Las raíces del hundimiento europeo

Europa hoy recuerda la caída del Imperio Romano Europa hoy recuerda la caída del Imperio Romano

Los últimos acuerdos de la UE, forjados sobre todo por Alemania y Holanda, prescindiendo de otros países miembros, son una vergüenza moral y un escándalo político de proporciones históricas, porque contravienen lo establecido en, como mínimo, media docena de normativas internacionales o de la propia Unión que regulan los derechos de los refugiados. Lo que plantea Europa es nada más y nada menos que la deportación en masa y la construcción en Turquía de campos de refugiados de futuro incierto para cientos de miles de personas. Naciones Unidas ya ha denunciado la ilegalidad, que sitúa a Europa entre los regímenes del mundo menos respetuosos con los derechos humanos. Los actuales gobernantes de la Unión y de los estados miembros pasarán a la historia con vergüenza (y aquí, ni PSOE ni Ciudadanos, ni Podemos, también aparezcan como cómplices con su silencio). Pero el daño está mucho más extendido, es mucho más profundo, porque en demasiados casos la oposición comparte plenamente las medidas. Trump es un populista demagogo peligroso porque, entre otras cosas, quiere construir una muralla con México. La UE ya la ha levantado con Turquía que cobra 6000 millones para hacer de guardián. Eso recuerda demasiado a la Caída del Imperio Romano de Occidente, cuando los emperadores débiles pagaban a unas tribus para que actuaran como barrera ante las oleadas de pueblos centro europeos y eslavos, los “bárbaros”.

El resultado es la suma de errores clamorosos. Pero, hay que ahondar más, hay que identificar las causas radicales de esta traición a la esencia de Europa, definida por el humanismo y la solidaridad. Y esta raíz no es otra que la que anunció Juna Pablo II. Es la negativa a vivir asumiendo sus raíces cristianas.

La destrucción y reconstrucción a partir de 1945

En 1945 Europa está destruida, sin ley ni orden, con odios cervales desatados por años de guerra y maldad. Era una situación dantesca que ha sido olvidada. Más de 50 millones de muertos, millones de refugiados huyendo de la destrucción y la muerte; gravísimos daños a la industria instalada con la subsiguiente disminución de la producción; derrumbe del sistema de transporte y comunicaciones; la infraestructura vial colapsada, y salvajismo por la ausencia de un mínimo orden.

Pero muy pronto surge la respuesta. El 18 de abril de 1951 y sobre la base del plan Schuman de 1950 seis países firman un tratado para gestionar sus industrias pesadas —carbón y acero— de forma común. De este modo, ninguno puede individualmente fabricar armas de guerra para utilizarlas contra el otro, como ocurría en el pasado. Los Estados miembros originarios son Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos. Marca el inicio de lo que sería la nueva Europa que avanza con la instauración de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en julio de 1952, y que se concretaría ya como el factor decisivo de la Unión, con el Tratado de Roma de 1957 que constituye el “Mercado Común”, la Comunidad Económica Europea (CEE)

Durante todo este periodo se inicia lo que sería la época gloriosa de Europa, con su política de reconstrucción.

La negación de las raíces cristianas de Europa

En gran medida hemos vivido de aquel esfuerzo y aquellos cimientos, basados en la cooperación, la solidaridad, el pragmatismo y la voluntad decidida de avanzar hacia la unidad, limitando el papel de los estados. Pero toda esta visión y acción surge de una evidencia: la cultura cristiana, el trasfondo cristiano de la política. No solo porque lo es la forma de decidir de los grandes líderes del momento Schuman, Adenauer De Gasperi, sino que lo son las fuerzas de gobierno en los países que inician la senda común. La democracia cristiana con este calificativo en Alemania e Italia, como MRP (Movimiento Republicano Popular) en Francia. Una democracia que poco tiene a ver con un partido confesional, y sí mucho con la ley natural, una democracia “tomista”, del Santo Tomas que tanto se opone a los excesos seculares sobre la Iglesia de Federico II de Sicilia, como a la visión teológica de la política del rey modelo para la cristiandad Luis IX de Francia.  MacIntyre lo explica de forma excelente en su Ética y Política (publicado en España por la editorial Nuevo Inicio)

Pero, hoy ese trasfondo cristiano ha desaparecido de Europa, y de una forma aguda en el caso de España, de tal manera que ahora el cristianismo es contracultural. Y la desaparición de este fundamento está en la base de todos los errores cometidos, las políticas que sacrifican lo humano, el oportunismo más descarado, el renacimiento de los egoísmos estatales y de grupo, el imperio liberal, a secas, con el “Neo” delante o con el añadido de social. Nada es capaz de aunar visión de águila y trabajo de hormiga, impera el vuelo gallináceo y el toma el dinero y corre. El fin de Europa es la consecuencia de su rechazo de la raíz cristiana, el hundimiento de Europa es la consecuencia de la Sociedad Desvinculada.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>