Las iglesias esclavas: el caso de Dinamarca

La Reforma Protestante dio lugar muy pronto a las iglesias del Príncipe, es decir una estrecha vinculación entre la nueva confesi&oacute…

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La Reforma Protestante dio lugar muy pronto a las iglesias del Príncipe, es decir una estrecha vinculación entre la nueva confesión y el poder político. Este modelo siempre fue evitado por la Iglesia católica gracias a la institución del papado, que la mantuvo independiente de cualquier poder y en muchos casos enfrentada a alguno de ellos. Con la evolución de la modernidad, aquellas iglesias del Príncipe se transformaron en iglesias estatales. El resultado final ha sido no tanto la existencia de una comunidad eclesial como el hecho de que el Estado tiene una instancia más que es una iglesia, pero donde sus miembros dependen en todo y para todo del poder político, siendo simples administradores del mismo. En realidad, son funcionarios.

Esto es evidente en todas las iglesias nórdicas y también en el caso del anglicanismo, que tiene como máxima cabeza a la reina de Inglaterra. Además, la situación de iglesias ‘esclavas’ del poder político puede llegar a degenerar en situaciones como las que vive actualmente la Iglesia de Dinamarca. El nuevo Gobierno ha decidido que el Parlamento debe aprobar una ley por la cual los gays podrán casarse por la iglesia. Cuando el Parlamento haya establecido esta norma, la Iglesia danesa simplemente la acatará porque formalmente está a sus órdenes. Casará a los gays y además en primer tiempo de saludo. Un dato adicional más es que Dinamarca, si bien reconoció muy pronto las uniones homosexuales, todavía, a diferencia de España, no ha implantado el matrimonio de este tipo. Ahora lo hará y además de naturaleza eclesial. Es realmente un escándalo. Esta intromisión del Estado en la práctica eclesial es contraria a los fundamentos de la Unión Europea y debería ser denunciada. La cuestión es por quién, porque es difícil que los propios funcionarios, o sea los obispos daneses, que perciben muy buenos salarios del Gobierno y que están acostumbrados a este régimen, hagan algo más que algún moderado comentario crítico.

Sin menoscabo del espíritu ecuménico tan necesario, porque la falta de unidad de los cristianos es notoria, hay que decir también con realismo que muchas de estas iglesias lo cierto es que tienen detrás lo que en el caso de Dinamarca se ve claramente. Detrás de la Iglesia está el Estado, el Parlamento, el Gobierno, con todos sus intereses temporales y su capacidad para orientar la realidad eclesial hacia allí donde les convenga. En estas condiciones, el diálogo ciertamente se acerca a una ficción. Los cristianos reales de la Iglesia de Dinamarca lo que deberían hacer es simplemente abandonar su confesión porque la incompatibilidad con este estado de cosas es tan flagrante, sus consecuencias tan antievangélicas, que parece difícil que pueda soportarse. El nombre de la iglesia de todas maneras ya da pistas sobre su orientación, es la ‘Iglesia Nacional Danesa-Iglesia del Pueblo Danés’, algo así como el criticado nacionalcatolicismo pero todavía con mayor dependencia del Estado. Lo que pasa es que como este tipo de iglesia toma esas orientaciones tan progres, los propios progres no critican esta fórmula de nacionalcristianismo.

Estas realidades señalan, por si hiciera falta una vez más, el don que significa el Papado, garantía de la independencia real de la Iglesia, y la utilidad de la Santa Sede y el Vaticano como mínima realidad física que permite dar asentamiento a esta independencia. En el catolicismo no existen las iglesias nacionales, existe una Iglesia universal profundamente enraizada en las comunidades pero no la iglesia de España, de Francia, de Italia, sino la Iglesia católica en España, en Francia, en Italia. Y esta ha sido y sigue siendo la mejor garantía para nuestra independencia de los poderes del mundo.

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