Leer al Papa

A este Papa hay que leerle. Encuentro cuatro motivos para hacerlo: 1.- Porque es el Papa. 2.- Por lo que dice. 3.- Por lo bien que se le entiende. …

A este Papa hay que leerle. Encuentro cuatro motivos para hacerlo:

1.- Porque es el Papa.

2.- Por lo que dice.

3.- Por lo bien que se le entiende.

4.- Porque lo necesitamos.

Al decir que hay que leer a este Papa sé que no descubro nada nuevo, porque a este Papa hay que leerle de igual modo a como ha habido que leer a los anteriores. Pero me parece que no está de más el recordarlo porque el pontificado del Papa Francisco está resultando tan llamativo por los gestos y los titulares que produce, que bien pudiera ser que con el ruido de los titulares se nos pasara por alto el contenido sólido y profundo de sus enseñanzas. Yo al menos sí percibo este riesgo. Del Papa Francisco está muy bien que nos cautiven esas noticias e imágenes que tanto están llamando la atención: sus manifestaciones de cercanía, sus llamadas de teléfono por sorpresa, la espontaneidad de muchos de sus gestos e incluso las rupturas de protocolo; ahora bien, ¿sabemos de verdad lo que dice?, ¿seguimos sus enseñanzas?, ¿aprendemos de lo que escribe?, ¿lo meditamos, lo hacemos nuestro?

Quizá haya quien se pregunte por qué hay que seguir las indicaciones del Papa. ¿No sería suficiente con que le obedecieran los “miembros cualificados” de la Iglesia, curas y obispos, monjes y monjas?

La respuesta es no y además si alguien hiciera una pregunta así, estaría mal hecha. En la Iglesia no hay unos “miembros cualificados” y otros no. En la Iglesia somos todos hijos, y algunos de estos hijos han recibido la misión -dada por Cristo- de pastorear a sus hermanos. Por eso a los católicos no nos puede resultar indiferente lo que diga el Obispo y por la misma razón no nos puede resultar indiferente lo que nos diga el Papa, a no ser que vivamos de espaldas a nuestros pastores. Para cualquier fiel católico su Obispo es su padre en la fe y su pastor. Es esta una verdad muy simple y muy olvidada, y precisamente por eso merece ser aireada de vez en cuando. Al tiempo hay que decir que en la Iglesia ningún obispo va por libre. Toda su potestad y su pastoreo se ejercen adecuadamente cuando se ejercen en comunión con el Obispo de Roma. Esto hace que para cualquier católico la actitud y la toma de postura hacia al Papa sea similar a la que debe mantener hacia su Obispo. Así lo recuerda el Concilio Vaticano II (véase L.G. 25).

En cuanto a la postura frente a los pastores podemos encontrar de todo ya que el abanico de posibilidades está muy abierto. Aquí caben actitudes y comportamientos de lo más variado, desde el el amor ardiente hasta el rechazo enconado pasando por la fidelidad, la reverencia, la adhesión, la obediencia, el respeto frío, el ninguneo, la indiferencia o el desprecio.

Pues bien, sea cual sea nuestra ubicación frente a los pastores, a este Papa hay que leerle. Los que somos católicos porque el Papa es el Papa, nuestro padre y pastor, se llame Francisco, Benedicto o Juan Pablo, nos resulte más atractivo o menos, entendamos mejor o peor lo que dice. Y los que no lo son porque el Papa Francisco escribe también para ellos; de hecho escribe para todo hombre que quiera prestar oídos a sus enseñanzas.

Y qué bien lo hace. Porque su lenguaje es llano, castizo, fácilmente comprensible y directo, muy directo. Y además profundo, y además cuantioso. Con los actuales medios de información disponemos de magisterio abundante, tanto que solo quien tenga mucho tiempo disponible podrá seguir de cerca todo lo que dice el Papa. De entre todo lo que escribe y habla el Papa, si hubiera que elegir algún texto, yo me inclino por la exhortación apostólica Evangelii gaudium. Confieso que me ha encantado, me ha parecido especialmente luminosa, llena de realismo y de inquietud apostólica. La exhortación no es un documento exclusivo del Papa, sino el documento que el Papa hace suyo tras quitar, poner, aclarar, ampliar, etc., el trabajo conclusivo que recoge el estudio y las aportaciones del Sínodo de los Obispos. En este sentido la Evangelii gaudium se puede entender como el texto programático del pontificado de Francisco, marcado con el sello que quiere imprimir a su labor pastoral de sucesor de San Pedro. Si hubiera que señalar algunos rasgos, yo destacaría estos cuatro: dinamismo misionero, estilo alegre y comprometido, atención preferente a los más necesitados, sentido de comunidad.

Para terminar, un último apunte referido a nosotros, los destinatarios. Quizá no siempre caemos en la cuenta de que necesitamos leer lo que el Papa nos dice y nos escribe, quien no lo necesita es él. El Papa no necesita enseñarnos, somos nosotros los que necesitamos de su magisterio; él no precisa de nuestra escucha, nosotros sí necesitamos de sus palabras. Nuestra acogida, nuestra indiferencia o nuestro rechazo ni le ponen ni le quitan nada. Ni su persona ni su pontificado crecerá con nuestra acogida ni menguará con nuestra sordera, en cambio nosotros estaremos abasteciendo el alma o dejándola en ayunas.

Hay que leer al Papa, a este Papa, merece la pena.

Mil gracias. Que Dios te bendiga.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>