La universidad y la intolerancia religiosa

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¿Qué pasa en la Universidad? Si alguien que desconociera la actual situación de España tuviera noticia de los desagradables sucesos ocurridos en diferentes universidades quedaría sumamente perplejo. ¿Cómo es posible, podría preguntar, que se ocupe, se impida la entrada e incluso se profane los lugares, es decir, las capillas donde se reúnen pacíficamente algunos universitarios para aquellos actos de culto propios de su fe religiosa? Son locales legalmente establecidos y que la misma universidad se ha comprometido formalmente a respetar para el fin al cual han sido destinados. Estos desmanes cobran una mayor gravedad por el hecho de que hayan tenido lugar en los recintos universitarios. Si la libertad religiosa es una de las libertades fundamentales y garantía de un Estado de derecho, la institución universitaria, por sus orígenes vinculados a la Iglesia y por su inexcusable misión educadora, tendría que ser celosa de la práctica escrupulosa de esta libertad.

En la universidad se aprende, o por lo menos se debería enseñar, la importancia de las ideas para la vida del hombre. Lo que se hace no está nunca totalmente desvinculado de lo que se piensa. Ésta es una de la razones de ser de las enseñanzas universitarias. El conocimiento no es mera curiosidad o erudición diletante; o bien corresponde al ansia de saber presente, según dice Aristóteles, en la Metafísica, en todo hombre, o bien encuentra su objetivo en la dirección de la acción ya sea moral, artística o técnica, por ello una acción no presidida por la reflexión no es propiamente acción humana. Teniendo en cuenta estas afirmaciones podemos ahora intentar comprender mejor lo que ha pasado en la universidad.

Es un presupuesto casi universal de la enseñanzas universitarias actuales en nuestro país, el que la fe no aporta nada a la razón, es más se le otorga la garantía de no extraviar el conocimiento por los caminos de la superstición. En último lugar, la misma razón tendrá como unos sus propios objetivos mostrar la irracionalidad de la fe. Este tipo de planteamiento, a pesar de su origen en el racionalismo dieciochesco, continúa presente en el ateismo militante actual. Puesta esta premisa se sigue una consecuencia necesaria: hay que eliminar de la universidad -lugar de la razón- la presencia de todo aquello relacionado con la fe cristiana. Se han hecho incompatibles religión cristiana y universidad. La lógica interna de este tipo de razonamiento ya lo hacía notar el genial Ramón Llull: la negación de Dios comporta el odio a la misma idea de Dios: “Si Dios no es, se sigue que sea amable su privación y que sea odiable su ser…” (Ramón Llull, Arbre de Sciencia VI, I). Estamos viviendo las consecuencias de unas enseñanzas que intencionada o frívolamente llevan consigo determinadas conductas.

Tememos que estos hechos sean, por una parte, reflejo de algunos de los males más profundos que aquejan a la universidad española y, por otra parte, también hay que reconocer que la universidad es el lugar donde se manifiesta algo que ya está presente en su entorno social. El laicismo agresivo, del que actualmente tenemos manifestaciones varias, es anuncio y signo de actitudes que están poniendo en peligro la paz y la sana convivencia entre los españoles. En España no se puede atacar a la Iglesia católica sin graves consecuencias para todos, de ello desgraciadamente tenemos triste experiencia histórica.

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