La táctica del gobierno con la Iglesia

La proximidad del tiempo electoral ha venido a señalar un cambio de táctica del gobierno Zapatero con la Iglesia. Se trata de buscar un estatus de no …

Forum Libertas

La proximidad del tiempo electoral ha venido a señalar un cambio de táctica del gobierno Zapatero con la Iglesia.

Se trata de buscar un estatus de no beligerancia, al menos hasta pasadas las futuras elecciones generales, pero no al precio de modificar el diseño de sociedad en que sigue enrocado su proyecto político, sino propiciando acuerdos en áreas que son importantes para la Iglesia, para sus responsables institucionales, pero que no están directamente concernidas por el proyecto de transformación social que impulsa Rodríguez Zapatero.

El fondo del planteamiento es el siguiente: “Nosotros continuamos legislando cómo ha de ser la sociedad bajo la ideología de la perspectiva de género –la última ley aprobada sobre identidad sexual es una tremenda demostración- y ustedes, señores obispos, no hacen de ello un casus belli. Por nuestra parte, nosotros ya les hemos resuelto el tema crucial de los garbanzos, esto es, la financiación; y el Tribunal Constitucional les ha arreglado la patata caliente que tenían con la contratación de los profesores de religión. En otras palabras, nosotros nos dedicamos a la sociedad y ustedes se dedican a lo suyo, a las cuestiones intraeclesiales, y aquí paz y después gloria”.

Esquematizado hasta la caricatura pero sin traicionar el fondo, esta es la nueva orientación táctica del PSOE, que intenta mantener calmados a los obispos, a la vez que le proporciona al gobierno un discurso de apertura y diálogo ante el Vaticano.

Aceptar esta lógica sería un error descomunal, perverso.

Las leyes que ha venido elaborando el gobierno (matrimonio homosexual, divorcio exprés, fecundación asistida, clonación, identidad sexual, la “doble-madre” aplicada por ley a las parejas lésbicas, la ley contra la violencia de género) han elevado a este país a la categoría de anomalía europea y occidental.

Todo esto sin olvidar las medidas de ayuda y fomento a todas aquellas organizaciones que pululan por el entorno de estas leyes, que las apoyan y difunden, desde la educación en la homosexualidad en la escuela, o las subvenciones y convenios para abortar en clínicas privadas (aunque este sea un tema propio de las autonomías).

La realidad pura y dura, y hay que decirlo con franqueza, es que el primer objetivo necesario, aunque no suficiente, para empezar a modificar este estado de cosas es que Zapatero deje de gobernar. Cualquier otra consideración es una mera ilusión que puede incluso incurrir en el autoengaño.

No se trata de movilizarse contra el PSOE, a menos en lo que puede significar como idea general, sino contra aquellos que gobiernan en su nombre y que lo han convertido simplemente en un partido radical.

El mentor ideológico de Zapatero no es Pablo Iglesias sino la señora Bonino de los radicales italianos. De ahí la necesidad de penetrar con argumentos concretos en el electorado católico del PSOE, para hacerle ver que no puede continuar apoyando algo que está resultando tan destructivo.

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