La realidad del conflicto americano

Estados Unidos, si no hay acuerdo, se encuentra a menos de 24 horas de la suspensión de pagos, un hecho que tendría un impacto extraordi…

Estados Unidos, si no hay acuerdo, se encuentra a menos de 24 horas de la suspensión de pagos, un hecho que tendría un impacto extraordinario en la economía global. Se puede disentir de si el mismo sería trágico o moderado, pero, sin duda, y desde la perspectiva española y europea, golpearía en una herida que todavía no ha cerrado.

Los medios de comunicación, con su tendencia cada vez más acentuada a simplificar y a convertir las cuestiones en una lucha entre el blanco y el negro, lo presentan solo como un conflicto entre Obama y los republicanos, entre la reforma ‘Obamacare‘ y la aprobación de el techo de la deuda. Pero, esta no es la cuestión real del fondo. El problema es cómo se ha acostumbrado a vivir Estados Unidos. Lo hace sobre una montaña de deuda y con un déficit público abrumador. Obama, desde el punto de vista de la economía de los Estados Unidos, presenta unos resultados alarmantes: desde 2009 a 2011, el déficit acumulado ha sido de 3,8 billones de dólares, una cifra que resulta difícil de imaginar. Para situar un punto de referencia, Bush, que tampoco anduvo corto en esta cuestión, dejó en el 2008 un déficit de 459.000 millones. Obama, al año siguiente, lo más que triplicó al alcanzar los 1,4 billones. Cierto es que en este periodo se ha producido una crisis económica tanto más dura que la de la Gran Depresión del 29, pero a pesar de ello, la máquina de endeudarse resulta indiscutible que tiene una dimensión insostenible.

Hasta ahora, esto ha venido soportándose. El debate en este momento es elevar el tope de deuda, que ya es de 16,8 billones de dólares. Pero, la cuestión que nos afecta a todos es: ¿hasta cuándo es posible vivir de esta manera?, ¿hasta cuándo es posible vivir a base de gastar mucho más de lo que se es capaz de producir? Es evidente que este fue el mal español, y que en su momento hubo muchos economistas que defendieron que no era un problema financiar el crecimiento apelando al endeudamiento continuado. Así nos ha ido. Ciertamente, España no es Estados Unidos, las diferencias en su papel económico son astronómicas, pero es un insulto al sentido común pensar que, por grande que sea un país, puede seguir funcionando a base de gastar mucho más allá de lo que puede y resolverlo mediante una inyección masiva de ‘dinero fabricado’, 85.000 millones de dólares al mes.

Esta es la dimensión de la terapia a que vive sometida Estados Unidos. Es necesario subrayar que hasta ahora esto ha funcionado razonablemente bien: tiene bajos los tipos de interés, incluidos los de la deuda pública; y mantiene al dólar con una cierta debilidad, lo que facilita las exportaciones americanas y dificulta las importaciones. Pero, en el trasfondo de todo esto, hay un gran mecanismo de inestabilidad que no valdría la pena tratar si no fuera porque su daño puede ser mundial, y puede afectarnos a todos. La salida de la crisis americana, por mucho que se empeñen algunos economistas, que por otra parte pertenecen al grupo de ciudadanos que idolatran a Obama, tiene un pie en falso. Esta es la cuestión de fondo a la que nadie, ni en Estados Unidos ni aquí, parece otorgar la atención que se merece.

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