como “interrupción voluntaria del embarazo” o “muerte digna”, que enmascaran unas realidades sórdidas que muchos no quieren escuchar. No debemos perder los principios que han hecho del colectivo médico uno de los más respetados por nuestra sociedad. Y a esto me dedicaré con todas mis fuerzas.

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