Descenso social: las nuevas generaciones ya son más pobres que sus padres

Según un estudio de la consultora McKinsey Global Institute, los ingresos de los hogares bajan por primera vez en los países ricos

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los trabajadores en las economías avanzadas han crecido asumiendo que tendrían un nivel económico más elevado que el de sus padres. Y este convencimiento ha sido, salvo alguna breve excepción, una realidad durante casi setenta años: la encarnación misma del progreso.

Pero el ascensor social se ha roto. Los ingresos reales de dos tercios de los hogares en las 25 economías más avanzadas disminuyeron entre el 2005 y el 2014, según informa La Vanguardia. Un fenómeno que la generación anterior no vivió, porque entre 1993 y 2005 el 98% de los hogares, casi su totalidad, experimentó un aumento de las rentas.

Es lo que se desprende un estudio de la consultora McKinsey Global Institute de esta semana, titulado (en inglés): ¿Más pobres que sus padres? Ingresos planos o en disminución en las economías avanzadas. Las cifras demuestran que en la última década entre 540 millones y 580 millones de personas han visto bajar su tenor de vida en los países más ricos. “Es un fenómeno corrosivo y con consecuencias sociales”, advierten sus autores. Y si no hubiera sido por las transferencias públicas de los estados, que en parte limaron las desigualdades, el impacto hubiera sido mucho peor.

“Hoy sería más correcto hablar de descenso social. Hemos vivido durante años con una matriz de pensamiento que asociaba crecimiento y bienestar. Pero hace tiempo que esto no funciona así. La sensación general es que lo que vivieron nuestros abuelos, que vinieron de abajo y dieron el gran salto, pues nuestros hijos ya no lo van a vivir. No se van a beneficiar de este ciclo”, explica el profesor de la UB Xavier Martínez Celorrio, autor de un estudio sobre las desigualdades sociales para la Fundació Jaume Bofill.

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¿Cómo hemos llegado a este punto? El informe reconoce que la crisis financiera del 2008 dejó heridas profundas que todavía, años después, no se han cerrado, con la precarización del empleo. Pero hay algo más: el peso decreciente de los salarios en el PIB (el trabajo por cuenta ajena está en declive), el envejecimiento de la población (con el descenso de la población activa) y, por último, la revolución tecnológica debida a la automatización.

El problema es que esta situación puede haberse enquistado. Los analistas de McKinsey Global Institute advierten de que si se mantiene el bajo crecimiento económico, el 80% de los ingresos en estos grupos de personas puede congelarse o desplomarse en la próxima década. “El riesgo es que las generaciones siguientes no puedan mejorar las condiciones de vidas que heredaron de sus padres, porque no avanzan. Los más afectados son los jóvenes y los trabajadores menos educados”, dice el estudio.

Este empobrecimiento de los trabajadores no sólo hace que bajen peldaños en la clase social. Las encuestas llevadas a cabo por Mc Kinsey subrayan como dentro de este grupo crecen las opiniones negativas sobre comercio e inmigración, lo que se traducirse en apoyo a populismos y discursos extremistas. “Esto lleva a candidatos de protesta como Bernie Sanders, Donald Trump o el Brexit en el Reino Unido”, explicaba el profesor de Economía de la Universidad de Stanford Nicholas Bloom.

Ignasi Carreras, profesor de Esade y vicepresidente de Oxfam, coincide en que “el descontento siempre se canaliza en los extremos, con miradas de corto plazo”, pero también recuerda que en los país menos avanzados los hijos sí que mejoran el nivel de vida de sus padres. “Los países emergentes han tenido estos años más capacidad para acaparar la riqueza mundial”, sostiene. “Entre 1980 y el 2010, la competición en los empleos de baja y media calificación se ha vuelto global, con 85 millones de trabajadores en las economías emergentes que se han sumado a la fuerza laboral. Esto ha contribuido a la polarización de los salarios”, reafirma el estudio.Y así, a la desigualdad entre países ricos y pobres, se suma ahora la desigualdad entre generaciones.

Poca movilidad y descenso social

El crecimiento económico es anémico y en países como España el 40% de la población adulta con bajo nivel de formación ha bajado de clase social respecto al 2005, según los datos que maneja la Fundació Jaume Bofill. “El descenso social es longitudinal, sólo ahorra las élites, las que están más conectadas con la globalización. El aumento de los oligopolios empresariales no ha redistribuido sus beneficios en los salarios y ha tratado de condicionar las políticas públicas. Por ello, es imprescindible potenciar un sistema redistributivo de los ingresos”, dice el profesor de la UB Xavier Martínez Celorrio. En EE.UU. un estudio del pasado mes de mayo de la Universidad de Massachusetts ha detectado que la probabilidad para los trabajadores estadounidenses de clase media de subir un peldaño en la distribución de los ingresos ha disminuido un 20% desde principios de los años ochenta. Es decir, que hace treinta años el ascensor social se movía. Ahora, cuando no baja, está estancado en la planta.


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