Las audiencias del Papa Francisco a Obama, Hollande y la reina de Inglaterra

Me hubiera gustado conocer a fondo lo conversado y el tono en que se hizo de las recientes audiencias que el Papa Francisco concedió a Barack O…

Me hubiera gustado conocer a fondo lo conversado y el tono en que se hizo de las recientes audiencias que el Papa Francisco concedió a Barack Obama y a François Hollande. También de la reina Elisabeth II de Inglaterra, aunque se me antoja que fue más protocolaria, a pesar del importante papel, al menos teórico, que tiene la reina como cabeza de la Iglesia de Inglaterra.

En el caso de Hollande y Obama, junto al aspecto positivo de la visita al Papa, era evidente el interés de ambos por hacerse la foto con el Pontífice. Éste es hoy el más reconocido líder mundial, la persona sin duda más influyente del planeta, aunque no tenga misiles con cabezas nucleares ni portaviones, actualizando el armamento de aquella sentencia de Stalin que preguntó “¿Cuántas divisiones tiene el Papa?” cuando los líderes norteamericano y británico le dijeron que ante determinada medida debía verse qué opinaba el Papa.

Vimos risas y sonrisas en las fotos o grabaciones de la entrevista del Papa con Obama, en especial del mandatario norteamericano. Éste, además, habló maravillas del Papa Francisco. Es bueno que hayan podido coincidir en aspectos como el de la lucha contra la desigualdad social o el reconocimiento de los inmigrantes sin papeles que viven en Estados Unidos. Pero estoy convencido que el Papa le apuntó otros aspectos en que la política de Obama dista mucho de ser aceptable para quienes tengan una conciencia cristiana. Ahí está su promoción del aborto, las medidas contempladas en el Obamacare sobre subvención a la píldora anticonceptiva o la obligación de que instituciones católicas tengan que pagar posibles abortos a sus empleados, la objeción de conciencia, la presión hecha por Estados Unidos a terceros países para promoción y exigencia de reconocimiento de la homosexualidad, y otras.

Obama es un gran orador, pero lo veo como un Zapatero-bis. Un frívolo. Un cargo político que en aspectos fundamentales de la persona funciona en base a la ideología de género o sometido a las presiones de terminados lobbies impregnados de aquella ideología o promotores de supuestos derechos que no son otra cosa que el resultado del deseo de algunos, pero que no identifican la persona tal como es en su plenitud.

De Hollande ya sabemos que ha sufrido un descalabro en las urnas y su popularidad en Francia está por los suelos, pero lo importante para este aspecto no es la popularidad o las encuestas, sino la praxis política. También él promueve iniciativas muy alejadas de lo que es la verdadera familia. Seguro que el Papa no dejó de hacer alusión e ello.

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