Liderazgo joven

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La ‘Gran Depresión’ económica en la que estamos inmersos devora incluso la atención por la causa que nos han conducido a ella: la crisis moral. Es un gran, un inmenso error, dejar que funcione como un agujero negro que todo lo lleva a la tiniebla del olvido. Y nuestros gobernantes, tan asustados, parecen haber olvidado que se pueden hacer actuaciones decisivas con poco dinero.

Una de las cuestiones claves que han pasado a un tercer plano es la emergencia educativa que vivimos, causada por la desmesurada cifra que asume el fracaso escolar, el abandono temprano, paliado ahora por la desgracia del paro juvenil, la deficiente preparación de una parte de los que acceden a la universidad, y el minúsculo porcentaje de alumnos que consiguen niveles de excelencia.

Sostengo que el nudo gordiano del problema no lo resolveremos bien sin una acción combinada sobre el cuadrilátero del éxito en el que se juega la partida, que requiere políticas de capital social: la capacidad educadora de la familia, su buena articulación con la escuela, el orden y la calidad de la enseñanza impartida en el aula, y la forma cómo se ocupa el tiempo libre. Pero todo esto no mejorará la proporción de alumnos excelentes. Y sin más gente, humana y técnicamente muy buena, no tenemos suficientes personas que tensen la cuerda de nuestros adolescentes y jóvenes.

Baden Powell hizo evidente hace muchos años que el mejor educador de un joven es su compañero y su pandilla, si se dispone de líderes naturales, capaces de aportar un horizonte de sentido en su entorno. Para favorecer este objetivo, en la Universidad Abat Oliba hemos desarrollado el Programa de Liderazgo Joven, dirigido a estudiantes de bachillerato y de universidad, a los que con una dedicación de 110 horas lectivas, compatibles con sus estudios, se les dota de un plus de formación dirigido a mejorar sus fundamentos humanistas y científicos, aprender a estructurar el propio pensamiento y elaborar su criterio, a transcender de ellos mismos en la convicción del servicio y la formación en virtudes cívicas. También a asumir habilidades que doten de eficacia a sus conocimientos, sobre todo en la expresión no verbal, verbal, y escrita; a dirigir, en el mejor sentido del término: a preparar un proyecto, conducir una reunión, negociar, pacificar un conflicto; a dialogar con personas que son buenos ejemplos de liderazgo y extraer experiencias útiles.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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