Los cristianos, marginados en los medios de comunicación

El Obispo de Canarias, Mons. Ramón Echarren, denuncia la marginación a que están sometidos los periodistas cristianos en algunos medios de comunicació…

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El Obispo de Canarias, Mons. Ramón Echarren, denuncia la marginación a que están sometidos los periodistas cristianos en algunos medios de comunicación única y exclusivamente por sus creencias. En una carta pastoral, el prelado indica también que, a pesar de tratarse en muchas ocasiones de magníficos profesionales, su capacidad de influencia es “insignificante”. Al mismo tiempo, como para corroborar las tesis de monseñor Echarren, representantes de 87 entidades cívicas cristianas han manifestado su contrariedad por la casi nula repercusión que ha tenido en la prensa escrita y en la televisión autonómica una concentración de cerca de 1.000 personas ante el Palau de la Generalitat de Catalunya. Los asistentes al acto protestaban por la negativa del presidente catalán, Pascual Maragall, y de su gobierno a recibir a una delegación con más de 13.000 firmas que reivindican el Pacto por la Vida y la Dignidad, un documento en el que se proponen 26 puntos dirigidos a mejorar las condiciones de vida de las familias y las personas, con especial atención a adolescentes y jóvenes, mujeres, ancianos, inmigrantes y marginados en general. “Sectarismo anticristiano”

“Sectarismo” anticristiano 

En su carta pastoral, monseñor Echarren cree que “no debemos caer en la tentación de pensar que todo responde a odios a la Religión y a la Iglesia. Pero debemos evitar también la tentación contraria: se puede demostrar el ‘sectarismo’ anticristiano de no pocos medios y de no pocos periodistas y comentaristas; como se puede demostrar cómo determinadas informaciones sobre la Iglesia y sobre el cristianismo, se ofrecen sesgadas o contienen afirmaciones realmente falsas, hirientes, calumniosas.. ¡y hasta inventadas! También en este ámbito se podrían ofrecer datos muy concretos y contrastados”. En cualquier caso, el obispo de Canarias pone de manifiesto el valor positivo de los medios de comunicación, merecedores de una actitud sanamente crítica por parte de los cristianos en cuanto a los contenidos que ofrecen, al mismo tiempo que destaca la opción que los receptores de los mensajes tienen de aceptar o rechazar estos contenidos. Un último apunte hace referencia a que “debemos también aprender a educar a los niños y jóvenes, para que no se dejen manipular”.

¡Hagamos oír nuestra voz!

Las denuncias de monseñor Echaren han tenido su eco en la reacción de los representantes de 87 entidades firmantes del Pacto por la Vida y la Dignidad, que confirman “la ley de silencio” impuesta sobre todo acto o celebración organizada y llevada a cabo por colectivos de cristianos. El pasado 8 de junio, bajo el lema de ¡Hagamos oír nuestra voz!, cerca de 1.000 personas se manifestaban en un encuentro festivo y sereno, lleno de colorido y pancartas, con canto coral incluido, ante las puertas del Palau de la Generalitat de Catalunya. La protesta, en representación de los más de 13.000 firmantes del documento del Pacto, estaba dirigida hacia Pascual Maragall, el actual presidente de la Generalitat, que no ha querido recibir a una representación de este movimiento cívico después de dos intentos mediante cartas el 17 de febrero y el 15 de marzo pasados. En tres pancartas, los participantes defendieron la “libertad para elegir escuela”, que “un niño necesita padre y madre” y “una protección eficaz de la familia”.

El Pacto por la Vida y la Dignidad es un documento de 26 puntos dirigidos a mejorar las condiciones de vida de las familias y las personas, con especial atención a adolescentes y jóvenes, mujeres, ancianos, inmigrantes y marginados en general. Según el abogado Francisco Pintado, representante de la asociación Profesionales por la Ética, las propuestas del Pacto “son perfectamente asumibles por un Gobierno que se considera progresista”. Asimismo, el presidente de E-Cristians, Josep Miró i Ardèvol, que ha destacado “la importancia de la unidad de acción entre las entidades que defienden la vida y la familia”, es de la opinión de que “toda manifestación e iniciativa de grupos cristianos, por mucha entidad que tenga, es silenciada sistemáticamente por la mayoría de los medios de comunicación y por las administraciones y partidos políticos que presumen de progresistas”.

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