Las pensiones del ministro Caldera no van a misa

Lo que ha dicho el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, en el acto de clausura de la XX Conferencia de Organizaciones Empresariales …

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Lo que ha dicho el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, en el acto de clausura de la XX Conferencia de Organizaciones Empresariales Privadas, organizada por el Circulo de Empresarios de Madrid, no va a misa, pero no por ninguna razón religiosa sino simplemente porque es muy incierto.

El ministro ha afirmado que el sistema público de pensiones de España ha dejado de ser un problema, a diferencia del resto de Europa, porque está garantizada su cobertura hasta el 2036 y porque dispone de 40 mil millones de euros.

Curándose en salud, Caldera ha venido a decir que las previsiones de la OCDE y la UE son poco fiables y ha puesto como ejemplo que hace cuatro años afirmaron que el gasto de las pensiones alcanzaría el 17,3% en el 2050, y ahora lo han bajado al 15%.

También asegura que un error de las previsiones ha sido establecer un envejecimiento de la población que se ha visto alterado por la llegada de los inmigrantes, así como por el fuerte incremento de la incorporación de la mujer al trabajo que ha hecho aumentar la población activa, con la previsión de que el 2010, con el 66% de participación, supere la media de la UE situada en el 63.

También ha influido el menor gasto gracias a las reformas emprendidas por el gobierno.

El discurso de Caldera se ha situado sobre todo en exponer las ventajas de la regularización de los inmigrantes, señalando que sólo uno de cada 30 cotizantes extranjeros percibe pensión, a diferencia de los españoles donde la proporción es de 2,3.

Todas las afirmaciones de Caldera una por una, son exactas.

Lo que ya no lo es, o como mínimo resulta dudoso, es que con ellas se justifique la viabilidad de la seguridad social.

Quizá la referencia más importante en este sentido es el estudio presentado por su propio Ministerio a la Unión Europea el año pasado donde se establecía con claridad que en el 2015 las cuentas quedaban desequilibradas y que con la ayuda del fondo se podía mantener la situación hasta el 2020, es decir 15 años antes o 20, según como lo consideremos, que la fecha que ahora indica Caldera.

No parece justificable que de un año a otro una misma voz oficial (se supone que la documentación oficial del Ministerio está asumida por el ministro y a la inversa) incurra en una desviación tan grande.

Por otra parte, la previsión negativa del Ministerio de Trabajo es coincidente con el estudio de la Unión Europea para los 25 países que forman parte de la misma (“The impacto f ageing on public expenditure: projections for the EU25 Member Status on pensions, health care, long-term care, education and unemployment transfers 2004-2050”), así como por algunos de los últimos trabajos realizados en base a la contabilidad generacional como el patrocinado por la Fundación para el Desarrollo Humano y Social.

Pero es que además los argumentos de Caldera presentan importantes lagunas. Resumámoslas:

1. 40 mil millones de reserva, son muchos millones, pero solo sirve para pagar medio año de déficit de la seguridad social. Como aquel que dice, un soplo.

2. La previsión del 15% del PIB continúa siendo insostenible.

3. La inmigración no resolverá el problema cuando éste se plantee, de la misma manera que el superávit actual no determina la buena marcha futura. La razón es demográfica.

Aumenta tanto la población que debe recibir pensión por motivos diversos, y va disminuyendo tanto el número de activos, que la inmigración para compensarlo debería ser brutalmente alta, lo cual es inalcanzable por razones de todo tipo. Los actuales inmigrantes empezarán a jubilarse en el inicio del periodo citado y, por tanto, cobrarán.

El que ahora la proporción sea buena no significa nada, porque el problema está en el futuro. Finalmente una observación no menor es que en razón de su menor cualificación profesional, las cuotas a la S.S. de los actuales inmigrantes no se ajustan bien al tipo medio de pensión que se paga.

4. En realidad no es solo la población activa quien define el equilibrio futuro porque la gente en edad de trabajar, condición necesaria, ha de poder hacerlo, condición de suficiencia, y no está claro que a medio largo plazo esta ocupación pueda producirse si se mantiene la productividad en niveles tan bajos. Los cálculos del ministerio parten de una productividad del orden del 2%, visto el comportamiento de este factor a lo largo de los últimos 15 años, resulta poco creíble.

En realidad el ministro Caldera se comporta ahora como lo hacía el PP cuando gobernaba. Hay que recordar por ejemplo, las críticas de José Antonio Griñán “Presente y Futuro del Sistema Público de Pensiones: análisis y propuestas” a los planteamientos optimistas del Partido Popular.

Este trabajo fue promovido por la Fundación Alternativas, próxima al PSOE. Con algunas actualizaciones sus críticas continúan siendo igualmente válidas.

Finalmente, hay que hacer observar que existe un consenso generalizado de que las medidas que ha pactado el gobierno para aminorar el gasto en pensiones son tan modestas que significan el chocolate del loro. Y, por tanto, es impropio de un ministro serio que lo apunte como un factor que ha resuelto el problema.

Reflexión final: No es responsable continuar ocultando a la sociedad española la magnitud del problema con el que nos enfrentamos, que tiene una raíz fundamentalmente demográfica y un corolario relacionado con nuestra pésima productividad.

Cuanto más se tarde en actuar a fondo sobre esta realidad, más duro será el ajuste, sobre todo para aquellos que menos tienen.

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