Sobre la tarea de las universidades y escuelas de inspiración católica

Las escuelas y universidades de inspiración católica se ponen “al servicio del crecimiento en humanidad, en el diálogo y en la esperanza”. En definitiva, se trata de enseñar a pensar desde una visión completa de la persona, abierta como está a la transcendencia. Enseñar a dialogar con todos, también con los que no tienen una visión cristiana de la persona, pero están dispuestos a escuchar las razones del otro. Buscar conjuntamente la verdad que contribuya a mejorar la vida de las personas, dotarla de sentido y hacerla más plena.

La tarea educativa de universidades y escuelas o colegios de inspiración católica se sitúa, en suma, en el ámbito antropológico del diálogo entre la fe y la razón. Esto se traduce en un diálogo entre la religión y la filosofía (sobre todo la antropología y la ética), como también un diálogo entre la fe y las ciencias, sean ciencias naturales o ciencias humanas. Este diálogo se desarrolla por medio de la convivencia entre los profesores y entre los alumnos, y por medio de proyectos interdisciplinares capaces de impulsar una humanidad renovada.

La educación cristiana no impone nada ni adoctrina. Promueve el pensamiento y el diálogo constructivo, el trabajo con espíritu de servicio y la esperanza como aliento de una vida mejor para todos.

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