La urgencia de la prevención: La gripe aviar ya ha matado a 70 personas en el mundo

Ya son 70 las personas que han muerto en todo el mundo como consecuencia de la gripe aviar. Aunque todos los casos se han producido en Asia y el extre…

Ya son 70 las personas que han muerto en todo el mundo como consecuencia de la gripe aviar. Aunque todos los casos se han producido en Asia y el extremo Oriente, la cifra es lo suficientemente considerable como para preocupar a los responsables políticos y profesionales sanitarios. La última víctima conocida, tras la confirmación de los análisis realizados posteriormente, es un niño de 5 años que perdió la vida el pasado miércoles en la provincia tailandesa de Nakhon Nayok. Fuentes oficiales del país asiático confirmaron que el niño llevaba 9 días enfermo antes de ser hospitalizado y que los padres no habían dicho a los médicos que criaban gallinas en casa.

 

En este contexto, las luces de alarma están encendidas en todo el planeta, empezando por Europa, donde las noticias que van surgiendo no auguran precisamente tranquilidad a medio plazo. Se confirma, de alguna manera, la idea de que la mejor prevención contra una posible pandemia de gripe aviar es la vacunación global de la población contra la gripe común, una medida protectora que permitiría luchar contra la peor de las expectativas: que una persona afectada por un proceso gripal convencional se infecte con el virus aviar y que la recombinación de ambos permita una mutación que degenere en la tan temida epidemia letal. En el organismo de una persona, el nuevo virus que surge de la convivencia entre el de la gripe aviar y el de la común se propaga con la rapidez de este último y mata con la virulencia del primero. Si esto se produce, pueden morir por la enfermedad entre 3 y 300 millones de seres humanos, según los cálculos (más o menos pesimistas) que empiezan a circular por revistas y círculos especializados en temas médicos o sanitarios.

 

La importancia de esta primera medida, tan urgente como incierta, tiene que ver con una realidad: Todavía no hay vacuna que proteja a los humanos contra el virus H5N1, el de la gripe aviar, como tampoco contra sus mutaciones, de momento desconocidas. Los laboratorios sólo podrán desarrollar esa vacuna, para que sea efectiva, precisamente cuando el virus haya mutado. Además, necesitan al menos 6 meses para tenerla a punto. Los antivirales que existen actualmente, en España Relenza (inhalado) y Tamiflu (en cápsulas), sólo atacan el virus en las 48 horas siguientes a la infección, cuando no han aparecido los síntomas.

 

De momento, es importante tener claros los síntomas que apuntan los expertos. En aves, las principales señales de peligro son crestas oscuras, cabezas hinchadas, conjuntivitis y hemorragias. En personas, se observa un cuadro de gripe común con fiebre superior a los 38 grados, así como problemas respiratorios, neumonía viral, dolor general y, en algunos casos, molestias digestivas con diarrea, vómitos y hemorragias. El tiempo medio entre el contagio y el inicio de los síntomas es de 3 días, mientras que la muerte, que no se produce en todos los casos, llega entre 5 y 13 días después.

 

¿Medidas drásticas?

 

La actuación frente al contagio, en España o en cualquier país del mundo, tampoco es fácil. De entrada, en cuanto surja el primer caso de persona con el virus mutado, se pone en marcha un Plan Nacional de Preparación y Respuesta ante la Pandemia. A partir de ahí, se extraerán muestras a los primeros enfermos, serán desalojados de los hospitales los pacientes con enfermedades leves y se adoptarán, según la gravedad de la pandemia, drásticas medidas preventivas (petición de evitar aglomeraciones, salir a la calle con mascarilla y cierre de colegios y universidades, entre otras).

 

Mientras tanto, diferentes voces ofrecen su visión de lo que puede suceder. Es el caso de los médicos epidemiólogos Adolfo García-Sastre y Juan Llama, que recuerdan, en un artículo publicado en el diario LA VANGUARDIA, que “el uso indiscriminado de antivirales por el público con anterioridad a la aparición de una pandemia podría favorecer la aparición de cepas resistentes y, en última instancia, eliminar los beneficios de esos mismos antivirales”.

 

La gripe aviar es una enfermedad sobre la que se tienen referencias en el pasado reciente. De hecho, tal como explicaba recientemente un testimonio que sobrevivió a la gran ‘gripe española’ de 1918, el origen de aquella pandemia fue también aviar y el número de víctimas en todo el mundo alcanzo la cifra de 50 millones de personas, aunque evidentemente no existían entonces los avances científicos y sanitarios que hay hoy en día. La mal llamada ‘gripe española’ infectó en España a 8 millones de personas, de las que 300.000 fallecieron a causa del virus, que llegó a Europa con las tropas estadounidenses que intervinieron en la I Gran Guerra. El equívoco en cuanto al nombre de la enfermedad se produjo por el hecho de que en España, fuera de la contienda mundial, se ofrecía información sobre la epidemia, mientras que en los países en conflicto, para no aumentar el desánimo, se silenciaba. Por tanto, las únicas informaciones que se tenían sobre la gripe eran las de las fuentes españolas. Cabe señalar que el virus de 1918 también sufrió varias mutaciones similares a las encontradas en la cepa de la gripe aviar H5N1, lo que ha llevado ahora a muchos científicos a considerar inevitable una nueva epidemia.

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