La Sagrada Familia amenazada por el AVE: lo dicen los expertos

El proyecto de construcción del AVE en Barcelona, a su paso por la calle Mallorca, supone “una agresión muy fuerte” contra la Sagrada Familia y podría…

El proyecto de construcción del AVE en Barcelona, a su paso por la calle Mallorca, supone “una agresión muy fuerte” contra la Sagrada Familia y podría ocasionar “daños irreparables” en la estructura del templo. Lo dicen Jordi Bonet, el arquitecto jefe de las obras del emblemático edificio diseñado por el genial arquitecto modernista Antoni Gaudí, y Joan Rigol, el presidente de la junta constructora de la Sagrada Familia.

 

El trazado del tren de alta velocidad, consensuado por el Gobierno central, la Generalitat de Cataluña y el Ayuntamiento de Barcelona, se estrella, pues, contra las ocho alegaciones presentadas por los expertos al Ministerio de Fomento, que consideran que la Sagrada Familia está amenazada por el AVE.

 

Rigol cree que el paso del túnel junto al monumento de Gaudí es una intervención “agresiva” que “pone en grave riesgo su permanencia”, si se tiene en cuenta la complejidad geológica del terreno y el singular diseño del templo. Cabe resaltar el gran volumen de toda la obra, la carga que supone para el subsuelo (sólo las columnas que sustentarán la fachada de la Gloria pesarán alrededor de 22.000 toneladas) y la altura, que llegará hasta los 170 metros cuando esté acabada la torre más alta. Todo ello hace que el templo sea especialmente sensible a los movimientos de la cimentación.

 

La solidez del subsuelo, un enigma

 

Los estudios sobre el subsuelo, que han dado base a una parte de las alegaciones y que fueron realizados por Oriol Riba, catedrático emérito de la Facultad de Geología de la Universidad de Barcelona, revelan todo un enigma sobre cuál puede ser el comportamiento del terreno ante las obras previstas para el paso del tren de alta velocidad. Riba considera que el vacío creado para construir la galería, que pasaría bajo el nivel de la capa freática, acentuaría la presión ejercida por los campanarios y podrían producirse movimientos de las arenas sobre los que se sustentan, produciendo “consecuencias ruinosas”.

 

Al mismo tiempo, se podrían producir roturas y permitir el paso del agua, que a su vez podría arrastrar la tierra sobre la que se asienta el templo, dice Bonet, el arquitecto jefe. “No se pueden prever los vicios ocultos del terreno ni los imprevistos que podrían dañar la estructura”, advierte.

 

Una pantalla insuficiente

 

Por otra parte, uno de los arquitectos directores del templo y catedrático de la Universidad Politécnica de Cataluña, Josep Gómez Serrano, cree que la gran pantalla de protección de columnas que el Ministerio de Fomento ha previsto construir no garantiza la integridad del monumento. Se trata de un “amortiguador de deformaciones sin estabilidad propia”, dice Gómez sobre la pantalla.

 

Los informes técnicos señalan que las vibraciones de las obras de excavación y el paso de los trenes, en el supuesto de que lleguen a circular por la zona, podrían influir a medio y largo plazo, afectando a las vidrieras, mosaicos y cubiertas, llegando incluso a causar desprendimientos.

 

La junta constructora del templo ha presentado también las alegaciones a la Consejería de Cultura, para que asuma su responsabilidad ante el problema e intervenga para proteger un monumento declarado patrimonio de la humanidad. Un planteamiento que cabría extender al Gobierno central con la siguiente pregunta: ¿Se correría el el mismo riesgo que amenaza a la Sagrada Familia con otro edificio patrimonio de la humanidad que no fuera una iglesia?

Las alegaciones consideran que “en ningún caso puede aprobarse una alternativa que ponga en riesgo la vida de las personas”, pero recuerda también que en el templo trabajan diariamente 235 personas y que los visitantes oscilan entre los 5.000 y 8.000 cada día. "Ante un hecho catastrófico imprevisible, podrían perder la vida o sufrir graves daños", argumenta la junta.

‘No’ a otro Carmel

Hay que recordar, en este punto, los hechos ocurridos en enero de 2005 como consecuencia de las obras de ampliación de la línea 5 del metro barcelonés: el hundimiento y afectación de varios edificios en el barrio del Carmel, que estuvo a punto de reproducirse en el barrio de la Teixonera, también afectado por dichas obras. No se deben correr riesgos innecesarios que puedan conducir a otra catástrofe de esas características e incluso de mayor gravedad.

En aquella ocasión, Pasqual Maragall afirmó que "pagarán justos por pecadores", en una clara alusión, escurriendo el bulto de las responsabilidades, al anterior Gobierno catalán de CiU. Lo cierto es que, transcurrido el tiempo suficiente para que el daño causado entre a formar parte del olvido colectivo, los vecinos afectados y muchos ciudadanos siguen preguntándose quiénes son los responsables de aquella ‘chapuza’ administrativa. El templo de la Sagrada Familia no puede estar expuesto a irresponsabilidades como las que se vivieron entonces. 

 

Hacia el cielo

 

El presidente del patronato, Joan Rigol, dio a conocer recientemente la cifra de visitantes que durante el 2005 pudieron admirar la belleza de la Sagrada Familia: 2.449.810 personas, un 6,4 por ciento más que en 2004. El número de visitas podría ir en aumento al mismo ritmo que las nuevas torres en construcción crezcan apuntanbdo hacia el cielo. En los próximos dos años, las cuatro torres de los Evangelistas que se levantan en el centro del monumento alcanzaran los 120 metros de altura. Son las torres que cobijarán la gran torre central que simboliza a Jesucristo y que llegará hasta los 170 metros.

 

Si las obras continúan a buen ritmo, a finales de 2008 la nave central del templo estará acabada y podrá abrirse al culto. “Ya estará cubierta y cerrada la nave central, y los visitantes no se encontrarán con andamios… Es decir, se podrá abrir al culto”, dice Rigol.

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