Las principales causas del aborto

Ante el flojo proyecto de ley sobre el aborto, sigue siendo una ley que lo permite y se ha creado un debate, promovido por partidos, mal denominados p…

Ante el flojo proyecto de ley sobre el aborto, sigue siendo una ley que lo permite y se ha creado un debate, promovido por partidos, mal denominados progresistas, y grupos abortistas que están creando unas dudas en personas que siempre han tenido las ideas claras sobre la vida y el derecho a la vida. Es por eso que me parece importante comentar algunas de las causas que nos están llevando a cometer y justificar verdaderas atrocidades como es la muerte del más inocente e indefenso ser humano, estoy hablando del embrión.

El Ministerio de Sanidad ha informado recientemente de que en el año 2011 el aborto en España había crecido en relación al año anterior en un 4,5%, alcanzando la cifra de 118.359 criaturas que habían sido concebidas y no llegaron a nacer. Con estos datos, además, se contradice a los que afirmaban que con una ley de aborto libre disminuirían el número de abortos.

Dice una información del Ministerio de sanidad que, nada menos que el 89,58% de los casos de abortos en España se llevaron a cabo “a petición de la mujer”.

En mi opinión, no cabe duda: la sociedad española está perdiendo el sentido de la humanidad a marchas forzadas; el hecho de abortar se ha banalizado y para muchas mujeres, como se ve, se reduce a “quitarse de encima” un problema que, si no se elimina, se “puede convertir en una carga” en vez de la inmensa alegría que para todo ser humano supone recibir el regalo de un hijo. Son bastantes las causas que generan esta situación. Me limito a resumir algunas:

1.- “La ligereza” de muchos jóvenes que quieren tener relaciones sexuales para “pasar un buen rato”, y cuando menos acuerdan han concebido un hijo. Naturalmente, “allí” no había amor, sino “sexo” exclusivamente, y después no tienen el sentido de responsabilidad suficiente para ser hombres y mujeres de una pieza, asumiendo las consecuencias de sus actos. El camino cómodo es abortar.

2.- La hipocresía de muchos padres, que cuando se enteran de lo que les ha pasado a sus hijos les “empujan literalmente al aborto” para quitarse esa lacra y esa carga, y que puedan “rehacer su vida” como si no hubiera ocurrido nada en sus vidas. Eso es falso cariño y actuando así nunca enseñarán a sus hijos a respetar la verdad, la justicia y el derecho.

3.- Específicamente, la poca hombría de muchos varones que tras dejar embarazada a una chica luego la abandonan sin más.

4.- También el egoísmo de muchos matrimonios que no quieren tener hijos, o a lo sumo uno, y no dudan en cegar las fuentes de la vida para que no vengan. Pero, si algo falla, acuden al aborto, incluso más de una vez. Ese matrimonio se ha inclinado a la muerte y ha sembrado la violencia en su seno. La mayoría dice que no “pueden sostener económicamente un hijo o uno más”, y se quedan tan tranquilos. Olvidan que probablemente sus padres tuvieron más hijos, incluso en peores circunstancias económicas en las que ellos se encuentren. No es problema económico, salvo alguna honrosa excepción y casi siempre con carácter temporal. ¿No podían acudir a los ciclos de fertilidad naturales si el problema es realmente grave? No es problema tanto económico o de agobio materno, sino más bien de falta de generosidad.

5.- La enorme irresponsabilidad de los políticos que promulgan leyes inicuas, como la todavía vigente en la actualidad en España que permite abortar a “la carta”, dándole rango de “derecho humano” a ese acto execrable.

6.- La tristísima actuación de algunos médicos que olvidan la esencia de la deontología de su profesión, tan digna y maravillosa, para convertirla en un fraude, pues su razón de ser médicos es dar y mantener la vida, no quitarla.

Ante esta situación, yo me pregunto: ¿Pero cuál es la razón de fondo de todo esto? Opino lo siguiente: los seres humanos venimos al mundo porque Dios quiere, y para que no se nos olvide ha grabado en cada uno de nosotros, —blanco, negro o amarillo— un sello indeleble que es la ley natural: “Busca el bien y aléjate del mal”. Y nos ha puesto como un fuerte timbre en nuestro interior que se llama conciencia que nos avisa cuando nos salimos de esa regla. ¿Pero qué ocurre con algunos de nosotros? Pues que para no oír el timbre, echamos toneladas de basura encima. En ese momento, ya todo vale y perdemos nuestra dignidad dejando de ser humanos y nos comportamos como he descrito. Y que no se olvide: la ley natural es para todo ser humano que viene al mundo, sea posteriormente cristiano o no creyente.

Y, en último lugar, pienso que es la causa más importante, es que en España muchísimas personas que recibieron en su día la gracia incomparable del Bautismo y por tanto son cristianos de hecho viven como si Dios no existiera. Han dejado de pensar en Él; no tienen en cuenta sus mandatos y su ayuda constante cuando se la pedimos humildemente. Han olvidado que es un Dios que “perdona” y que ha dado su vida por nosotros en la cruz y que no nos abandona nunca. Y, por tanto, cuando se plantean estos problemas propios de nuestra fragilidad, casi siempre, en vez de pedir ayuda a Dios para respetar esa vida que está llamando a su puerta, y criarla y amarla, acuden al médico innoble que la elimina.

En resumen, amigos, hemos acabado un Año de la Fe, proclamado por el Papa Benedicto XVI. Os invito a confiar plenamente en Dios, a pedirle que de verdad entendamos lo que es ser cristianos coherentes, pues os aseguro que la vida no tiene sentido si no la llevamos adelante unidos a Dios y haciendo siempre su voluntad.

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