Los desacuerdos fundamentales: el caso de Victoria Camps (I)

La Ilustración formuló una ecuación nunca demostrada, y después históricamente fallida: a más educaci&oacute…

La Ilustración formuló una ecuación nunca demostrada, y después históricamente fallida: a más educación, mayor propensión al bien. La idea sigue en buena medida vigente y continúa confundiendo la cultura con el buen criterio moral. No importa que el horror nazi en el país más culto de Europa arrumbara de una manera terrible tal presupuesto.

Valga esta introducción motivada por lo escrito por Victoria Camps, catedrática emérita de Moral, y persona protegida y proyectada desde el progresismo que ha gobernado la mayor parte del tiempo en España desde la muerte de Franco.

Hace escasos días afirmaba en La Vanguardia: “Cuesta ponerse de acuerdo sobre cómo se resuelven en democracia las discrepancias de carácter ideológico-religioso”. Hay que reparar en el sentido de la frase, que nos dice que la dificultad de acuerdo surge de la ideología que nace de la Religión, no de la ideología secas. Exhibe así sin pudor un perjuicio: las ideas que nacen de la matriz religiosa son portadoras de discrepancias de difícil solución. No hace falta ser un experto para reparar en el evidente error de la afirmación, como si los conflictos que conmueven a España desde la corrupción a la desigualdad, pasando por la pobreza y la desconfianza en las instituciones, tuvieran algo que ver con las ideas religiosas. Más bien es todo lo contrario. No hace falta que nuestra catedrática reflexione sobre la causa de los desacuerdos fundamentales que expone MacIntyre en Tras la Virtud, porque es evidente que la filosofía aristotélica no tiene cabida en sus creencias, pero al menos podría asumir el pensamiento del Habermas más maduro, que sí se sitúa en su campo y que precisa lo contrario: la importancia de los fundamentos pre-políticos para fundamentar las instituciones democráticas. Y estos son en gran medida religiosos. Bastaría con recodar la Declaración Universal de Derechos Humanos y el papel del filósofo neo tomista Maritain para conjugar la importancia del hecho religioso para construir la convivencia, o lo que escribió Masarych, filósofo y científico, además de presidente de la primera República Checoeslovaca, sobre el carácter decisivo de la conciencia religiosa para construir a una persona capaz de ser independiente del Poder, la única actitud que garantiza la democracia.

Los desacuerdos fundamentales surgen precisamente con la Ilustración, con la idea fallida de que era posible construir una moral a partir de usar la razón instrumental para ponerse de acuerdo en cuáles son los valores morales comunes. El resultado está a la vista y en la historia. No hay acuerdo, pero no entre religiosos y no religiosos, como lo demuestra la mencionada Declaración, sino entre ilustrados, entre modernos y post modernos, y la discrepancia es feroz. Las doctrinas morales ilustradas son hoy un pensamiento caótico y desordenado que ha contribuido a degradar el papel de la filosofía y dejarla convertida en un apéndice de las ciencias de la naturaleza y el hombre.

Pero, ¿por qué escribe Camps empujando la fe religiosa al área del conflicto? Por una razón muy interesada y parcial, que demuestra el peligro del pensamiento instrumental: primero los medios, después ya construiremos los fines. La respuesta es que en su artículo intenta escribir “filosóficamente” contra el aborto y necesita argumentar como sea que los malos son las ideas religiosas, como si estar contra el aborto fuera una exclusiva de esta forma de pensar y no un lugar común de personas tan distintas como puedan serlo Passolini y Gustavo Bueno, por citar dos ejemplos.

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