Los cuervos de Josep Ramoneda

Coincido con Josep Ramoneda en su artículo de El País, Eluana y los cuervos, aunque quizás me inclinaría por un matiz faun…

Forum Libertas

Coincido con Josep Ramoneda en su artículo de El País, Eluana y los cuervos, aunque quizás me inclinaría por un matiz faunístico y hablaría de los buitres, porque estos son además avescarroñeras. Mi discrepancia nacería a la hora de identificar antropológicamente a quién corresponde tal equiparación. Mi opinión, modesta, sería asignarlaal propio J. Ramoneda, a El País y a quienes como ellos hurgan en una persona que ha muerto por falta de alimentación, para explotar sus tesis políticas.

El mecanismo que utilizan es el propio del pensamiento totalitario. Desplazan sobre el otro las responsabilidades propias. Berlusconi es malo porque intenta hacer una ley para evitar un tipo de muerte que significa un precedente. Él crea una crisis institucional a pesar de que es el presidente del Estado quien en virtud de sus prerrogativas se niega a firmar la ley. Berlusconi utiliza sus competencias y Napolitano las suyas, pero el malo es el primero por definición, no el excomunista.

La gente del Vaticano es malvada porque se empeña en que la gente sufra, porque proclama la vida, y el principio de que toda vida humana es digna de ser vivida, y que lo que necesita es el acompañamiento y los medios.

Ramoneda es tan bestia en sus argumentos que inclusoacusa al Vaticano de obstruir la lucha contra el SIDA (sic) cuando es la organización no gubernamental que más recursos dedica a la lucha contra esta enfermedad, sobre todo, a la atención de los enfermos, y propone a quien quiere seguirlo las dos medidas mas radicalmente eficaces: la fidelidad en el matrimonio y la abstinencia para los solteros. ¿Difícil?, pero voluntario también.La OMS dice lo mismo -además del preservativo-.

Hay gente que todo y siendo favorable a la muerte de Eluana, es capaz de reconocer las implicaciones profundas que tiene el tema. Los de El País, Ramoneda, la SER no pertenecen a este grupo de personas sensatas. Para ellos lo bueno es matar a los que tienen vidas indignas, y utilizan en este sentido todos los eufemismos posibles, incluido en el caso de la radio, la música de fondo de violines. Para El País, ahora Eluana “descansa,” claro, todo lo descansado que puede quedar uno después de que le nieguen la comida y la bebida. La diferencia entre la acción que se ha cometido y un homicidio es tan sutil que puede tener fuertes implicaciones jurídicas.
La cuestión de fondo para los buitres es la existencia de vidas indignas de ser vividas, a causa de tres razones:
El sufrimiento que tiene, o dicen que ha de tener el sujeto, lo que sufren sus familiares, quienes le atienden, y el coste inútil que tiene para la sociedad mantenerlos con vida. ¿Les suenan estos argumentos? No son nada nuevos, ForumLibertas ya lo ha contado (VER ENLACE). Son los que utilizaron los nazis para explicar a la población alemana su programa Aktion T-4: la aplicación masiva de la eutanasia y la esterilización a personas que cumplían alguna de aquellas tres condiciones. Debería ser un antecedente terrible para la progresía, pero, por extraños misterios de la naturaleza, este antecedente no les produce ninguna repugnancia ni les advierte del riesgo que entraña una estructura mental y moral que admita este tipo de soluciones.
Las vidas indignas de ser vividas pueden nacer de la opinión subjetiva de la persona dañada, que considera que, con lo que le está sucediendo, la vida no merece ser vivida. Esta opinión nace de lo que experimenta la persona, y esto está muy relacionado, como los hechos demuestran, con la acogida que su trato merece en el entorno más próximo, la familia, quienes le cuidan, y el entorno social. Es muy difícil que una persona se considere un estorbo si quienes están con ella valoran su existencia como una referencia básica para su propia vida. En contrapartida, es muy fácil que alguien se sienta inútil cuando percibe un ambiente que constituye una losa para su propia existencia.

Lo peligroso de esta opinión subjetiva, de esta presión familiar y social, es que no se limita a un sujeto, sino que se extiende, y califica todas las personas en situaciones equiparables. Es decir, se produce una presión sobre otras personas que sufren la misma enfermedad o limitación, extendiendo a ellas la consideración de vida indigna.

La inmensa mayoría de tetrapléjicos no defiende la eutanasia, todo lo contrario, quieren vivir la vida y reclaman medios para que esto pueda realizarse en las mejores condiciones posibles. Si se llegara a considerar que la tetraplejia es una razón que justifique la eutanasia, se estaría estigmatizando a todo este grupo social, y así podríamos seguir desgranando enfermos de alzheimer, personas con enfermedades degenerativas, y un largo etcétera. Es precisamente de lo que se quejaba la asociación española de discapacitados al criticar la práctica del aborto en razón de las discapacidades del feto. Se los esta estigmatizando: ¡No sois dignos de nacer! ¿Y los ya nacidoscon aquellas características que da derecho a matarlos que son?

Cuando el ser humano no puede decidir por sí mismo, el tema se complica todavía mucho más. Este es el caso de Eluana. Sobre todo cuando su vida no requiere de ningún artificio especial para mantenerse sino simplemente requiere el ser alimentada. No se puede consagrar el derecho a que un tercero decida sobre la vida. La pena de muerte, expulsada de Europa, justificaba precisamente este derecho en nombre de otras categorías, la protección de la sociedad y la prevención del delito. También quería evitar mayor sufrimiento a otros posibles inocentes. Ahora hay gente que quiere volver a reintroducirla en base a otras razones, igual o peor que aquéllas, porque se basan en la inutilidad de la vida de los seres humanos que viven en determinadas condiciones. Nadie debería poder decidir por otro sobre su muerte.
Una última consideración es necesaria: Una sociedad que acepte la eutanasia, como la respuesta al sufrimiento humano, asumirá también el suicidio porque no tendrá ninguna razón para oponerse al mismo. Y también aquí, habremos dado otro paso atrás, habremos reinventado lo que tanto le costó de extirpar a la sociedad japonesa. Allí también había vidas indignas de ser vividas. En aquel caso el código era otro, no era físico sino moral, pero el resultado era el mismo. La indignidad de la vida de algunos.
La Iglesia proclama todo lo contrario: Toda vida humana es preciosa y merece ser vivida y realizada, y cuando los demás, la sociedad, nos ponemos al servicio de este fin, también nuestra propia vida se enriquece y cobra sentido
La pregunta de fondo, la raíz del debate debería ser esta: ¿Por qué nuestra sociedad que dispone de más medios que nunca para paliar el sufrimiento físico, para soportar el peso de los dependientes, tiene una deriva tan marcada a procurar su exterminio? ¿Cuál es el proyecto de sociedad que surge de unos fundamentos basados en el supuesto de la muerte, por deseo de la madre en el feto y el inmaduro, por eugenesia, por eutanasia, por suicidio?
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