Las críticas a Buttiglione destapan el intento de imponer una dictadura moral

Rocco Buttiglione está siendo criticado duramente no por su política de aplicación de la normativa europea en materia de Interior y Justicia, que es l…

Rocco Buttiglione está siendo criticado duramente no por su política de aplicación de la normativa europea en materia de Interior y Justicia, que es lo que debe y puede hacer más allá de sus ideas, sino por unos comentarios realizados durante el discurso de presentación en el Parlamento Europeo. En otras palabras, está siendo condenado y censurado políticamente antes de tomar posesión de su cargo como comisario (ministro) del ejecutivo de la Unión. La Comisión de Libertades de la Eurocámara rechazó, por 27 votos a 26, que Buttiglione ocupe la cartera para la que ha sido designado, pero también votó mayoritariamente en contra (28-25) de que el futuro presidente, José Manuel Durao Barroso, le asigne otro Departamento. En cualquier caso, estas votaciones sobre cada candidato individualmente no son vinculantes, a diferencia de la plenaria del día 27 de octubre, donde la ratificación o revocación afecta a todo el nuevo equipo.

 

Como el Europarlamento no tiene capacidad para vetar la designación de un comisario determinado, el problema de lo que ha pasado no está en el rechazo parlamentario, sino en el hecho de que se intente manchar o censurar a alguien por sus convicciones morales. En una sociedad pluralista, no existe una moral única, lo cual precisamente garantiza que un responsable político pueda actuar o gobernar para todos los ciudadanos aunque tenga unas ideas propias. En el caso de Buttiglione, si estos hechos tienen como resultado, por cualquier mecanismo, que el político italiano no forme parte de la nueva Comisión Europea cuando sus miembros tomen posesión a principios de noviembre, estaría vulnerándose el derecho a tener una moral personal, que lógicamente es subjetiva. Él puede considerar y decir públicamente que la homosexualidad es pecado, pero esto sólo tiene efecto en relación con su conciencia y la fe que profesa. Para un tercero, el hecho de que sea o no pecado es algo absolutamente relativo según cuáles sean sus creencias. Lo que importa no es si este comisario se pronuncia moralmente sobre algo, sino si aplica las normas de su área y cómo lo hace.

           

La posible salida de Rocco Buttiglione de la próxima Comisión Europea sería consecuencia de una ofensiva fundamentalista laica, de una forma clara de intolerancia. Si tener y hacer públicos unos determinados principios morales impide a las personas acceder a cargos políticos, se sienta un peligroso precedente, ya que lo que se intenta con ello es imponer una dictadura moral, como siempre han hecho los regímenes totalitarios.

 

Si el comisario de Agricultura fuese musulmán, aunque sus convicciones morales le llevasen a pensar que el cerdo es un animal impuro, eso no significaría que dejase de trabajar por el bien de la industria porcina, que es básica para la economía de la Unión. ¿Su presentación parlamentaria habría tenido las mismas repercusiones que la de Buttiglione?

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