Las redes

La pesca es una actividad que requiere conocimientos, destreza y paciencia. Actividad individual personal en el mar, cerca de la orilla, en el lago, e…

La pesca es una actividad que requiere conocimientos, destreza y paciencia. Actividad individual personal en el mar, cerca de la orilla, en el lago, en el río. Actividad colectiva económica laboral en alta mar con redes verdaderas, si las olas y temporales lo permiten. También en lo deportivo como actividad lúdica. ¡Ecológica actividad ésa de pescar por pescar para devolver al medio acuático las capturas obtenidas!

Recuerdo (tengo el libro en casa) que decía Dale Carnegie que en los anzuelos de las cañas se colocan lombrices, pues eso es lo que gustan comer los peces. Obviamente existe un engaño que el pez no detecta: picar en el anzuelo.

Existen hoy otras redes. Reciben la denominación común de sociales. ¿Lo son? Pienso que no siempre. Nada que objetar al invento en sí, sino a sus variopintos contenidos y modos con que expresan aquello que expresan. Cuando digo contenidos no me refiero únicamente a los moralmente ilícitos.

Ser esclavo de contenidos píos sociales debiera ser muy ilícito. Es decir si el propio tiempo para rezar, meditar, leer, escuchar música, estudiar, comunicar algo de importancia a alguien y leerlo de este alguien, deja paso a un tiempo que quiere y no puede atender lo que todo alguien te expresa, acabas siendo prisionero de una magna red. Red en la que no controlas nada y en la que, con la mejor de las intenciones, todo el mundo trata de influirte… incluso evangelizándote. Sugiero para ello distintas @ a fin de no mezclar la comunicación personal con la publicitaria sea comercial o no lo sea.

El fracaso escolar y la falta de rendimiento en los estudios, hoy, vienen dados por esto. La comunicación infantil y juvenil a dos dedos es tan preeminente que difícilmente existe tiempo reposado para abordar un libro sea de papel o electrónico. Los móviles te dan el latazo incluso dentro del templo. Con lo fácil que es silenciarlos. Más fácil dejarlos en casa en estos momentos.

Reconozco que tanta tecnología no es lo mío. Sin embargo ocupa una buena parte de mi tiempo de pensionista. Trato que los tweets no distraigan mi atención. Para asegurar mi tiempo no los tengo desviados a mi móvil. Como tampoco el correo electrónico. Las cartas postales que recibes las atiendes en un momento dado de calma doméstica… publicidad incluída y con papelera cercana. Para que el WhatsApp no distraiga mi atención, apenas me entero cuando recibo uno en el momento en que lo recibo.

Los atiendo todos en comunicación de uno a uno y en comunicación grupal de uno a todos en los varios pocos grupos de personas amigas conocidas con anterioridad. Soy yo quién me conecto cuando quiero conectarme para atender a personas que conozco. No cuando quiere mi prójimo no amigo de carne y hueso. Mi prójimo desconocido cree que lo que para él es preeminente también lo es para mí. Mi prójimo desconocido ¿amigo de qué?

Eso del Twitter está muy bien… si tienes secretarias y secretarios que atiendan los tweets que recibes, igual como actúan quienes los emiten. Si no es así quedas atrapado en la red de tu propio tiempo insuficiente. Puedes atenderlos tal vez en trayectos de transporte público. También para no aburrirte mientras ves la televisión si lo que ves es aburrido. Por ejemplo los telediarios de las distintas cadenas, reiterativos, rimbombantes y con morbo informativo.

Toda red social con contenido es interesante y éticamente admisible si no se convierte en ladrón de tu propio tiempo. Pues de lo contrario quedas atrapado como un pez en una red que campea por doquier. También las parrafadas excesivas, como algunas mías, pueden ser contraproducentes para el lector. Ésta no. Tiene un solo folio redactor en suave llamada de atención personal.

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