Con la sana inconsciencia

El pasado día 13, con motivo del cuarto aniversario del comienzo del pontificado del papa Francisco,  escribí la siguiente carta que no fui capaz de enviar al medio porque me parecía no ser oportuna. Después de dos semanas he cambiado de opinión y me ha parecido que si se puede publicar, por eso la envió.

Con su particular carisma, el papa jesuita, Francisco, en estos cuatro años de pontificado ha puesto a las periferias geográficas y existenciales en el centro del corazón de la Iglesia. Lo ha hecho, remando mar adentro, en cuatro años que han sido un regalo de Dios para la Iglesia, sintiendo con ella y desde ella, sin echar mano de la utópica revolución que algunos quieren vender, pero con la claridad y firmeza de quien ha apostado desde el principio por la necesidad de una profunda conversión personal y comunitaria. Y lo ha ido consiguiendo con sencillez y, en sus propias palabras, con la sana inconsciencia que le caracteriza, dejándose hacer, fiándose del Espíritu Santo y recordándonos que toda renovación consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a la propia vocación.

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