Las campanas molestan, pero las discotecas ruidosas no

“Parece lógico que, con los nuevos tiempos, algunas de sus funciones no sean imprescindibles y deban ser sustituidas por otros procedimientos”, argume…

“Parece lógico que, con los nuevos tiempos, algunas de sus funciones no sean imprescindibles y deban ser sustituidas por otros procedimientos”, argumenta el Defensor del Pueblo de Cataluña (Síndic de Greuges), Rafael Ribó, destacado activista de Iniciativa per Catalunya, para justificar su decisión de intentar silenciar los campanarios de las iglesias catalanas.

 

Ribó pretende que sean los ayuntamientos los que se encarguen de regular el uso que las iglesias hacen de sus campanarios, ya que son las ordenanzas municipales las que deben tener como objetivo final hacer compatible la existencia de “las prácticas arraigadas” entre los ciudadanos y el “legítimo derecho al descanso de las personas”, según palabras del Síndic de Greuges.

 

Sin embargo, resulta paradójico que el más alto representante de la defensa de los ciudadanos de Cataluña ignore con su decisión a la comunidad cristiana, la más numerosa de largo en todo el territorio catalán y en el resto de España. Pone el acento en las supuestas molestias que causan los repiqueteos de las campanas a los ciudadanos, pero no exige a los ayuntamientos que defiendan con la ley en la mano el descanso y la normal convivencia de miles y miles de personas, que son agredidos casi a diario por la contaminación acústica de locales de ocio nocturnos o por el incivismo de los gamberros callejeros de turno.

 

Las quejas van por otro lado

 

Argumenta también Rafael Ribó que su decisión está fundamentada en las peticiones recibidas en su departamento, principalmente por parte de vecinos en zonas densamente urbanas. Pero, si de atender quejas se trata, mas bien debería, el Defensor del Pueblo catalán, atender las de millares de ciudadanos que, día tras día, sobre todo los fines de semana o fiestas populares, tienen que ‘lidiar’ con los estridentes ruidos que producen bares musicales, discotecas, incivismo y otras molestias derivadas del ocio nocturno. Exigir a los ayuntamientos que hagan cumplir la actual normativa, (mejorable, sin duda) sobre contaminación acústica, tiene más sentido que plantear como un problema general el ruido que hacen las campanas.

 

Esa es también la opinión de Asociación Contra la Contaminación Acústica (ACCA), que reclama al Ayuntamiento de Barcelona que cumpla con sus obligaciones en esta competencia. ‘El ruido impuesto es no tener ningún poder sobre tu vida’, dice el lema o principio de la ACCA, que lleva más de ocho años luchando por los derechos de los ciudadanos de Barcelona.

La ‘marcha’ nocturna, principal causa de insomnio

 

ACCA cree que el sinfín de ruidos que se generan en la capital catalana se podrían evitar con una actitud y actuación más beligerante por parte del Ayuntamiento. La ‘marcha’ nocturna es una de las principales causas del insomnio en la ciudad y las actuaciones de la Guardia Urbana son a todas luces insuficientes para acabar con el problema. Además, el vacío legal existente en cuanto a tomar medidas coercitivas contundentes favorece a los dueños de este tipo de locales.

 

La asociación pone de manifiesto que entre los diagnósticos médicos a pacientes víctimas de la contaminación acústica aparecen insomnios, combatidos con pastillas para dormir, crisis de ansiedad, depresiones y cansancio. Cabe preguntarse si estos síntomas se hacen presentes también en las personas que oyen repicar campanas.

 

También ofrecen datos sobre las causas de las quejas vecinales: el 60 por ciento de quejas por ruido incumben al incivismo vecinal, el 15 por ciento tienen que ver con locales de ocio nocturno y otro 5 por ciento se relaciona con problemas de tráfico. No hacen, evidentemente, alusión a ningún porcentaje de quejas por el sonido de las campanas.

 

Un sonido entrañable

 

Un sonido que no parece afectar de forma seria a una cantidad de personas significativa. Más bien al contrario, la noticia sobre la decisión de Ribó, que saltó a la prensa el pasado 18 de abril, ha sorprendido a una gran mayoría de ciudadanos que consideran como entrañable el tañido de las campanas.

 

Habría que preguntarse el porqué de una decisión que afecta negativamente a la práctica totalidad de la ciudadanía catalana. En cada ciudad o pueblo, por pequeño que éste sea, hay una catedral, iglesia o ermita con, como mínimo, una campana que de tanto en tanto deja oír su sonido.

 

El sonido de las campanas ha existido a lo largo de los siglos y jamás ha provocado quejas vecinales, salvo excepciones, como para hacerlas callar legalmente. Ribó, que ya se ha caracterizado por alguna que otra decisión discriminatoria hacia el colectivo de cristianos y hacia la institución familiar, debería escuchar y atender las verdaderas quejas de los ciudadanos de Cataluña. 

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