Los 25 años de las primeras elecciones catalanas de la actual democracia pasan inadvertidos

El pasado domingo 20 de marzo, se cumplieron los 25 años de las primeras elecciones autonómicas catalanas de la actual democracia. Este importante ani…

El pasado domingo 20 de marzo, se cumplieron los 25 años de las primeras elecciones autonómicas catalanas de la actual democracia. Este importante aniversario, sin embargo, ha pasado inadvertido tanto entre la clase política, incluidas sus principales instituciones, como en los medios de comunicación. Se ha escrito y se ha hablado mucho de varios acontecimientos relevantes que quedaron concentrados en aquel mes de marzo de 1980; por ejemplo la muerte en accidente de Félix Rodríguez de la Fuente y los asesinatos, en sólo dos días, del arzobispo Óscar Romero en El Salvador y del jesuita Lluís Espinal en Bolivia. Pero aquella histórica cita con las urnas, en la que Convergència i Unió ganó por mayoría simple con 43 escaños, no ha tenido apenas eco estos días en la vida pública, ni en Cataluña ni en el resto de España.

En aquellas elecciones al Parlamento catalán, el 20 de marzo de 1980, Convergència i Unió (CIU) fue la fuerza más votada con unos 744.000 votos y 43 escaños. Por detrás, también obtuvieron representación en la nueva cámara autonómica el Partido Socialista (PSC), con cerca de 598.000 votos y 33 diputados, seguido del Partido Socalista Unificado de Cataluña (PSUC), con casi 500.000 votos y 25 escaños, Centristes de Catalunya-UCD con 265.000 sufragios y 18 diputados, Esquerra Republicana con 239.000 papeletas y 14 asientos y el PSA con 71.000 votos y 2 diputados. Jordi Pujol, al frente de CIU, no podía formar mayoría parlamentaria ni con ERC (sólo sumaba 57 de los 135 escaños) ni con Centristes de Catalunya (se quedaba en 61, curiosamente lo mismo que hoy suman CIU y el PP en la oposición al tripartito). Sin embargo, logró la Presidencia de la Generalitat al no concretarse ningún pacto entre las fuerzas de izquierdas. A diferencia de lo que sucedió 23 años después, en 2003, en aquella ocasión no hubo pacto entre PSC, PSUC y ERC, que sumaban 72 parlamentarios y, por tanto, la mayoría absoluta. Aunque Pujol no cerró ningún pacto de legislatura, alcanzó acuerdos con Esquerra, entre ellos el que permitió al entonces secretario general de los republicanos, Heribert Barrera, ser el presidente del Parlament entre 1980 y 1984.

Con los comicios del 20 de marzo de 1980, se cerraba el proceso de normalización de las instituciones catalanas tras el restablecimiento de la Generalitat, que se había producido mediante un Real Decreto promulgado el 29 de septiembre de 1977. Aquella decisión permitió a Josep Tarradellas regresar a Cataluña desde el exilio, ya reconocido oficialmente como presidente. Su sustitución por Jordi Pujol abrió una etapa que ha durado 23 años y medio, hasta el 16 de noviembre de 2003. Fue el día en que, por primera vez en la vigente democracia, CIU se presentaba con un cabeza de cartel diferente, Artur Mas, quien consiguió mantener a la federación nacionalista como la fuerza con más escaños (46), aunque en esta ocasión sí que pactaron los tres grupos de izquierdas (PSC, Iniciativa y ERC) para llevar al socialista Pasqual Maragall al cargo de máxima autoridad de Cataluña que ocupa actualmente.

Las sucesivas elecciones posteriores consolidaron el liderazgo de Pujol tanto en Convergència i Unió como en la clase política catalana. El 29 de abril de 1984, los nacionalistas volvieron a ganar, pero ya por mayoría absoluta y con 72 diputados. En aquella ocasión, el arco parlamentario experimentó un giro que dibujaba un escenario más similar al actual: En la oposición, quedaban el PSC (41 escaños), la antigua Alianza Popular (11), el PSUC (6) y Esquerra Republicana (5). Cuatro años después, el 29 de mayo de 1988, CIU reeditó la mayoría absoluta (69 diputados) y el resto de fuerzas quedaron así: PSC (42), Iniciativa per Catalunya (9), Alianza Popular (6) y ERC (6). El 15 de marzo de 1992, la coalición CIU consiguió su tercera y hasta ahora última mayoría absoluta, con 70 diputados. Por detrás quedaron nuevamente el PSC (40), Esquerra Republicana (11), Partido Popular (7) e Iniciativa-Els Verds (7).

La serie de mayorías absolutas se rompió el 19 de noviembre de 1995. CIU se quedó a 8 diputados de su objetivo y logró 60. Los socialistas se quedaron en 34, el peor resultado de su historia reciente, mientras que el PP alcanzó su techo con 17 y se consolidó como tercera fuerza en esa legislatura. Finalmente, ERC obtuvo 13 e Iniciativa se quedó en 11. En 1999, Jordi Pujol ganó por los pelos las últimas elecciones a las que se presentó, al obtener CIU 56 escaños, aunque perdió en votos y sólo pudo gobernar con el apoyo de los 12 diputados que obtuvo el PP. ERC también logró 12 y se abstuvo en la primera votación de la investidura. Y ya en 2003, se repitió el triunfo nacionalista en escaños, aunque no en votos. Sólo era posible la mayoría si se sumaban los 46 parlamentarios de Convergència i Unió con los 23 de Esquerra Republicana (69 de los 135), pero al final el partido de Josep Lluís Carod-Rovira decidió pactar con el PSC, que había obtenido 42 asientos en la cámara, y con Iniciativa-Verds, que logró 9. Los 15 diputados del PP dejan a esta fuerza política en un papel muy poco relevante en la actual legislatura.

Un presidente carismático

Son 25 años de historia de elecciones autonómicas, unas legislaturas muy marcadas hasta ahora por la personalidad y el carisma de Jordi Pujol, que pasa a la historia como el presidente catalán que más apoyo democrático ha tenido. Actualmente, el ya ex presidente se mantiene fuera de la primera línea política, aunque no ha dejado de aparecer públicamente en momentos concretos. Un ejemplo de ello fue su reciente conferencia de prensa para valorar la crisis generada por las acusaciones de su sucesor, Pasqual Maragall, sobre el ya famoso 3 por ciento.

Pujol ha dejado huella, no sólo en las instituciones catalanas, sino en toda España. Su contribución ha sido decisiva en la normalización y consolidación de la democracia. No han faltado críticas hacia su gestión, pero todas las fuerzas políticas y todos los colectivos sociales coinciden a la hora de valorar su carisma y su moderación y centralidad política en momentos clave. Supo aglutinar corrientes y sensibilidades muy distintas, tanto en el contexto del nacimiento de Convergència Democrática (CDC) en 1974 como en el de la formación de CIU primero como coalición y luego (2001) como federación. También supo nutrirse de un volumen importante de electores cristianos que contribuyeron decisivamente a sus victorias por mayoría absoluta, sobre todo teniendo en cuenta que, en las elecciones generales a las Cortes españolas, siempre ha ganado el PSC.

Desde muy joven, Jordi Pujol ya formó parte de grupos nacionalistas y de inspiración cristiana. Promovió, durante el franquismo, muchas iniciativas para la reconstrucción cultural, económica y política de Cataluña. Llegó a ser juzgado y encarcelado a causa de su lucha por las libertades democráticas. Ya en los años 70, fundó Convergència Democrática y, entre 1977 y 1980, formó parte del Gobierno autonómico de unidad presidido por Tarradellas.

Otros aniversarios similares, mucho más comentados

La casi inexistente repercusión del 25 aniversario de aquellas primeras elecciones catalanas contrasta con la relevancia mediática y política de otros acontecimientos similares. Es el caso de los 25 años de la histórica primera cita con las urnas de la actual democracia, celebradas el 15 de junio de 1977 en toda España. Un cuarto de siglo después, en 2002, la efemérides ocupó lógicamente numerosas portadas de diarios y revistas y abrió varios telediarios, así como otros espacios informativos de medios audiovisuales. También se destacó bastante el 25º aniversario del decreto de reestablecimiento de la Generalitat (29 de septiembre de 1977), un momento ciertamente clave dentro de la transición. Igualmente se celebró en 2003, con gran solemnidad institucional y gran presencia mediática, los 25 años de la aprobación de la Constitución Española, primero en las Cortes y luego en el referéndum del 6 de diciembre de 1978.

Todos estos acontecimientos, igual que otros muchos no citados, fueron muy importantes. Pero no se ha dedicado a las elecciones catalanas de 1980 una atención pública acorde con su dimensión histórica. En olvidos como éste, más que un culpable o culpables, lo que la sociedad catalana debería reivindicar es una recuperación equilibrada de su historia reciente, concediendo a cada acontecimiento la importancia que merece: ni más ni menos.

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