Las parejas que se esperan para tener sexo tienen matrimonios más felices

En una sociedad que se caracteriza por la desmesurada hipersexualización, ¿cómo afecta este hecho a la calidad y felicidad dentro…

En una sociedad que se caracteriza por la desmesurada hipersexualización, ¿cómo afecta este hecho a la calidad y felicidad dentro del matrimonio? Una posible respuesta a esta pregunta viene de la mano del estudio ‘Antes del "sí". ¿Qué tienen que ver las experiencias premaritales con la calidad marital entre los jóvenes adultos de hoy?‘, realizado por el National Marriage Project, de Estados Unidos.

El estudio viene a constatar que las parejas que postergan el inicio de las relaciones sexuales suelen alcanzar un mayor nivel de calidad cuando están casados y tienen matrimonios más felices.

El estudio ha sido realizado por Galena Rhoades Ph.D., profesora asociada del departamento de psicología de la Universidad de Denver, y Scott Stanley, Ph.D., profesor investigador y co-director del Centro para Estudios Maritales y de la Familia de la misma universidad. La investigación ha recibido la aprobación de ética de la Junta Institucional de Revisión de la Universidad de Denver.

Con ‘sexo casual’, calidad más baja

Los expertos subrayaron que “las experiencias que tienen (o no tienen) con sus cónyuges antes de casarse están también relacionadas a la calidad de su matrimonio”, según informa Aciprensa.

“Un tercio (32%) de individuos en nuestra muestra reportó que su relación con su eventual cónyuge comenzó como un ‘sexo casual’ (hook up)”, destacaron, encontrando que estas personas, de promedio, presentaron “una calidad marital más baja”.

Los autores señalaron que “estos hallazgos son consistentes con lo que otros han encontrado sobre la asociación entre calidad marital y cuánto esperó una pareja antes de tener sexo”.

En general, las parejas que esperan para tener sexo más tarde en sus relaciones reportan mayores niveles de calidad marital”, indicaron.

Rhoades y Stanley señalaron que entre las muchas explicaciones posibles para esta relación, “una es que algunas personas que ya son más propensas a dificultades en relaciones románticas –tales como personas que son impulsivas o inseguras–, también son más propensas a tener sexo casual”.

“Aquellos en nuestro estudio que reportaron que su relación comenzó con sexo casual también tendió a reportar tener más parejas sexuales”.

Otra posible explicación presentada por los investigadores es que “esas relaciones que comenzaron con sexo casual podrían ser relaciones cuyos integrantes no están bien emparejados en otras características que promueven felicidad marital, tales como compartir similares visiones del mundo, valores e intereses”.

“Ciertamente, muchas relaciones que comienzan con sexo casual no terminan en matrimonio, pero de aquellas que sí, algunas tendrán parejas que estaban principalmente unidas debido a la atracción sexual antes de que pudieran evaluarse el uno al otro sobre otros aspectos importantes de compatibilidad”.

Por otra parte, Rhoades y Stanley también insistieron en su estudio que “aquellos que vivían con su eventual cónyuge antes de tener un mutuo y claro compromiso para casarse reportaron menores niveles de calidad marital que aquellos que esperaron para mudarse juntos hasta después de planear el matrimonio o casarse”.

“En teoría, pareciera que adaptarse a vivir juntos antes del matrimonio ayudaría a una pareja a negociar la transición al matrimonio más suavemente. ¿Entonces por qué cohabitar antes de hacer un compromiso por casarse podría estar asociado con menor calidad marital? Un problema es que hace más difícil para la pareja terminar”.

Los investigadores señalaron que “las parejas que cohabitan compran muebles juntos, adoptan mascotas, firman arrendamientos y se acostumbran a una rutina de vivir en un cierto lugar juntos, todas restricciones que pueden mantener a las personas en una relación incluso cuando no están seguros de que quieren permanecer”.

“Algunos por tanto podrían caer en un matrimonio que podrían de otra forma haber evitado”. En resumen, señalaron, “vivir juntos crea una suerte de inercia que hace difícil cambiar el curso”.

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