La sal del mundo

Existe preocupación por el porvenir de las iglesias y, en concreto, por el futuro de la Iglesia católica. Se tiene la impresión de que la propuesta de fe de los católicos es poco relevante en la sociedad contemporánea. Se percibe que, a pesar de existir instituciones católicas muy prestigiadas y respetadas, como puede ser Cáritas, la sociedad es cada vez más indiferente a las propuestas de los católicos. Incluso, en los últimos tiempos, existe un presión mediática bastante hostil a los católicos y que ha encontrado en ciertos temas: pederastia, vinculaciones eclesiásticas con estructuras de poder, escándalos económicos, actitud beligerante de la jerarquía en la defensa de determinados privilegios o el cierre doctrinal en relación a los aspectos de la moral sexual, políticas de género y acogimiento de familias no tradicionales; motivos más que suficientes para crear actitudes hostiles en el mundo católico que, según como se expresen, evocan el anticlericalismo de otras épocas. La respuesta católica no puede ser sólo defensiva, que también. La comunidad creyente católica debe valorar serenamente qué puede haber de cierto en las críticas y asumir que debe revisar algunos postulados, prácticas y actitudes para situarse de forma comprensible en el mundo. Pero, en ningún caso se trata de caer en la trampa de diluir su mensaje original e injertarse de elementos mundanos para adaptarse a lo que es el mundo hoy. Esto sería un error. No se trata de hacer lo que dice el dicho “donde fueras, haz lo que vieras” que en catalán antes se llamaba “tierra donde vayas, haz lo que hagan”. Estos dichos expresan el elogio máximo de la adaptabilidad y la acomodación. Hacer esto sería traicionar la fidelidad a la propia identidad cristiana y renunciar a proclamar la originalidad de la fe. Más bien lo que hace falta es saber interpretar, en términos de secularización, lo que nos propone Jesús cuando nos dice “Vosotros sois la sal de la tierra. Si la sal pierde su sabor, ¿con qué la volverán salada? Ya no es buena para nada, sino para lanzarla fuera y que la pise la gente “(Mt 5,13). En pocas palabras Jesús nos dice lo que debemos ser y hacer, y los riesgos que corremos si renunciamos a actuar en este sentido. Somos nosotros, la comunidad creyente, quien debe saber actuar en coherencia.

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