La regla del 25: el extraño arte de contar manifestantes

Una de mis fijaciones en las clases de Periodismo en la Universidad es la de enseñar a los alumnos a que sepan “contar”. No sólo “narrar” en sentido l…

Una de mis fijaciones en las clases de Periodismo en la Universidad es la de enseñar a los alumnos a que sepan “contar”. No sólo “narrar” en sentido literario, sino en el matemático, de “cuantificar”. Que lleguen a tener sentido de dimensión ante lo que representa tanto la superficie arrasada por un incendio forestal como el valor económico de un balance. Pero, sobre todo, que sepan “contar manifestantes”.

En la España de hoy se ha generalizado la práctica de multiplicar por varios enteros el número de participantes en una manifestación. Una organización formada por profesores de matemáticas de Secundaria ha creado Contrastant, y se dedican a cuantificar participantes en las concentraciones en espacios abiertos.

La fórmula está en medir con exactitud los metros cuadrados de terreno ocupado por aquellos que se manifiestan y, aplicando los varemos correspondientes según estén parados, avanzando con rapidez o no, se obtiene el número máximo de personas que podía estar presentes. Manifestaciones que en la prensa han aparecido con 180.000 manifestantes, los analistas matemáticos señalaron que “allí” no cabían más de 30.000. Y hay casos aún más exagerados.

Un espacio exactamente definible en el número de asistentes es un campo de fútbol. El Camp Nou, del F.C. Barcelona, son “grosso modo”, 100.000 plazas. Cualquiera puede ver el alud de personal que sale en todas direcciones al acabar alguno de los grandes partidos que llenan el campo hasta la bandera. Pues son 100.000-110-000 personas. Sin embargo, manifestaciones que hubieran dejado amplísimas zonas vacías en el Camp Nou han aparecido en la prensa con 400.000 asistentes y, puestos a redondear, algunos las han elevado a medio millón.

La norma general es la de “inflación” de cifras. Por término medio podría decirse que se multiplican por cinco las cifras reales, llegando en algunos casos a multiplicarlas por dos dígitos. Incluso dando cifras atribuidas a las guardias urbanas.

Hay excepciones, ciertamente. Y entre ellas las de concentraciones promovidas por grupos pro-vida, entidades de defensa de la familia o de ética profesional, organizaciones cristianas y otras de ámbito similar. A éstas los asistentes no se les multiplican, sino que se les dividen. En un porcentaje similar al que se multiplican aquellas, por cinco.

Algunos medios lo aplicaron a la recogida de firmas realizada el pasado sábado en Barcelona a iniciativa del Pacto por la Vida y la Dignidad y de las entidades que la forman, en que centenares de padres expresaron una declaración de voluntades respecto a la posible adopción de sus hijos si quedaran huérfanos. No sólo eran “asistentes”, sino algo más comprometido y controlable, como las “firmas”. No era más que un acto simbólico, pero aun así sobrepasó ampliamente la asistencia prevista.

Para estos casos los asistentes se dividen por cinco. Para las de grupos con criterios contrarios a aquellos, los participantes se multiplican por cinco. Es lo que denomino “la regla del 25”.

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