La situación de bloqueo aboca al País Vasco a unas nuevas elecciones

La situación política del País Vasco tras las elecciones del pasado 17 de abril no sólo dibuja un escenario de difícil gobernabilidad, sino que presen…

La situación política del País Vasco tras las elecciones del pasado 17 de abril no sólo dibuja un escenario de difícil gobernabilidad, sino que presenta un bloqueo que probablemente desembocará en la convocatoria de nuevas elecciones incluso antes de que se forme un nuevo ejecutivo, si no se produce un giro en los próximos días. Por un lado, el lehendakari en funciones, Juan José Ibarretxe, candidato a la reelección por la coalición Partido Nacionalista Vasco-Eusko Alkartasuna (PNV-EA), no quiere gobernar con el Partido Socialista (PSE-EE). Por otro lado, el aspirante socialista Patxi López no tiene en sus planes la alianza constitucionalista con el Partido Popular (PP) a pesar de que la suma de ambos grupos es de 33 (18 y 15 respectivamente), un escaño menos de lo que lograría el tripartito de la pasada legislatura (29 nacionalistas y 3 de Izquierda Unida) y la misma cifra que lograrían estas mismas formaciones sumando el diputado en solitario de Aralar, partido que ha condenado a ETA y que surgió como escisión de Batasuna.

 

Tras este primer análisis, surge otra gran incógnita: ¿Qué harán los 9 parlamentarios electos del Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV-EHAK)? Tras la entrevista que tuvieron este miércoles tres de sus representantes con Ibarretxe, todo apunta a que esta fuerza política, que logró representación parlamentaria gracias al apoyo de la ilegalizada Batasuna, no quiere apoyar al candidato nacionalista en el debate de investidura. Parece que, en este momento, su gran prioridad es forzar un diálogo con el PSOE y con el Gobierno español, para que su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, acabe aceptando hablar con ETA. Al margen de los comentarios y declaraciones discrepantes de estos días sobre la posible necesidad de ilegalizar a EHAK, la realidad es que esta formación política tiene la llave, pero en un contexto enrarecido y un escenario poco claro en cuanto a los posibles acuerdos de gobernabilidad.

 

Otro elemento interesante es que, según el reglamento del Parlamento Vasco, una vez constituida la cámara, pueden presentarse a la investidura dos candidatos a lehendakari. Esta posibilidad legal, unida a las declaraciones del socialista Patxi López asegurando que disputará la presidencia a Ibarretxe, hace pensar en un debate donde el actual jefe del ejecutivo en funciones no estará solo como aspirante al cargo. Con 75 escaños, la mayoría absoluta requiere la suma de 38 diputados como mínimo. Entre los escenarios mínimamente viables, cualquier combinación requeriría siempre o bien el apoyo de los nuevos “abertzales” de izquierda (EHAK) o su abstención en una segunda votación en la que el futuro lehendakari tendría suficiente con una mayoría simple. Si esto último se produjese mientras Aralar apoya a Ibarretxe más Izquierda Unida y el PP da sus votos a Patxi López, el empate a 33 confirmaría el bloqueo y haría que el lehendakari en funciones considerase seriamente la convocatoria de nuevos comicios.

 

Ingobernable

 

Entre las improbables alternativas al empate a 33 que podría darse en una segunda votación, está el posible apoyo del Partido Comunista de las Tierras Vascas a Ibarretxe, una posibilidad que ahora mismo no se contempla. Si se diese este escenario, quedaría anulado cualquier posible pacto puntual del PNV-EA con los socialistas y enrarecería mucho el ya difícil panorama político español, cargado en los últimos días de acusaciones mutuas entre PP y PSOE precisamente con la lucha contra el terrorismo como tema central. Por otro lado, una segunda votación de investidura con Ibarretxe y López como aspirantes, pero sin alianza alternativa PP-PSE, puede propiciar la formación de un Gobierno en minoría presidido con Ibarretxe, que sería la reedición del último tripartito con Izquierda Unida y posiblemente también con Aralar, y eso siempre que EHAK se abstenga.

 

Pero este ejecutivo sería excesivamente débil, y el escenario también justificaría la repetición de la cita con las urnas. En este momento, hablar de la política vasca es hablar de inestabilidad, falta de acuerdos y, sobre todo, inminencia de nuevas elecciones que dejarían en casi nada la presente legislatura.

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