Las otras verdades ocultas

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El pensamiento políticamente correcto ejerce una dictadura intelectual y cultural –que por tanto tiene traducción también en la vida política- a base de ocultar y censurar aquellas realidades que nos aproximan a verdades que resultan incómodas. Uno de los casos más evidentes es el que gira en torno al aborto. Es un hecho digno de ser profundizado más allá de cuatro sentencias sobre la civilización de la muerte el por qué una parte importante de los intelectuales, políticos, creadores de opinión en definitiva, consideran el aborto como un hecho de naturaleza prácticamente dogmática, más propio de un estudio teológico que del razonamiento científico y práctico. Es sorprendente, pero es así.

Podría entenderse, que no justificarse, que una parte de la población o de estas personas más dadas a pensar y a crear opinión defendieran el aborto bajo determinados casos o supuestos, pero que lo hicieran desde la racionalidad, sin tener que acudir a la ocultación de evidencias o simplemente a utilizar el desprestigio del mensajero para evitarse la molestia de tener que debatir el contenido del mensaje. Por ejemplo, en nuestra sociedad se censura todo lo relativo a lo que es el aborto como práctica clínica, lo cual carece de sentido. ¿Por qué no hemos de conocer, las mujeres especialmente pero también los hombres, en que consiste el aborto?, ¿por qué negar las imágenes que explican lo que se hace?, ¿por qué censurarlas?

Existe en esta actitud un complejo de culpa porque se tiende a no querer mostrar aquello que genera vergüenza. Quizá sea ésta la explicación. A lo largo del año, en diversos lugares del mundo, aparecen informaciones que ponen de relieve esta evidencia: está prohibido informar sobre el aborto en cuanto a su realidad concreta. Como está censurado informar, y esto quizá sea todavía más grave desde el punto de vista médico, sobre las consecuencias del mismo, que generan en la mayoría de casos un síndrome postraumático que puede oscilar entre la levedad y la gravedad aguda. En ninguna otra práctica clínica se ocultan al usuario y a la sociedad los datos sobre las consecuencias de lo que va a emprender, en éste sí.

Más todavía, a pesar de que el aborto ha sido declarado una prestación sanitaria pública, a pesar de que se invierten recursos de esta naturaleza para hacerlo gratuito, no existe un seguimiento posterior de sus consecuencias, no hay estudios de campo propiciados por la propia sanidad. Una vez más se alza la pregunta: ¿por qué? Y la respuesta es que de esta manera se pueden ignorar las consecuencias funestas que tiene. Como tampoco se indaga por su impacto demográfico. En España, además del trabajo reciente que hicimos en el Instituto del Capital Social de la Universidad Abat Oliba, prácticamente no existe nada en este terreno si exceptuamos el estudio de Margarita Delgado, publicado en el número 87 de la Revista Española de Investigaciones Sociológicas (REIS) que es de septiembre de 1999. Realmente es un bagaje muy escaso para una cuestión que en España ya representa prácticamente uno de cada cinco nacimientos e incluso más, y en algunas comunidades como Cataluña ya supera el impacto la relación de uno a cuatro.

Ahora mismo, ForumLibertas informa de otro caso, el último conocido de censura, a cargo de Wikipedia, que impidió que hubiera información sobre el aborto a partir de datos que reunían todas las condiciones exigibles y más que en puridad demanda Wikipedia en las colaboraciones, que en muchos casos no se cumplen. Es una manifestación más de esta censura que alcanza incluso a instrumentos tan neutrales como la conocida enciclopedia en red.

Pero cuando hay censura y cuando hay ocultación hay también debilidad. Pueden hacerse todas las ilusiones que quieran, pero la realidad no puede sumergirse siempre. Aparece brotando por una y otra parte, agrietando la corteza que la oprime y que le impide mostrarse tal y como es. Esto también sucederá con el aborto, y muchos de los que ahora lo defienden se avergonzarán de su pasado como tantos otros se han avergonzado de pasados totalitarios en los que militaron con singular fe.


Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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