Línea, bingo y ruleta

¿Quién no ha jugado al juego infantil de la lotería? Yo sí. Pero, al cabo de unos años, ese juego de niños f…

¿Quién no ha jugado al juego infantil de la lotería? Yo sí. Pero, al cabo de unos años, ese juego de niños fue una realidad para adultos en unos establecimientos denominados ‘Bingo’. Impone bastante ver a personas de distintas edades enganchadas por la ludopatía cantando “línea” en algunos casos.

Unos años más tarde, en plan lúdico y con cantidad limitada de antemano, me dirigí en una ocasión con mis compañeros de trabajo y nuestras esposas al Casino de Sant Pere de Ribas. Lo pusimos todo en común. Me encontré por delegación de mis compañeros en la mesa de la ruleta jugando a pares-impares. Los demás observando. Llegó un momento que el nerviosismo hizo mella en mí y decliné en otro la tarea de jugar por todos. El dinero en juego llegó a ser de cierta magnitud.

Terminó cada uno con sus propias fichas jugando a su aire. Pude presenciar como la máquina tragaperras concedía premio a un compañero de trabajo. Cenamos allí. Y llegó el momento de gastar las últimas fichas. Recuerdo el rato bochornoso que pasé. Tenía una ficha de 100 pesetas. Se me ocurrió jugarla. La persona que dirigía la mesa me advirtió con amabilidad que la jugada mínima era de 500 pesetas.

Si todo esto fue una vivencia personal anterior a la euromoneda, ¿en qué va a consistir el juego en Eurovegas? La banca nunca pierde. La banca siempre gana. La ‘banca’ gana sea en Madrid, en Barcelona, en París, en Londres o donde quiera que sea. Gana con el dinero del ludópata. Éste o ésta es un ciudadano o ciudadana que va a divertirse, pero totalmente consciente de su dinero en juego, incapaz de retirarse por si mismo, entusiasmado por el ‘negocio’ que contemplan sus ojos. Si esto me pasó a mí, ¿qué le sucede a toda persona alejada de la práctica cristiana?

¿El jugador es una persona acaudalada? Tal vez sí, en algún caso. El jugador es siempre un trabajador en activo o en el paro, un empresario con problemas, es alguien que quiere cambiar su suerte en la vida buscándola, es alguien que se deja fascinar por la propia ‘suertecilla’ o la ajena que está contemplando. Es alguien que no tiene bastante con las quinielas, los décimos, las loterías primitivas y el euromillones.

Es alguien que si recibe premio necesitará gastarlo en lujo, hoteles y acompañamiento sexual no conyugal. Eurovegas es eso y mucho más. Cualquier oposición es insuficiente. Es una grave inmoralidad. La primera oposición que debemos alentar es la categórica a trabajar en las empresas vinculadas al proyecto, empezando por los empresarios y el personal autónomo del sector inmobiliario y de la construcción.

En la medida que esta oposición sea notable el proyecto Eurovegas será un fiasco. Debe serlo también por otra razón. El amor a la patria, a ese proyecto sugestivo de vida en común que nos definió Ortega y Gasset, consensuado en nuestro ordenamiento político vigente, aun cuando no nos guste. Sin buscar culpables, entonando el propio mea culpa con espíritu colaborador aunque haya discrepancias de criterio. Tenemos todos una gran ocasión de demostrar ante el mundo entero qué quiere decir la palabra política.

¿Cuántas personas acabarán arruinadas o hipotecadas en sus vidas? ¿Cuántas voces se alzarán en contra? Necesitamos con urgencia una regeneración moral de nuestra maltrecha sociedad.

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