Lo único que nos falta es el tiempo

Con cinco hijas solteras, cada cual más guapa, brillante y graciosa que las demás, me interesa de manera natural el tema de "quedar y salir"…

Con cinco hijas solteras, cada cual más guapa, brillante y graciosa que las demás, me interesa de manera natural el tema de "quedar y salir". El otro día, ojeando varias webs de encontrar pareja, me confundió ver tantas mujeres que, para "venderse", proclaman su afiliación política. Francamente, ¿a quién le importa? ¿Es que sus madres no les enseñaron a no hablar de religión, sexo o política? Más aún, casi todas declaraban ser "liberales de izquierda". ¿Por qué quieren desanimar a un universo entero de pretendientes guapos, inteligentes, viriles y conservadores?
Una amiga mía, una empresaria judía soltera, recientemente me ayudó a entender la respuesta. Ella veía bien que subiese el precio de la electricidad, decía, porque eso le incentivaba a reducir su consumo. ¿Lo pillan ustedes? Usar mucha electricidad es un problema, no porque sea caro, sino porque es maligno. Ella quiere que la electricidad sea más cara para desincentivar su uso.
No es por ahorrar dinero. Esta chica tiene su propio condominio y viste suéters de 400 dólares. Ella habla de moralidad, de hacer lo correcto, no lo económico. Tal como lo ve, es simplemente erróneo usar más electricidad que la parte que te corresponde.
¿Realmente sufrimos de escasez de electricidad o de otra energía? ¿Debería racionarse? La respuesta moral es "sí, si sufrimos escasez de energía" y "no, si sólo la estamos imaginando".
No sería la primera vez que imaginamos una escasez de energía. Hasta principios del siglo XVIII los hogares coloniales se calentaban sobre todo quemando leña. Los bosques desaparecían y las colonias en crecimiento se estaban quedando sin madera. La consigna entonces era eliminar la inmigración y racionar la leña, hasta que encontraron carbón y empezaron a quemarlo. Como con todas las cosas nuevas que no se han probado, el carbón tenía sus peligros. Pero pronto se sobrepasaron y hacia 1840 en EEUU se gastaba un millón de toneladas de carbón al año.
William Jevons, profesor de economía del University College de Londres se hizo famoso por una conferencia que publicó en 1865. Se titulaba "La cuestión del carbón, una pregunta sobre el progreso de la nación y el probable agotamiento de nuestras minas de carbón". Predijo que la prosperidad británica se acabaría en 50 años cuando el país se quedara sin carbón y recomendaba una ralentización industrial para conservar el carbón que quedaba. Estamos en el 2005 y Gran Bretaña sigue extrayendo y quemando carbón.
EEUU dependió del aceite de ballena para iluminarse. A principios del siglo XIX, algunos avisaron de que con el ritmo creciente de caza de ballenas, América pronto se quedaría a oscuras. Recomendaban apagar todas las luces a las diez de la noche para conservar el aceite de ballena que quedaba. Las lámparas empezaron a quemar parafina en vez de aceite de ballena hasta que la electricidad de Edison iluminó las ciudades americanas.
Desde los años 70 hemos oído mucho sobre el agotamiento de las reservas de petróleo. Nadie duda de que las existencias de petróleo son limitadas, como lo era el aceite de ballena. ¿Deberíamos entonces aconsejar el ahorro de petróleo como se hizo en su día con la madera, el aceite de ballena o el carbón?
La verdad es que aunque necesitamos energía, no tenemos una necesidad específica de madera, aceite de ballena, o petróleo. Cada uno en su época se adecuó a su propósito. Uno de los mensajes centrales del judaísmo es que usar la energía es algo únicamente humano. Los animales no buscan fuentes externas de enrgía.
Cazan y recolectan, siempre gastando ligeramente menos energía corporal en la búsqueda que la que obtienen de consumir los recursos.
 
Pero nosotros los humanos tenemos un deseo profundo de liberarnos de las faenas molestas. Subconscientemente, esto puede ser porque deseamos tener tiempo para encargarnos de objetivos más espirituales. Somos capaces de una creatividad e invención infinita y no necesitamos temer la escasez de energía. Fue nuestro genio humano, ilimitado, lo que nos llevó de la leña al carbón y del aceite de ballena al petróleo.
En cada paso aprendimos a extraer incluso más energía de cada libra de material. Ahora tenemos la energía nuclear, un proceso que libera unas cantidades de energía casi sin límite. ¿Podría ser la energía nuclear para nosotros lo que fue el petróleo para quienes preveían el final del aceite de ballena?
Pronto, quizá, no buscaremos más una falsa redención a base de ahorrar energía. Encontraremos un auténtico propósito moral en nuestra fe religiosa comprando energía igual que lo hacemos con la ropa y el café, consultando nuestros sueldos, no nuestras conciencias.
¿Sabéis por qué esas chicas solteras se describían políticamente como "liberal de izquierdas"? Porque pensaban que era la mejor forma de decir: "soy una persona buena, moral, que se preocupa de los demás". ¡Dejemos de buscar aprobación moral llevando una etiqueta de "liberal de izquierdas"! Ser "liberal de izquierdas" puede ser nuestra política, pero no debería ser nuestra moralidad. Nuestra moralidad debería ser la fe bíblica.
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Rabino Daniel Lapin, Toward Tradition (www.towardtradition.org)
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