La Unión Europea se rompe

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Forum Libertas

El nuevo conflicto que ha surgido entre Italia y Francia, apoyada por Alemania, con motivo de los inmigrantes procedentes de Túnez, y en menor medida de Libia, es un exponente más de la grave fractura interna que amenaza a la Unión Europea. La crisis en los países del Magreb, y en concreto el cambio de régimen en Túnez, así como la guerra civil en Libia, han facilitado la afluencia de inmigrantes hacia territorio italiano a través de la isla de Lampedusa, muy próxima a aquel continente. Se calcula que hasta unas 25.000 personas han conseguido atravesar la franja marítima.

Sería lógico presuponer que un fenómeno de estas características sólo puede ser abordado en el ámbito de la Unión y desde ella. Porque su naturaleza es de signo internacional. Pedirle a Italia que a la vez participe en la operación de la OTAN y asuma ella sola este flujo migratorio es una contradicción insuperable. Pero he aquí que en Europa han desaparecido los líderes europeos, Sarkozy ha sustituido sus planteamientos iniciales que parecían guiados por una cierta grandeza, por una política de perfil de vuelo bajo, gallináceo, lastrado por su populismo y su mala posición en las preferencias del electorado.

Por otra parte, en Alemania la señora Merkel está muy lejos, a años luz, de los grandes liderazgos europeistas que este país ha proporcionado a la Unión desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Alemania se está comportando bajo criterios de estrictos intereses estatales de una manera cada vez más acentuada. Y éste es el riesgo más grave que ha de afrontar la unidad europea. A ello se le añaden otro tipo de problemas de naturaleza económica y política. El desequilibrio financiero norte y sur, las durísimas medidas de reequilibrio que impone Alemania a los países que han entrado en quiebra como Grecia, Irlanda y Portugal, sin que estas medidas presenten un horizonte claro de solución para la salida de la crisis de dichos países es otro factor que pesa de una manera extraordinaria.

El futuro del euro, para muchos, continua siendo un interrogante, aunque cada vez más es una moneda alemana. Pero esta “nacionalización germánica” del euro sólo puede tener como contrapartida un gobierno que desde Alemania se mueva por intereses europeos. No es pedir peras al olmo, es lo que han venido haciendo tanto desde la democracia cristiana, el partido que más tiempo ha gobernado, con la figura de Khol, en los últimos tiempos; como también de la socialdemocracia, especialmente en los tiempos de Smith y Willi Brandt.

A este hecho se le debe unir la emergencia de partidos extrema derecha, como sucede en Francia, como acaba de acaecer en Finlandia, que tienen en la bandera del antieuropeísmo una salida que consigue clientela. Y esto también abre un nuevo interrogante, ¿por qué existe cada vez más oposición al planteamiento de una Europa unida? Una Europa unida que ha sido sin lugar a dudas, lo es en parte todavía, el éxito histórico no ya de Europa sino del conjunto de la humanidad más importante, posiblemente de todos los tiempos, porque consiguió pasar de un continente enfrentado en sangrientas guerras civiles entre sus estados miembros, a una unión que ha culminado el estado del bienestar que es uno de los mayores logros de una sociedad humana.

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