Laicidad y símbolos religiosos: el crucifijo (IV)

Italia es un país de larga tradición católica, cuyo Consejo de Estado, a través del Dictamen 63 (emitido el 27 de abril de 1988) había sostenido que e…

Italia es un país de larga tradición católica, cuyo Consejo de Estado, a través del Dictamen 63 (emitido el 27 de abril de 1988) había sostenido que el crucifijo expresaba la civilización y cultura cristianas en su raíz histórica, a modo de un valor universal independiente de una específica iglesia o confesión:

«la Cruz , aparte del significado que tiene para los creyentes, representa el símbolo de la civilización y de la cultura cristiana, en su raíz histórica, como valor universal, independiente de una confesión religiosa concreta. […] un símbolo que, como el del Crucifijo, […] forma parte del patrimonio histórico. Asimismo, tampoco parece que la presencia de la imagen del Crucifijo en las aulas escolares pueda constituir motivo de constricción de la libertad individual de manifestar las convicciones personales en materia religiosa.»

Pero posteriormente, la Corte de Casación hubo de resolver un primer caso peculiar. Se trataba de un ciudadano, Marcello Montagnana, que el día de las elecciones del mes de marzo de 1994 rechazó formar parte de la Mesa electoral de un colegio, puesto que en la pared de enfrente colgaba una cruz.

Condenado en primera instancia por no cumplir su función, recurrió ante la Corte. Para ésta, una interpretación «realista, que sitúe el “motivo justificado” en el contexto de acción y comunicación que determina la carta constitucional, desempeña una función de adecuación de la eliminación de la relevancia preeminente y exclusiva que antaño se asignaba a los símbolos de la religión católica, por cuanto era instrumentalmente concebida como religión del Estado.» (Sentencia de 1 de marzo de 2000, n. 439).

Y concluye argumentando que:

«Constituye, pues, motivo justificado de rechazo del cargo de presidente, escrutador o secretario –en los casos en los que el agente no haya solicitado su designación para dicho cargo– la manifestación de la libertad de conciencia cuyo ejercicio determine un conflicto entre la adhesión personal al principio supremo de laicidad del Estado y el cumplimiento del encargo a causa de la organización electoral en relación a la presencia en la dotación obligatoria de mobiliario de los locales destinados a sedes electorales, aunque no se trate de uno de designación concreta, del crucifijo o de otras imágenes religiosas.»

En consecuencia, si se produce un conflicto entre la libertad de conciencia y una norma o costumbre que determina la presencia del crucifijo, se debe efectuar un balance de intereses. En tal caso, para la Corte de Casación lo que prevalece es la libertad de conciencia; por consiguiente, se justificó que el recurrente no participara como miembro de la Mesa electoral, ya que la imagen de la cruz era un motivo suficiente para contrariar su libertad de conciencia.

Una de cal y otra arena. Por ello, y dado que las disceptaciones no han finalizado, ¿cuál de las dos líneas jurisprudenciales se han acabado imponiendo? ¿La del Consejo de Estado o la de la Corte de Casación? En el próximo artículo abordaremos la respuesta definitiva de la justicia italiana.

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