La verdad del amor humano

Las familias cristianas están llamadas a ser signo de esperanza y fraternidad en medio de una sociedad quebrada, que en buena parte ha dejado d…

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Las familias cristianas están llamadas a ser signo de esperanza y fraternidad en medio de una sociedad quebrada, que en buena parte ha dejado de creer en el amor humano y que se equivoca cuando intenta atajar las consecuencias sin analizar las causas de lo que está sucediendo. Un buen ejemplo es el drama de la violencia contra la mujer.

En los últimos días hemos conocido otro caso terrible, en Tarrasa, donde un hombre se ha entregado a la policía después de asesinar a su esposa. Las campañas de concienciación son imprescindibles, pero resultan insuficientes por sí solas y hasta esperpénticas cuando quienes las presentan han sido adalides de leyes injustas contra la familia. Poco se puede hacer sin ir a la raíz del problema. Hay que informar, denunciar, concienciar, es cierto. Pero hay, sobre todo, que educar en la verdad del amor humano, en la entrega y donación sin límites, en una antropología distinta a la que considera que el hombre es la medida de todas las cosas. Si queremos construir, hay que dejar de destruir, “deconstruir” lo llaman en la ideología de género, la familia, porque ese es el espacio por antonomasia para el crecimiento personal, donde la vida encuentra acogida, desde su concepción hasta su declive natural, y donde cada uno somos valorados, no por lo que tenemos, sino por lo que somos.
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