Las extrañas manipulaciones de la encuesta BBVA sobre universitarios

El reciente estudio “Juventud Universitaria Española”, publicado por la Fundación BBVA, del que se han hecho amplio eco los medios de comunicación, ad…

El reciente estudio “Juventud Universitaria Española”, publicado por la Fundación BBVA, del que se han hecho amplio eco los medios de comunicación, adolece de diversas irregularidades que cabe señalar.

 

La característica común de las noticias aparecidas ha sido la publicación tipo “copiar y pegar” del documento “nota de prensa” emitido por la fundación, sin pararse a analizar lo que el estudio en realidad estaba diciendo o queriendo transmitir de forma tan intencionada, con lo que entendemos una clara manipulación metodológica del estudio, desde el diseño inicial hasta la interpretación sesgada que se han dado a varias de las preguntas realizadas.

 

El estudio precisa tantos comentarios que se hace difícil elegir cuál de ellos recoger en este espacio para desmitificar tanto número y tan artificialmente interpretado. Vayamos, pues, por partes.

 

  1. En primer lugar llama la atención que haya sido una fundación del ámbito bancario la que tenga que decirnos a los españoles cosas tan  importantes sobre qué piensan los universitarios. ¿Es que no existen en las universidades españolas profesores cualificados para hacer este estudio?

 

¿No será tan cierto como lo anterior que los que han hecho el estudio hayan aprendido los primeros rudimentos estadísticos en las aulas universitarias en las que, por cierto, podrían haber puesto más atención cuando el profesor explicaba las distintas formas de seleccionar una muestra, o los métodos para proyectar los resultados de una muestra a la población, o que hay que tener en cuenta no solo los porcentajes y la media, sino otros parámetros estadísticos para no irse por los cerros de Úbeda?

 

  1. Los resultados del estudio se afirman siempre refiriéndose a ”los universitarios”, cuando en realidad la ficha técnica especifica que la muestra se ha hecho sobre 3.000 estudiantes de segundo ciclo cursando los dos últimos años de estudios.

 

¿Qué razones pueden llevar a los realizadores del estudio a excluir a los universitarios de primer ciclo? Es difícil imaginarlo: ¿será porque los autores piensan que no van a llegar a segundo ciclo? ¿O porque la universidad todavía no les ha formado lo suficiente como para tener criterio necesario para contestar a las preguntas? Vaya usted a saber.

 

  1. Tratándose de un colectivo de universitarios, es llamativo no ver reflejadas en el estudio algunas  preguntas elementales de sentido común que habría que haber hecho, para poder conocer mejor cuánto de “estudiantes” tienen los entrevistados.

 

Creo que cualquiera estará de acuerdo en firmar conmigo que, si para un estudiante su “profesión” es estudiar, habría que definir un poco más cómo cumplen su profesión. Así, no se nos dice nada de si los encuestados están en segundo ciclo con todo aprobado, o tienen asignaturas pendientes del ciclo anterior. O, más llamativo, qué calificaciones han obtenido en los cursos previos.

 

No conocer esto desautoriza de entrada la fiabilidad de algunas de las respuestas que estén dando.

 

  1. Pero no todo iba a ser adolecer de falta de información. Por fin, según el estudio, los entrevistados afirman estudiar una media de 13,9 horas semanales que, según la extrapolación que realizan los autores del estudio, supondrían 459 horas al año. Una simple división nos da el escalofriante dato de que estos universitarios de segundo ciclo estudian al año ¡33 semanas!

 

Se preguntarán ustedes, pero si el curso dura de octubre a junio y eso son 273 días o su equivalente de 39 semanas, ¿qué consideran los autores del estudio que hacen sus entrevistados el resto de las 6 –seis- semanas  restantes del curso? Pues sí, es lo que ustedes están pensando. ¡ qué validez van a tener respuestas dadas por estudiantes que no deben pegar ni golpe! Está dicho casi todo.

 

5. Citando de nuevo a los autores, destacan desde el principio que en este estudio han profundizado en grandes cuestiones como la vida personal, los valores y las creencias de los encuestados. No parecería mal, en principio, que se aborden estas cuestiones.

 

Pero lo que cualquier manual básico de encuestas –o mejor, el más elemental sentido común- nos diría es que estas cuestiones profundas y personales, como tiene que responderlas el encuestado es de forma anónima y personal. Pues bien, la ficha técnica afirma que el trabajo de campo de obtener las contestaciones a las preguntas fue realizado mediante una entrevista de encuestadores de una empresa a cada estudiante: el encuestado frente al encuestador.

 

Nuevamente el estudio deja mucho que desear en cuanto a la validez de las contestaciones dadas a estas preguntas “profundas”.

 

Pero vayamos con algunas de esas preguntas profundas en cuanto al contenido, pero superficiales en cuanto al planteamiento de la pregunta. Analicemos solo algunos ejemplos.

 

De entrada, el preámbulo “Con independencia de lo que tú haces o harías, ¿crees que puede estar justificado cada una de las cosas que te leo?” que precede a las preguntas sobre “valores y creencias”, no tiene desperdicio en su análisis.

 

La dualidad a la hora de realizar una pregunta y que no quede claro lo que se pregunta, es el método más indicado para tergiversar las contestaciones obtenidas. He aquí un magnífico ejemplo de ello: primero se trata de que el encuestado realice una doble discriminación entre lo que “hace” y lo que “haría”, para a continuación exigirle una respuesta en la que se inhiba totalmente de su personalidad y responda en neutro, vacío o abstracto. Y una vez puesto en semejante equilibrio inestable, vienen las “cosas que te leo”.

 

Realmente llamar “cosas” a los temas que se preguntan a continuación, como la consideración de parejas sin casarse, fecundación in vitro, uniones y adopción por parte de parejas homosexuales, eutanasia, aborto o drogas parece, cuando menos, una burda manipulación del rico lenguaje castellano.

 

Y si no, qué me dirían que es la siguiente “cosa” cuya pregunta textual que se realiza al entrevistado es la siguiente: “La eutanasia (asistir a alguien a morir cuando tiene una enfermedad incurable)”. ¿No es demasiado atrevimiento cambiar el significado de “eutanasia” (que el diccionario de la RAE define como “acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él”) por el de asistir a alguien a morir. ¿Cuántos millones de personas en el mundo no están a favor de la eutanasia, y sin embargo asisten a morir a un pariente, precisamente acompañándole y ayudándole en sus últimos momentos? ¿O es que un médico que trata a un paciente terminal con medicación va a resultar que está practicando la eutanasia?

 

Así, ¿qué validez pueden tener las puntuaciones de todas estas preguntas?

 

En resumen, que más le hubiera valido a la Fundación BBVA dedicar sus conocimientos a realizar estudios financieros que haberse metido en camisa de once varas, y al final salirnos con este bodrio de estudio sobre la juventud universitaria, tan sesgado en su planteamiento como en su realización y conclusiones, donde no han dado pie con bolo y, lo que es peor, no han dejado títere con cabeza. Pues sí, que sepan que les han hecho un flaco favor a nuestros jóvenes universitarios, y por ende, a la sociedad española.

 

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