Los complejos de minoría elegida

En el modus operandi evangelizante

La confianza

Complejos hay muchos y de distintas tipologías. De ellos entienden los profesionales de la psicología y la psiquiatría. Todavía más los pastores de  almas que dan prioridad en atender al penitente y… en dirigir espiritualmente a quiénes se acercan a ellos en solicitud de consejos y orientaciones previas a la toma personal de decisiones. Unas son importantes y otras no tanto pero también.

Entre éstos últimos que precisan orientaciones, también estamos quienes tenemos conciencia de militancia en la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo. Muchas veces basta el desahogo espiritual auténtico, cuando nos decimos, abatidos, aquello de que ya no puedo más. Es compatible esto con acudir al psicólogo. Para acudir al psiquiatra, antes es conveniente que lo diga un psicólogo o el propio médico CAP de cabecera, si detecta una patología que así lo requiere.

Muchas veces no es cuestión ni de psicólogo ni de psiquiatra. Decía Santa Teresa de Jesús una frase: Cristo y yo mayoría absoluta. Es decir yo no soy nada pero con El, tratando de obrar en mi vida como El, lo tengo todo. ¿Quiere decir esto que todo es más fácil? Las dificultades en el proceder cotidiano existen. Pero sometidas a Él, cualquier obstáculo es vencible. No mediante el propio razonamiento… y menos el ajeno. Tampoco mediante el pueril reduccionismo de adherirse sin más a lo que establece la doctrina, creyendo que con esto ya hemos cumplido. Reduccionismo incrementado cuando -sin preocuparnos en el conocimiento y profundización personal en la doctrina homologada- asentimos sin más con lo que señala el párroco que toca ahora. Fácilmente se puede confundir el cumplimiento con el cumploymiento (el yo ya cumplo con lo que me indican y no sé más).

 

Asumir que estoy humanamente sólo, aun cuando no sea exactamente así, es el sentido de este aserto teresiano. La persona que entra por esta senda supera las dificultades que la vida le depara. Es la persona positiva que no sucumbe… porque confía. ¿En el primero que pasa por su vera? No. Aprende a distinguir en quién se puede confiar y en quién no. También en quién desconfiar. Practica la virtud de la confianza humana supeditada al abandono en la confianza divina.

La contrapartida es la actitud de nuestro prójimo hacia nosotros, cuando ve que puede confiar en nosotros. El mandato evangélico es el de amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos… tal como Él nos ha amado. Es el sello distintivo, vía ejemplo de mi vida,  del conocimiento que detecta mi prójimo de nuestra identidad cristiana en mí, aun cuando no sé dé el reconocimiento mayoritario ajeno, llegando al menosprecio, incluso al precio del martirio. Es así y no de otro modo como un cristiano evangeliza. Soltar rollos con la Biblia en la mano no es evangelizar.

La alegría distingue al cristiano por más adversa que sea una determinada situación. De cada uno de nosotros depende que exista alegría en la adversidad. Los milagros los opera sólo Dios. Él espera de nosotros el ofrecimiento personal de nuestra minoría activa perseverante. Ofrecimiento por vía de amor. A veces en situaciones dramáticas, incluso crueles. Y a veces en situaciones de bonanza en lo social. Situaciones que exigen más. Pues los tres enemigos del alma mundo, demonio y carne se confunden fácilmente con la paz política y social. Cuando ésta se da los tres enemigos se enquistan en ella. La paz según Santo Tomás de Aquino es la tranquilidad en el orden. Si en nuestro interior hay orden, hay tranquilidad. Y si esto se da, hay paz en nuestros corazones por más adversas que sean las dificultades.

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