Las “tres grandes mentiras” del anteproyecto de ley que regula el proceso final de la vida

En las últimas semanas, el Anteproyecto de Ley Reguladora de los Derechos de la Persona ante el Proceso Final de la Vida que ha presentado el G…

En las últimas semanas, el Anteproyecto de Ley Reguladora de los Derechos de la Persona ante el Proceso Final de la Vida que ha presentado el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha generado críticas desde diferentes instituciones y organizaciones.

Cabe recordar, entre otras, las de dos expertas organizaciones, como la Sociedad Española de Cuidados Paliativos y la Organización Médica Colegial; la del presidente de la Asociación de Bioética de la Comunidad de Madrid, José Jara, que denunciaba ‘seis puntos oscuros’ de la futura ley; o la de la Asociación CiViCa, que propone una revisión del texto para evitar “inseguridad jurídica”.

Ahora es la asociación Medicina y Persona la que pone el dedo en la llaga al denunciar en un manifiesto las “tres grandes mentiras” que encierra el anteproyecto de Ley que propone el Gobierno socialista.

En ese manifiesto, Medicina y Persona advierte de que “esta ley ciertamente no regula de forma abierta la eutanasia, pero permite que suceda impunemente”.

Hay que señalar que Medicina y Persona es una asociación sin ánimo de lucro que “tiene por objeto promover los valores de libertad, profesionalidad, subsidiariedad y atención a las necesidades de las personas en el ámbito sanitario”, como ellos mismos indican en su web.

Desde su origen, el 28 de febrero del año 2001, sus objetivos van dirigidos a “humanizar los distintos aspectos de la profesión sanitaria intentando hacer una crítica constructiva de las realidades que componen nuestra actividad diaria”, añaden.

Rápido y sin consenso

Lo primero que critica la asociación del texto presentado por la ministra de Sanidad, Leire Pajín, es que el anteproyecto “se está promoviendo a velocidad vertiginosa”, además de ser una ley “promovida ideológicamente por el poder, sin el consenso de los profesionales sanitarios ni la consideración de las personas a las que está dirigida”.

Como ejemplo de hasta qué punto se trata de un texto legal elaborado sin consenso, Medicina y Persona recuerda que “sólo se ha contemplado una de las 36 alegaciones que han realizado la Sociedad Española de Cuidados Paliativos y la Organización Médica Colegial”.

Además, consideran que “no se está informando ni a la población ni a los estamentos sanitarios de lo que se está gestando”

El texto de la ley se fundamenta aparentemente en una serie de derechos para los pacientes terminales que tienen que ver con el número creciente de procesos terminales y que parten “de un supuesto tremendo: ‘los procesos terminales, degenerativos e irreversibles (…) son comprometedores de la dignidad personal de quienes los sufren’”.

No existe la objeción de conciencia

Para hacer frente a esta dificultad, la futura ley propone una serie de derechos para estas personas o sus representantes legales, que giran en torno al “derecho a decidir sobre las intervenciones y el tratamiento a seguir en dichas situaciones, incluyendo lo necesario para evitar el dolor y el sufrimiento, los llamados cuidados paliativos”, dice la asociación.

Sin embargo, “el profesional se convierte en mero ejecutor de ‘la voluntad del paciente, que se configura como mandato fundamental del personal sanitario’ y no se contempla el derecho a la objeción de conciencia ya que el profesional tendrá todo el amparo legal si respeta las convicciones y decisiones del paciente”, añade.

Así, el documento en ningún momento contempla la posibilidad de que el profesional se niegue a realizar la voluntad del paciente”. En de que el paciente esté incapacitado, será su representante legal o familiar más próximo quien tendrá potestad para decidir qué tratamientos dar o suspender.

Las tres grandes mentiras

Medicina y Persona destaca en su manifiesto que “esta ley encierra, a nuestro juicio, tres grandes mentiras”:

“La primera es que la dignidad del que sufre un proceso terminal o una enfermedad incurable está comprometida”.

Pero, “la dignidad de una persona no radica en su estado de salud o condición física, sino en su condición de ser, libre e irrepetible, de amar y de ser amado. Tenemos experiencia de acompañar a pacientes cuya dignidad en circunstancias dolorosas no sólo no se ve disminuida sino que es ejemplo y aliento para todos”, argumenta la asociación.

“La segunda mentira es que la ley tiene “…el claro propósito de propiciar el mayor alivio posible al sufrimiento físico, psíquico y moral.”

Ahora bien, “ninguna ley puede cumplir este propósito. Sólo se alivia el sufrimiento al calor de una relación humana, de la trama de relaciones del paciente con su entorno familiar, social y con los profesionales de la salud que le atienden”, dice el manifiesto.

Además, “el dolor se debe aliviar con medicación, y con sedación cuando está indicada por los protocolos ya existentes, pero el sufrimiento ante la enfermedad sólo puede acompañarse y abrazarse, y tampoco desaparece de la familia con la muerte precoz o premeditada del que padece”, destacan.

“La tercera mentira es que la relación médico-paciente es una de sospecha”. Sin embargo, “nuestra relación, la que de hecho se da entre muchos de nosotros y nuestros pacientes, es una en la que ambos buscamos el mismo fin, y para ello trabajamos juntos.

Los pacientes acuden a los médicos y enfermeras en busca de nuestra habilidad profesional y necesitan la certeza de que sabemos qué hacer. Y los profesionales contamos con las necesidades y opiniones de nuestros pacientes. Es nuestra responsabilidad actuar con una profesionalidad impecable y tratar a nuestros pacientes acorde a nuestra vocación de cuidar”, agrega el manifiesto.

Medicina y Persona advierte de que “leyes ideológicas como esta son absolutamente innecesarias cuando existe una certeza de la dignidad de la persona y una relación humana entre el paciente y quien le atiende”.

“Tenemos la experiencia de que, en este marco, tanto en enfermedades incurables como en los últimos momentos de la vida pueden darse situaciones dramáticas pero de gran belleza y crecimiento para el paciente, para sus familiares y para quienes tenemos el privilegio de acompañarles”, concluye.

Hazte socio

También te puede gustar