La reforma más necesaria: la Ley del aborto

Con el silencio de los grandes medios de comunicación y la complicidad de la izquierda estamos viviendo una verdadera tragedia: cómo dos…

Con el silencio de los grandes medios de comunicación y la complicidad de la izquierda estamos viviendo una verdadera tragedia: cómo dos de cada diez embarazos en España terminan en aborto, muriendo cada año antes de nacer 115.000 seres humanos. El problema de raíz es el relativismo y la negación del derecho a la vida, que ya en el pasado escribió páginas negras de nuestra historia y sigue siendo una clara lacra que ennegrece tanto nuestro presente como nuestro futuro, no sólo como nación sino también como seres humanos. Un premio Nobel reciente, el japonés Shimizu Yamanaka, consiguió dicho galardón por descubrir métodos alternativos al uso de células madres embrionarias. Uno de los motivos de esta investigación era porque su conciencia no podía soportar como se destruían gratuitamente embriones, imaginándose que podían ser perfectamente sus hijas.

La ciencia ya ha demostrado que desde el momento de la concepción el nasciturus es un ente vivo, con ADN humano propio e independiente del de la madre y con un patrimonio genético único. Es el deber del legislador reconocer la personalidad jurídica del nasciturus y garantizar el respeto y la dignidad que merece todo ser humano al don de la vida. Cuando reconociéndose la presencia de un ser humano pero, aún y así, se le deniega su dignidad y su libertad, se eliminan los impedimentos para vulnerar cualquier tipo de derecho.

La LO2/2010, más conocida como ley Aído, es una ley que no protege ningún derecho sino todo lo contrario: suprime el derecho a la vida. ¿Cómo podemos llegar a entender que nuestro Código Civil reconozca al nasciturus el derecho a la herencia sin antes haberle reconocido el derecho a la vida? Dicha ley tampoco contempla una información completa, veraz y exhaustiva para la mujer que quiere abortar. Sólo exige que a la mujer se le entregue un sobre cerrado y vuelva 3 días más tarde sin que la mujer lo haya abierto.

Curiosamente, es una ley que se decía que pretendía proteger a las mujeres, pero en ningún momento se contempla algún tipo de ayuda a las mujeres embarazadas que quieren tener a sus hijos pero que tienen dificultades para mantenerlos. Además, es una ley que discrimina al enfermo y minusválido, motivo por el cual la Comisión para los Derechos de las Personas Discapacitadas de la ONU ha pedido a España suprimir el supuesto de malformación y comunicarlo antes de 2015. ¿Cuál es la herencia de esta ley? La friolera cifra de 350.000 niños condenados y privados del derecho a la vida, a su propia existencia. Las campañas a favor del aborto muestran este acto como un alivio y una mejora en la calidad de vida de la madre, cuando en verdad, la realidad es radicalmente diferente: la mayoría, en algún momento de su vida, termina sintiendo remordimientos de culpabilidad y problemas de conciencia, lo que les conlleva a caer en un estado de tristeza y depresión, llegando a padecer en algunas ocasiones trastornos psíquicos y con requerimiento de ayuda psicológica.

El aborto en ningún momento es la solución a nada y es incomprensible cómo la sociedad actual con los recursos de que dispone no es capaz de dar una solución a las mujeres embarazadas con dificultades, mientras subvenciona generosamente a los centros abortistas. Injustamente, desde algunos extremos se acusa a los provida de reprimir a las mujeres y se habla del “derecho a elegir”. Elegir sobre un cuerpo, una vida y una existencia que no les pertenece. La elección es un hecho, no es un derecho en sí mismo. Si aceptamos este "derecho a elegir", entonces estamos ante la negación de cualquier tipo de derecho, así que sería igualmente y legalmente aceptable matar, robar, estafar, etc. Hay que concienciar a la sociedad del drama que es el aborto tanto como para la madre como al hijo que al que se le priva de su existencia. El reconocimiento de la dignidad humana y su protección tiene que ser uno de los principios que inspire nuestro ordenamiento jurídico, siendo necesaria una reforma de la ley del aborto que garantice el derecho a la vida del no nacido y prevea ayudas para las mujeres embarazadas en situaciones de dificultad. Es sorprendente cómo nos alarmamos ante las desgracias acontecidas en lugares muy lejanos mientras ignoramos las graves problemáticas de nuestro entorno más cercano. Como afirmaba la Madre Teresa de Calcuta: “Muchos se manifiestan preocupadísimos por los niños de la India o por los de África, donde tantos mueren, sea por desnutrición, hambre o lo que fuera. Pero hay millones deliberadamente eliminados por el aborto”.

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