La sociedad a que puede dar lugar la crisis (y II)

El segundo gran sector que vivirá bajo la campana de la protección del Estado y gracias a él, será el de los grandes medio…

Forum Libertas

El segundo gran sector que vivirá bajo la campana de la protección del Estado y gracias a él, será el de los grandes medios de comunicación. Estos, con contadas excepciones, subsistirán en la medida que sean amables con los grandes grupos financieros, porque dependerán de ellos en el mejor de los casos para crecer y, puestas a malas, simplemente para mantenerse.

El Estado, es decir el gobierno de turno, propiciará sus negocios a través de medidas administrativas. España es un buen ejemplo de ello. PRISA y MEDIAPRO (La Sexta y Público) existen simplemente por un trato de favor del Estado. Ahora, la reducción de la publicidad en las televisiones públicas surge, no tanto de una idea de mejorar su nivel cultural, como de favorecer el mercado de las televisiones privadas, lo que unido a la posibilidad, hasta ahora vetada, de fusionarse entre ellas acentúa el camino hacia esta construcción monopolista. No se trata de aumentar la libertad, sino de reducirla.
Los medios de comunicación son necesarios para el poder financiero y político porque en el nuevo modelo de sociedad de la postcrisis tienen la responsabilidad central de modelar las mentes de los ciudadanos, de enseñarles lo que han de ver y cómo interpretarlo, y ocultarles aquello que no deben juzgar.
El tercer gran sector está relacionado con la biotecnología y la medicina. El grupo determinante está formado por las empresas con capacidad para trabajar sobre los genes humanos. En su nivel más elemental, esto significa la práctica de la eugenesia, es decir la selección de embriones que no sean portadores de determinados genes potencialmente malignos. Ahora mismo, el Ministerio de Sanidad de España ha autorizado la selección de embriones para evitar el cáncer. Esta práctica irá a más. En realidad la eugenesia nunca ha desaparecido de entre nosotros. Ha quedado más o menos ocultada bajo otros planteamientos, pero la idea de conseguir una especie humana perfecta a base de seleccionar quién puede configurarse y nacer -que tuvo un gran desarrollo en los años 30 en la sociedad nazi, pero también en los países democráticos como EEUU y Suecia- tiene en las modernas técnicas un método menos aparatoso para conseguir el mismo fin.

En su plano tecnológicamente más sofisticado se encuentran las empresas con capacidad para patentar genes humanos, una práctica que ya existe en EEUU. También tiene que ver con el control alimentario mediante la generalización de los cultivos transgénicos, a los que se sumará a medio plazo, posiblemente la próxima década, la clonación humana. La prohibición radical de ahora, sobre este tipo de práctica durará lo mismo que ha durado la prohibición de experimentar con embriones, es decir, el tiempo necesario para que la tecnología esté a punto y nos vayamos acostumbrando a ella, comenzando por lo que ahora ya se produce, la clonación animal.

La clonación humana partirá del despliegue mediático, la campaña de la emotividad buenista. Volverán a surgir los argumentos “nadie está obligado a hacerlo” “¿qué mal hacen?” “si unos padres han perdido a su hijo de dos años, ¿quién les puede impedir que quieran recuperarlo con la clonación?” También la promesa de una inmortalidad falseada; es decir, el clonarse a uno mismo. Los padres no recuperarán al hijo muerto, sino en todo caso a otro ser humano que tendrá su imagen, y uno no se eternizará porque se clone, sencillamente acabará existiendo otro ser distinto que, eso sí, será nuestro hermano gemelo. También, y esto ya es vigente, la selección de hijos a la carta, niño o niña, color de ojos y pelo, búsqueda de una mayor inteligencia, expulsión de genes potencialmente peligrosos. En fin, algo que ya se está haciendo.
El crecimiento de la infertilidad por la edad cada vez más avanzada de las mujeres cuando deciden ser madres, y la creciente infertilidad masculina debido a la contaminación, son otro sector en un desarrollo creciente, que además aporta los embriones humanos necesarios para utilizarse como material de laboratorio. Precisamente la experimentación con dichos embriones hoy en día no tiene tanto un sentido de aplicación directa en la medicina regenerativa, porque las otras vías con células madre adultas se han mostrado más eficaces, como el profundizar en los mecanismos que van a permitir la clonación.
Finalmente, en una última secuencia en el tiempo, se desarrollarán nuevos seres fruto de clonaciones entre humanos y animales, tanto con fines productivos como reservorios de órganos para transplantes. Estas quimeras se justificarán por el bienestar que produce al ser humano, igual que ahora se justifican prácticas de laboratorio extremadamente cruentas con primates, perros, gatos, cerdos y otros mamíferos. Estos seres vivos serán los nuevos esclavos del siglo XXI, sin que ello signifique haber abolido la esclavitud tradicional de la prostitución, que continuará creciendo en sus fórmulas más directas y primitivas, y especialmente de la mano de nuevas tecnologías.
La combinación de baja natalidad y endeudamiento del Estado y una vida humana cada vez más prolongada, introducirá la eutanasia como gran solución. Una vez más, el emotivismo buenista a caballo de los medios de comunicación formateará las mentes, se planteará la eutanasia como una solución para las limitaciones de la vejez y como una ventaja para el resto de la sociedad. ¿Para qué sacrificar la renta de la gente menor de 75 u 80 años si con una muerte dulce “elegida” de los más ancianos, los enfermos, los discapacitados, todo tendrá arreglo?
Todo eso exige el desmantelamiento de los valores que han fundamentado nuestra civilización a lo largo de los siglos. La vida del ser humano debe tener un sentido utilitario, no absoluto, en realidad no deben existir categorías absolutas. Esta tarea de demolición cultural es la que viene haciendo la ideología de género y el homosexualismo político.
Naturalmente, la sociedad será cada vez más dual. Por una parte, unas élites conectadas con el poder y su entorno, que con el tiempo ganarán en perfección endogámica a través precisamente de la selección genética. Los padres con mayores ingresos se podrán permitir unos hijos más trabajados en la selección embrionaria, y más dotados para todo. Este grupo controlará el poder concentrando todos sus recursos: lo que permite el gobierno, es decir, leyes, normas, ventajas o castigos, acción de los jueces y de la policía, a través de los medios de comunicación que prepararán el terreno previo y serán los responsables del ensalzamiento o del linchamiento según el caso; y el poder económico capaz de comprar y venderlo todo, incluidas las conciencias.

La democracia tendrá un papel estrictamente ceremonial. Recordará a las ceremonias romanas de adoración al César. No se trataba de que creyeran que era un dios, simplemente bastaba con que representaran externamente esta creencia. Las elecciones serán un simple rito de paso que se repetirá periódicamente pero que no cambiará nada. Nuevos mecanismos de alineación a bajo coste se desarrollarán de la mano de las nuevas tecnologías y permitirán a la mayoría desfavorecida vivir a ratos un sueño de felicidad. Las aplicaciones de la realidad virtual y el dominio y oferta, cada vez más amplia, de fármacos, facilitarán estas aplicaciones. La eutanasia generalizada está pensada para la ‘plebe’, la gran mayoría que depende de los seguros sociales en la enfermedad y la dependencia. Las élites la evitarán, primero porque tendrán acceso a lo mejor de la medicina reparadora, y segundo porque eludirán la presión sobre su ‘inutilidad’.

Todas estas cuestiones se hallan ya presentes en nuestra sociedad, son tendencias visibles, incluso en algunos casos muy acentuadas. Lo único que hará la crisis será facilitar su eclosión.
Naturalmente, esto no tiene por qué ser así. Es muy probable que lo sea pero no es una consecuencia necesaria. La posibilidad de evitarlo radica en la misma vieja historia de siempre: la capacidad de las personas de desarrollar una conciencia cívica, de renacer en las virtudes y trabajar conjuntamente para establecer otro modelo de sociedad. En esta tarea, y al menos en Occidente, sólo los paradigmas que surgen de la galaxia cristiana tienen capacidad para presentar una alternativa global y concreta. La cuestión es si precisamente el sujeto cristiano en este Occidente posee las virtudes cívicas necesarias para que este potencial alternativo, que en realidad ha heredado, pueda llegar a hacerlo efectivo.
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