Las elecciones en Noruega, a pesar de Utoya

Este pequeño país del norte de Europa saltó a la actualidad como consecuencia de los sangrientos atentados del 22 de julio donde …

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Este pequeño país del norte de Europa saltó a la actualidad como consecuencia de los sangrientos atentados del 22 de julio donde 77 personas perdieron la vida a manos de un asesino. Este hecho, que tuvo una dimensión mundial, debía de tener un reflejo en las elecciones de carácter local que ahora se han celebrado. De ahí la expectativa que existía sobre las mismas mucho más allá de su alcance estrictamente político; tenían un valor simbólico. ¿Cómo se comportaría el electorado noruego después de aquel brutal impacto? La previsión era que el Partido Laborista, el afectado por la masacre de los jóvenes de la isla de Utoya, registrara un avance considerable como consecuencia de la popularidad alcanzada sobre todo por la persona del primer ministro. Los resultados no han confirmado estas previsiones, aunque sí otras.

Lo primero que llama la atención es la baja participación, el 62,5% de los electores, a pesar de que la mayoría de los partidos han basado su campaña en las llamadas a la participación precisamente como respuesta a los atentados. ¿Debilidad cívica?, ¿carácter local de los comicios? La respuesta no es fácil de determinar, pero en todo caso ahí queda el dato.

La segunda cuestión es el balance de los resultados. Una forma de resumirlo es utilizando la proyección de los datos que han facilitado diversos medios noruegos a la escala de unas elecciones generales. En este caso, el actual gobierno de izquierdas, una alianza del partido claramente mayoritario laborista con grupos de izquierda, perdería la mayoría absoluta de que disfruta y con ella el Gobierno, puesto que sólo alcanzaría 81 de los 169 diputados de este parlamento hipotético. Los laboristas, además, perderían un escaño para quedarse en 63, lo cual dice que la onda de popularidad y de conmiseración que atravesó durante una serie de semanas Noruega no se ha traducido en votos.

El Gobierno podría alcanzarlo en este supuesto la coalición de derechas, pero no porque obtuviera la mayoría absoluta sino porque podría ser apoyada con los votos del partido de extrema derecha, el llamado del Progreso, que, eso sí, perdería muchísima de su fuerza porque vería reducidos a menos de la mitad sus actuales escaños.

Por lo tanto, un panorama relativamente poco claro, poco definido. Si examinamos los datos de las elecciones locales propiamente dichas y dejamos al margen proyecciones, podemos constatar que los socialistas del Partido Laborista han alcanzado una ligera mejora. Continúan siendo la primera fuerza, pasando del 29,6% al 31,6%. Estos dos puntos saben a poco después de la simpatía generalizada que se manifestó en el país con posterioridad y a consecuencia de los atentados. Por su parte, el Partido Conservador es la segunda fuerza más votada y supera en este sentido al partido de extrema derecha, el Partido del Progreso, y a su vez mantiene el gobierno de las principales ciudades del país, entre las cuales se encuentra la capital.

¿Quiénes disminuyen? Pues los partidos situados en los extremos: el ya apuntado Partido del Progreso y los partidos de la izquierda socialista. De hecho, el avance del Partido Laborista se explica por un pequeño trasvase de votos de estos grupos más que por la captación del electorado de centro o de abstencionistas. Por lo tanto, no ha conseguido superar su frontera por el lado de la derecha. En definitiva, la simpatía no se ha traducido en votos. El Partido Conservador, a su vez, se ha beneficiado de la caída del partido de extrema derecha al que durante un tiempo estuvo afiliado Anders Behring, lo cual demuestra que en este caso concreto los electores sí han aplicado un criterio de discriminación resultado directo de la campaña.

Por consiguiente, un reforzamiento del espacio central con un mayor avance del partido conservador, un modesto avance del Partido Laborista y un empeoramiento de las perspectivas de este último de continuar en el Gobierno en la hipótesis de que estas tendencias electorales manifestadas en los comicios locales se mantuvieran.

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