La transición española como problema: el fracaso de ZP

La conmemoración de los dos años de gobierno de Rodríguez Zapatero ha sido más bien discreta, lo que no deja de ser un dato que llama la atención cuan…

La conmemoración de los dos años de gobierno de Rodríguez Zapatero ha sido más bien discreta, lo que no deja de ser un dato que llama la atención cuando la política tiende a ser más escenario que contenido.

De todos los balances que han surgido encontramos a faltar un punto crucial que parte de la evidencia siguiente: Zapatero es un gobernante que no ha vivido la post guerra. Pertenece a la primera generación limpia “en teoría” de vivencias directas de lo que fue aquella trágica guerra y sus secuelas. Además, cuenta entre sus ascendentes con un abuelo fusilado por el bando ganador.

Con estos antecedentes lo realmente preocupante es el grado de división y de conflicto que ha conseguido introducir en la sociedad española acompañado, además, de un ejercicio hipócrita u honesto -y cuesta creer lo segundo- de vocabulario políticamente correcto sobre el respeto, el diálogo y las políticas de inclusión.

En realidad, Zapatero gobierna frontalmente contra el electorado del Partido Popular y también contra los católicos, en definitiva, un contingente muy importante de la población española. En este contexto, su política tiende a decirnos que la transición fue un fracaso y que es necesario recuperar la memoria de los perdedores porque ellos son los buenos de la historia y, como mínimo, a menospreciar a los del otro bando.

Terrible fracaso, cuando la tercera generación se muestra incapaz de entender que, por una u otra razón, la transición fue un ejercicio basado en la voluntad de reconciliarse, de reconocer lo sangriento del enfrentamiento pasado y, por consiguiente, de no hurgar más en las heridas. Y este gesto histórico impulsado por la compasión, la prudencia, el egoísmo y el miedo, que de todo hubo, fue el gran mérito de quienes hicieron la guerra y de sus hijos que eran adultos en pleno cenit franquista.

La paz del cementerio, en este caso, era una forma de construir la paz de los vivos. Quienes hicieron esta tarea fueron personas que se enfrentaron en la Guerra Civil, como Carrillo, y los hijos de aquellos que eran hombres hechos y derechos en la post guerra franquista, como Felipe González. Que fueran precisamente éstos quienes construyeran la reconciliación constituye el capital más importante de la historia de España del siglo XX, marcada por los bandos cainitas.

Que ahora ZP encabece una revisión generacional que destruya todo aquello, que vuelva al cainismo porque carece de vivencias directas sobre lo que todo aquello significó, que lo haga siendo presidente de Gobierno, constituye un fracaso para su generación política y una terrible manifestación de trivialidad irresponsable.

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