La ‘Relatio post disceptationem’ de la III Asamblea General del Sínodo, la gran confusión (I)

Ya está. Lo que tenia de ser un Sínodo sobre la Familia cristiana, lo han transformado en una reunión sobre el divorcio, las pare…

Ya está. Lo que tenia de ser un Sínodo sobre la Familia cristiana, lo han transformado en una reunión sobre el divorcio, las parejas de hecho, la cohabitación y las parejas homosexuales. Los de ‘fuera’, que tenían este guión previo, lo han conseguido con la inestimable colaboración de parte de los de ‘dentro’ de la Relatio. El resultado está a la vista y se llama confusión, donde el católico de pie, el padre y la madre de familia, el joven, que en tiempos complicados, sobre todo en Occidente, intenta vivir la fe, acaba siendo el menos atendido.

Lo digo de manera directa y clara y después de su atenta lectura, hecha con la voluntad de encontrar lo positivo: el texto es deficiente, y lo es básicamente por dos grandes razones. La primera y sorprendente es la ausencia de calidad, de profundidad, de falta capacidad de diagnóstico y propuesta. Me cuesta creer que exprese el nivel de las intervenciones sinodales. Los textos de trabajo de la Santa Sede acostumbran a poseer una gran entidad, consistencia interna, con independencia del grado de acuerdo sobre el contenido. Pueden pecar de densos pero no de triviales, como es el caso de la Relatio, que lo es y en dos niveles distintos.

Lo es cuando se refiere a la situación de la familia cristiana, al ser muy escaso de diagnóstico y sobre todo de propuestas. Parece -si es una descripción fiel- como si a los padres sinodales les hubiera interesado más lo que dice el Mundo, que lo que necesita el Pueblo de Dios. Mandato es ir a buscar la oveja perdida, pero no está escrito que para ello se deba abandonar al rebaño; o, en lugar de guiarlo a los buenos pastos, desconcertarlo a base de preguntas retóricas. Y también tiene omisiones clamorosas. Por ejemplo, la evangelización de las personas en proceso de nulidad, porque lo único de lo que trata es funcional: que sean mas breves. Poco hay sobre la construcción de la Iglesia doméstica, de la crisis de fe de los hijos de las familias cristianas al llegar a la adolescencia, de la relaciones entre familia y escuela, de lo que ofrece la Iglesia parroquial hoy a los adolescentes y jóvenes, y a sus padres; y lo que debería ofrecer, el cómo se preparan para el matrimonio. El cómo la crisis ha dañado a los hogares y ha destruido familias, y cómo también la familia ha demostrado que es la mejor resistencia a la crisis. La familia, sí. Donación, compromiso, reciprocidad, tan antagónico con el modelo de sociedad actual: mercado, contrato y ganancia. ¡Qué ocasión perdida para ligar familia y crisis económica, social y moral, y presentar a partir de ella los fundamentos de un nuevo modelo social! Pero no, los temas que han interesado -parece- son otros, al menos por la extensión del texto dedicado a la cuestión central, la familia cristiana, y a las situaciones de excepción.

El problema es que cuando se refiere a las cuestiones nuevas, las aborda, no desde la profundización en la doctrina, sino desde fuera de ella, desde ideologías que le son ajenas. Toda tradición viva es dinámica, pero sus transformaciones no pueden surgir de fuera de ella, sino que han de partir de los “acuerdos fundamentales” que la caracterizan. Si este criterio no se cumple, caso del anglicanismo, su dilución está asegurada. Pero soy más concreto: en el número 50 se dice que “las personas homosexuales tienen dones y cualidades que ofrecer a la comunidad cristiana”. Detengámonos un momento en este breve frase.

Un texto contaminado por ideologías extra eclesiales

El propio vocabulario ya es ajeno y propio de los textos de la ideología de género y de los grupos GLBTI. Es el caso de utilizar el “personas homosexuales” en lugar de homosexuales a secas. Es como decir personas humanas, una tautología sobrera .Todo homosexual es una persona, no es necesario repetirlo. Pero esto no deja de ser un detalle literario. La cuestión de fondo radica en si el homosexual tiene dones que ofrecer por ser persona, y ese es el acuerdo fundamental cristiano, o por ser homosexual, es decir porque posee una identidad específica y distinta, y por consiguiente ser portador de una cultura diferente. Esta concepción propia de la ideología de género queda fuera de la antropología cristiana. Ya lo advirtió un nada católico político francés, el que fue primer ministro, Lionel Jospin: "la humanidad se diferencia entre hombres y mujeres, no entre homosexuales y heterosexuales". La Relatio da a entender que Jospin (¿y la Iglesia?) estaba equivocado. Y esto comporta confusión. ¿Cómo relacionar los puntos 50, 51, y 52 tal y como están redactados con el Catecismo? Simplemente no pueden. ¿Arrumbamos estos puntos del Catecismo?, ¿y si estos porque no otros?, y aquí juega la “teoría de la gradualidad” que presenta la Relatio. La cultura de la desvinculación se hace presente, destruyendo la razón objetiva, sin la que ninguna confesión religiosa es posible, y una de las que menos es la Iglesia, que se basa en su desarrollo doctrinal, en la Tradición y el Magisterio. Si este último asume el principio del “gradualismo”, el relativismo queda asegurado.

El punto 51 dice: "La cuestión homosexual nos interpela a una reflexión seria sobre como elaborar caminos realísticos de crecimiento efectivo y de madurez humana y evangélica integrando la dimensión sexual: por tanto se presenta como un importante desafío educativo”. Pero, vamos a ver: ¿el homosexual no debe seguir el mismo camino que el heterosexual, es decir el camino de conversión de toda persona? Pues la vía cristiana establece que no puede haber sexo fuera del matrimonio. Muchos hombres y mujeres católicos se lo saltan ocasionalmente, pero esto no los excluye para siempre de la Iglesia, porque una cosa es no poder saltar el listón y otra que no lo intentes una y otra vez, caerte y volverte a levantar con la ayuda de la Iglesia. El incumplimiento no implica cambiar la altura del listón, en todo caso mejorar la calidad del entreno y del entrenador. La diferencia radica en que el heterosexual cristiano puede casarse y el homosexual no. Esta es la complicación, el sacrifico adicional, y esto es lo que debería abordarse, de la misma manera que se exigen otros esfuerzos enormes en el seno de la Iglesia. ¿Qué son si no las Bienaventuranzas tomadas en serio? ¿Quién puede afirmar que responde fielmente a ellas? Pero la Iglesia nos advierte sobre todo intento de relativizarlas. No puede haber un camino para la especificidad homosexual, para el cumplimiento de la regla cristiana, distinto al del conjunto de los cristianos. La persona es una y no 7 ó 10, porque ahora –La Iglesia va con "retraso" en este tren- ya no trata de los "derechos" ligados a la "identidad" homosexual, sino que ya están en los bisexuales, transexuales e intersexuales, y es solo una fase porque hay mas grupos en cartera como los transgénero. ¿Todo esto es aceptable? No digo que no, pero en todo caso se ha de razonar, si es que se puede, desde la propia Tradición y Magisterio, y no desde otras "tradiciones" rivales.

El apartado ‘Acoger a las personas homosexuales’, tal y como esta planteado, carece de todo fundamento cristiano, es un reflejo de los planteamientos del homosexualismo político, y contiene en un mismo párrafo (51) contradicciones que no aparecen soslayadas. Una vez mas confusión. Además significa que acepta una realidad que ni tan siquiera tiene suficiente base científica. Asume que la homosexualidad es un estado irreversible, que es la lógica del homosexualismo político y la ideología de género, y dado que sí hay migración de la heterosexualidad a la homosexualidad, se llega así al reconocimiento de que el estado estable del ser humano, el único que no puede cambiar, es el homosexual. Y si es reversible la Iglesia debe planteárselo y no dar lo otro como un hecho consumado.

Si la Iglesia debe tratar a fondo el tema de las parejas homosexuales, debe fijar antes el significado de la condición homosexual en su antropología y teología. Mientras se mueva solo en el campo de las etiquetas, y las consecuencias -la relación sexual entre personas del mismo sexo- el resultado no encajará con su magisterio, será confusión.

La segunda gran objeción es que se trata de un texto desequilibrado, que no responde precisamente por ello a la cuestión fundamental: ¿Qué tiene que decir la Iglesia a la familia cristiana en el mundo de hoy?. Desarrollar este otro aspecto será ya el próximo día. En todo caso, la confusión ya está creada, y a la Iglesia ya le han hecho la agenda. Pidamos ayuda al Espíritu Santo.

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