La publicidad, al servicio del testimonio cristiano

La iniciativa de un grupo de ateos de insertar la publicidad en dos autobuses, junto con la de E-Cristians de anunciar la utilización del mismo…

Forum Libertas

La iniciativa de un grupo de ateos de insertar la publicidad en dos autobuses, junto con la de E-Cristians de anunciar la utilización del mismo soporte publicitario para proponer una reflexión sobre Dios en el espacio público, da pie a algunas experiencias y reflexiones necesarias.

La primera de ellas es el interés mediático que han despertado ambas iniciativas. A pesar de que desde el punto de vista publicitario estricto son gestos simbólicos, dos pobres autobuses los ateos y tres E-Cristians, en el caso de Barcelona, los medios de comunicación se han volcado sobre la noticia, sobre todo, radios y televisiones de todas las tendencias. Durante cuatro días el interés ha sido constante invitando incluso a E-Cristians a debates cuyo tratamiento ha sido bueno y equilibrado por parte de los conductores de los programas.

Dos reflexiones son pertinentes: Una, nuestra sociedad tiene una lógica mediática que valora más la anécdota que el contenido, y deberíamos esforzarnos en saber traducir en términos de bien esta tendencia. No se trata de salir de cualquier modo, pero sí de esforzarse en utilizar estas condiciones para servir a Jesucristo y a su Iglesia, al bien, la verdad y la justicia.

La otra consideración se refiere a la utilización de la publicidad como un instrumento al servicio del testimonio cristiano. Algunas personas han manifestado su reserva, cuando no la crítica, a utilizar este medio. Es un error, porque significa prescindir de una potente posibilidad de comunicación. Es como si los primeros cristianos se hubieran negado a difundir su mensaje a través de las Epístolas reproducidas cientos de veces, porque la cuestión era demasiado importante como para hacerla al margen de la transmisión verbal y el testimonio presencial.

Los cristianos siempre han sido capaces de utilizar los medios de comunicación de su época y, además, de hacerlo de manera anticipada. La reproducción manual de las Epístolas fue solo el primer capítulo que tuvo su continuidad histórica en el trabajo de los amanuenses en los monasterios. La reproducción de libros de piedad mediante la imprenta, la pronta utilización de la radio, siendo la emisora del Vaticano una de las primeras de Europa. También la Iglesia ha otorgado una especial atención al cine. La filmoteca vaticana y sus directores han tenido siempre un gran reconocimiento de los profesionales de este ámbito. Los ejemplos en televisión se multiplican a escala local y a escala global. Las televisiones católicas se han desarrollado y siguen haciéndolo, mientras que la galaxia católica en Internet es una de las más grandes y activas. Todo esto son soportes al servicio de la comunicación de un mensaje. La publicidad es un método para hacer más eficaz la transmisión de este mensaje en determinados soportes. Entonces ¿por qué renunciamos a ella?

La Iglesia en España, a diferencia de otros países donde siempre ha tenido que vivir a la intemperie en condiciones de supervivencia o incompetencia con otras religiones u organizaciones no creyentes, tiene escasos reflejos para hacerse presente en la comunicación a pie de calle. Hay, eso sí, mucha y buena comunicación intraeclesial, aunque esto no es generalizable a todas las diócesis, pero incluso en este caso el terreno es absolutamente mejorable.

Si uno entra a una parroquia en EEUU encontrará folletos de diversa índole editados por organizaciones cristianas, que encuentran en la parroquia un centro de distribución. No es el caso de España. Aquí demasiados sacerdotes utilizan criterios restrictivos que nada tienen que ver con la salvaguarda del Magisterio, porque este debería ser el único límite y no su subjetivo sentido de la oportunidad.

Pero ésta no es la cuestión de fondo, sino la presencia más allá de las paredes de nuestras iglesias, la plaza pública. En un reciente debate, un pastor de la comunidad evangélica explicaba que desde octubre tiene insertado un anuncio en un autobús suburbano de Madrid, por tanto muy anterior a la campaña de los ateos, decía que ésta había sido una iniciativa de su comunidad, que no tenía nada de especial puesto que ellos sistemáticamente hacen folletos que reparten por la calle o que distribuyen en los buzones, y ahora lo único que habían hecho era utilizar un autobús para enviar un mensaje de confianza y esperanza en Jesucristo.

Todo esto, el autobús, los folletos, son iniciativas puras y duras de una comunidad de ¡poco más de medio centenar de personas! Es un ejemplo de presencia cristiana que a los católicos nos debería hacer reflexionar seriamente. ¿Podemos imaginar que cada parroquia estudiara una actuación de presencia en ocasiones de servicio en su entorno, en lo que son los límites del territorio que tienen asignado? ¿Podemos imaginar que los sacerdotes, la comunidad parroquial, entendiera que su deber se extiende a todos los que viven en aquel ámbito territorial y que es bueno hacerles llegar con inteligencia el mensaje de Cristo? Demasiado vivir encerrados entre las paredes. Demasiada aprensión de unos grupos en relación a otros. Demasiadas reuniones y escasa iniciativa y capacidad de presencia en la calle y en la plaza.

San Pablo fue a Atenas, terreno pagano, y no se refugió entre cuatro paredes, sino que proclamó la fe en el Cristo resucitado en medio del Areópago. A veces parece que lo hemos olvidado.

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