La realidad de la Iglesia en España

Dos datos informativos prácticamente coincidentes en el tiempo constituyen un diagnóstico digno de tener muy en cuenta sobre la situación de la Iglesi…

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Dos datos informativos prácticamente coincidentes en el tiempo constituyen un diagnóstico digno de tener muy en cuenta sobre la situación de la Iglesia en España. El primero de ellos es la encuesta publicada el pasado domingo por el diario LA VANGUARDIA sobre una muestra de 1.000 entrevistados, trabajo donde las criticas de la Iglesia a las medidas que viene adoptando el Gobierno sobre matrimonio y adopción homosexual y clase de religión sólo recogen un 21% de opiniones a favor contra un 73% de desacuerdos. Esta cifra de conformes es significativamente menor a las que están contra el matrimonio homosexual (32%), mientras que los que consideran que la clase de religión es tan importante como  las matemáticas y la lengua son el 37% (con una pregunta que tiene mucho de formulación capciosa) y los contrarios a la adopción, el 50%. En otras palabras, hay más gente en contra de cada tema concreto que a favor de la crítica que formula la Iglesia.

Aun recordando las limitaciones de las encuestas, resulta razonable retener que el discurso eclesial no genera sinergias entre los disconformes sino que, por lo contrario, resta. He aquí un gran motivo de reflexión: aquel dato del 21% debería asimismo relacionarse con la cifra de católicos practicantes, que se sitúa en un orden del 70% mayor. Existe indudablemente un problema de lenguaje, de estrategia, de posicionamiento de la Iglesia española cuando se expresa institucionalmente. Matícese todo lo que se quiera esta afirmación, pero sería poco razonable negligirla.

Un segundo dato objetivo es la constatación de la debilidad de la cultura moral de la sociedad española. Con parámetros comparativos, los únicos posibles para examinar la realidad, en términos europeos España sigue siendo un país “católico”. Las cifras de las encuestas que miden la religiosidad y su práctica señalan que, después de los países “top”, que son Irlanda y Polonia, e Italia, aparecen Portugal y España, nítidamente diferenciados de los países centroeuropeos. A pesar de ello, el comportamiento de la sociedad española en cuestiones de cultura moral, en fundamentos antropológicos, es mucho más próximo a Holanda, Bélgica y los países nórdicos que incluso a la muy laicista Francia. Ejemplo: España va a aprobar una ley sobre el matrimonio homosexual y la consiguiente capacidad de adopción. Esto es impensable en Francia.

La ley que aprobó las parejas de hecho es mucho más restrictiva que las establecidas en diversas comunidades autónomas españolas, pero es que además la legislación francesa fue aprobada en una segunda intentona a pesar de que entonces tenia mayoría absoluta el Partido Socialista, y con el coste de una enorme manifestación en París encabezada por miles de alcaldes contrarios a la ley. ¿Existe un cambio cultural en la sociedad española? Sí, ciertamente, pero en qué medida éste se confunde simplemente con el pasotismo es el tema complejo que es necesario dilucidar.

En todo caso, estas dos cuestiones apuntadas interpelan a la Iglesia, a sus responsables y a todos los católicos. Reflexionar sobre todo ello para definir respuestas que no se sitúen en la órbita de escape de la bruma teológica, sino que incidan en la práctica y en los resultados, constituye un reto vital.

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