Liquidación del patrimonio común de la Transición: la reconciliación

Una de las características de la política interior del presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha girado en torno al eje d…

Una de las características de la política interior del presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha girado en torno al eje de ‘las dos Españas’. El presidente socialista ha sabido polarizar como nadie las diferencias ideológicas de la ciudadanía para provocar tensiones y conflictos que distrajeran a la opinión pública de la pésima gestión gubernamental.

De esa forma Zapatero ha dilapidado el costoso patrimonio común construido a través de las concesiones y los esfuerzos de todos los bandos en el inicio de la democracia española: la reconciliación.

Ese valuarte conseguido por la Transición y que ha colocado a ese período español como el paradigma en los libros de historia de cómo debe ser el paso de un gobierno totalitario a uno democrático ha desaparecido del consenso político y social español. Ese valor primordial a partir del que se construyó la democracia moderna ha sucumbido a los intereses de una política beligerante al servicio del titular de prensa y alejada de toda finalidad social.

El elogio de la República

Esa polarización de la sociedad española a través de la política ha tenido mucho que ver con la exaltación de unos valores históricos en detrimento de otros. Por ejemplo, en el año 2006, al inicio de su andadura como presidente del Gobierno, Zapatero lanzó elogios en el Senado al desgraciado periodo de la República y a la constitución de un estado de “nos contra otros” que se derivó de aquella difícil época de la historia española.

Trasladado a la política actual, el líder socialista ha fomentado la idea de los dos bandos y de las dos Españas encontrando su paralelismo en el bipartidismo que existe en la política española actual monopolizada por PP y PSOE. Zapatero ha sabido como nadie sacar petróleo de ese conflicto y de esa polarización política trasladándola a la ciudadanía.

Esa forma de enfrentar a la sociedad tiene mucho que ver con la concepción guerracivilista de la democracia que tiene el presidente del gobierno. En ese sentido, ha practicado cada vez más la dictadura de la mayoría simple más escueta, que es la que peor se puede hacer en una democracia responsable.

La Ley de Memoria Histórica

Un ejemplo de la construcción política de esa idea de los dos bandos fue la Ley aprobada por los socialistas de Memoria Histórica. Esta Ley no ha hecho sino abrir viejas heridas y encrespar los ánimos en una sociedad que ya daba por zanjada la cuestión gracias a una ejemplar Transición, reconocida internacionalmente.

La iniciativa de Zapatero generó en su momento un intenso debate en el Congreso de los Diputados, un debate que generó a su vez un conflicto social que aún pervive. Además, esa iniciativa anunciada a bombo y platillo por los medios afines al PSOE reveló una paradoja: mientras un 80 por ciento de los votantes de izquierda se apuntaban al proyecto, muy pocos son los que saben qué ocurrió o quiénes eran los protagonistas, ni se sentían implicados, según reveló una encuesta publicada por el diario pro socialista El País.

La misma encuesta revelaba que cuando lo que se pregunta es si se consideraba que, 70 años después, seguía habiendo dos Españas enfrentadas se observaba que un 58,3 por ciento de votantes del PP, un 47,5 por ciento de los socialistas y un 64 por ciento de los de IU opinaban que sí, que continúa el enfrentamiento.

Estos datos cuestionaban la política de enfrentamientos que el PSOE protagoniza con el PP. Si más de la mitad de los españoles (una media del 56,6 por ciento) consideran que sigue habiendo ese enfrentamiento, ¿cómo es que los dos partidos que mayoritariamente representan al conjunto de los españoles, sobre todo el partido que mantiene responsabilidades de Gobierno, no adoptan una actitud que genere concordia en lugar de división?

Decisiones como la de crear una Ley de Memoria Histórica, una tarea más propia de historiadores quienes valoran cómo explicarla objetivamente, no ayudó demasiado en ese sentido.

No es baladí lo sucedido en torno a esta y otras iniciativas de disensión gratuita promovidas por el socialismo de Zapatero. La Ley de Memoria Histórica refuerza una idea desarrollada por el líder socialista profusamente en sus políticas que contribuyen a resucitar una fractura social que tendremos que pagar los españoles.

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