Las poco creíbles cifras del desempleo en España

El pasado 25 de abril la Encuesta de Población Activa (EPA) hacía públicos los datos sobre el paro registrados en España e…

El pasado 25 de abril la Encuesta de Población Activa (EPA) hacía públicos los datos sobre el paro registrados en España en el primer trimestre de 2013, con 6.202.700 personas desempleadas y una tasa de paro 27,16%. Además, casi dos millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro.

Ante semejante porcentaje de españoles que no encuentran trabajo, una de las preguntas que cabe hacerse sería: ¿cómo es posible que la gente no se eche a la calle de forma más contundente para reclamar un cambio en la actual situación? Y otra, como consecuencia de ésta: ¿cuánto tiene que ver en esta pasividad de la sociedad civil la economía sumergida?

Sin animo de minimizar la gravedad del drama que supone la que sin duda es una más que preocupante tasa de paro en España, la respuesta viene a decir que esos porcentajes no se ajustan a la realidad. En cualquier caso, cifras más bajas en cuanto al número de parados no quiere decir que desaparezca el problema, sino que tendrían una dimensión más racional.

Estamos hablando de unos porcentajes que se situarían alrededor del 20% de paro real, aunque aún así doblaríamos las cifras de desempleo de la media de la Unión Europea.

Un entorno imposible para Andalucía…

Una primera reflexión tiene que ver con el entorno internacional en que se situaría España con ese 27,16% de paro, o por ejemplo Andalucía con su 36,87% según la EPA.

En una comparativa con los países con más desempleo en todo el mundo, nos encontramos con Zimbabwe, con un dictador que ha arrasado el país, que lidera este preocupante ránking con un paro del 95%, con datos del 2009.

Por detrás aparecen una serie de países con datos también alejados en el tiempo, como la República de Nauru, en la Micronesia, con el 90% (2004); Liberia, en guerra, con el 85% (2003); Burkina Faso, en guerra, con el 77% (2004)Turkmenistán, con el 60% (2004) o Yibuti, que en 2007 tenía el 59% de paro.

Pero, algo más atrás, en el puesto 11, se encuentra Bosnia y Herzegovina, con un 43% de paro en 2011. Y le siguen Haití, que está medio destruida, con un 41% de paro en 2010; Kenia, que también ha sufrido los efectos de la guerra, con un 40% (2008); o Suazilandia (40% en 2006).

Bien, pues el siguiente sitio en el ranking, de ser ciertos los datos de la EPA, lo ocuparía Andalucía, con ese 36,87% de paro, ya que detrás viene Yemen, en guerra (35% en 2006).

Le siguen Afganistán, en guerra, con el 35% de paro en 2008; Macedonia, 31% en 2011; Malí, en guerra, con el 30% en 2004; Mauritania, 30% en 2008; Libia, también en guerra, con el 30% de paro en 2004; o Camerún, con el 30% en 2001.

…y también para España

Es precisamente en este punto donde aparece España, con su supuesto 27,16% de desempleo. Detrás tiene a Sudáfrica, quizás el único país que también destaca entre el resto, con un 25% de paro en 2011; o Serbia, con el 23% en 2011.

A partir de ahí otros países como Guinea Ecuatorial (22% en 2009); Mozambique (21% en 1997); Nigeria (21% en 2011); Cabo Verde (21% en 2000); Gabón (21% en 2006), Timor Oriental (18% en 2010); o Túnez (18% en 2011), todos ellos con porcentajes cada vez menores y muy por debajo del que se supone que tiene España.

El resto de países en esa larga lista internacional están cada vez con porcentajes menores de tasas de desempleo.

Independientemente de las fechas en que están contabilizadas las tasas de paro en algunos de los países, que por su lejanía en el tiempo no permiten la equiparación lógica desde el punto de vista estadístico, en muchos casos debido a la ausencia de datos por su situación de guerra, lo cierto es que nada hace pensar que en la mayoría de esos Estados los porcentajes hayan variado de forma notablemente sensible.

Así, la siguiente pregunta que hay que hacerse es: ¿qué hace España en medio de ese entorno de países viviendo situaciones de guerra o muy marginales con porcentajes de paro supuestamente similares a los suyos?

La respuesta, necesariamente, tiene que ver con que no pueden ser reales las estadísticas de paro en España. En ese contexto resultan increíbles. Nada en esos países tiene que ver con la situación de la economía española: industria, turismo, sistema financiero, infraestructura, nivel de estudios, situación de paz y un largo etcétera.

El PIB por trabajador, otro indicador que genera dudas

Por otra parte, como se puede ver en la tabla que acompaña esta información, elaborada a partir de datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2007 se alcanzó el máximo de trabajadores activos en España, con 20,257 millones de personas ocupadas. A partir de esa fecha y debido a los efectos del paro han ido disminuyendo.

Al mismo tiempo, si se observa la evolución del PIB y del número de trabajadores desde el año 2006, antes de que estallara la crisis, la tabla nos muestra que el PIB por trabajador no ha hecho otra cosa que crecer ininterrumpidamente desde esa fecha.

Otro dato interesante es el incremento total del PIB por trabajador desde el año 2006, un 24%. Si hace siete años cada trabajador producía en España un PIB de 49.906 euros, en 2012 ese PIB era de 61.893.

En ese sentido, a pesar de que ha habido una mejora de la productividad como consecuencia del desempleo, ese incremento es notable. No se puede decir, por tanto, que el aumento se deba solo a la productividad.

Otra cuestión interesante y que tiene que ver con las dudas que plantean las cifra de paro de la EPA es el factor economía sumergida. En este tipo de economía hay una parte importante que no se registra en el PIB, pero sí que se produce un efecto de arrastre que queda registrado.

Es decir, ante un equipo de 10 personas que estén trabajando en la economía sumergida dedicándose a hacer reparaciones, por ejemplo, ni sus salarios ni el beneficio que se obtenga quedarán registrados en el PIB, pero sí lo hará el material que compran para hacer esas reparaciones, o la gasolina que gastan, entre otras cosas que afectan al incremento del PIB.

Así, ese incremento del PIB por trabajador sería consecuencia en buena medida del aumento de la productividad fruto del desempleo, pero también de la fracción que emerge de la economía sumergida que, lejos de ser una isla desconectada del resto de la economía, también deja sentir sus efectos en ella.

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