Los diez errores seculares de Europa

Europa está cada vez más sumergida en un diagnóstico que la conduce al desastre. He aquí resumidas las causas principales….

Europa está cada vez más sumergida en un diagnóstico que la conduce al desastre. He aquí resumidas las causas principales.

Ha transformado la combinación de ideales y logros pragmáticos a su servicio, de los Padres Fundadores de la unidad europea, en puro materialismo ramplón. Quienes rigen hoy el destino de Europa tiene alma de contables.

Una concepción del Estado del Bienestar que ha dejado sin temple al ciudadano, que espera cada vez más que todo lo resuelva el Estado.

Unas elecciones convertidas en una lista de beneficios para el votante vende ventajas por votos. Esto no es hacer una vida mejor, que debe ser el fin de la política, sino una vida fragmentada. Acentúa la vertiente negativa de nuestro sistema de bienestar, que, ojo, tiene una dimensión necesaria, positiva, y en muchos casos insuficiente, sobre todo en relación a los más necesitados. Como combinar protección con capacidad de iniciativa, que es un reto central que ni tan siquiera está planteado, cuando existe una vía racional para hacerlo: las políticas guiadas por la reducción de los costes sociales, y la de los que lleva aparejados en términos de costes de transacción -sobre todo los públicos y políticos- y de oportunidad, el crecimiento del capital social positivo y la mejora del capital humano. Ese es el eje de la políticas del siglo XXI.

Haber enviado a la papelera la ética de la virtud sin la que la práctica buena es imposible: un “chiste”, si es que puede llamarse así de El Roto lo resumía la perfección: “El comunismo fracasó, el capitalismo fracasó… ¿Por qué no probamos a ser decentes?

Un mal diagnóstico de la reacción antiislamista que la hace crecer. Es lógico que exista, mucho más allá de cuatro racistas nazis, una reacción antimusulmana, que no se resuelve con buenas palabras. El mundo islámico está cerca, en pequeña parte ya está dentro, y lo que hace una parte de sus miembros, los que marcan la pauta, da miedo, mucho miedo. ¿Cómo no quieren que se produzcan reacciones duras, furibundas? No es negando esta realidad, ni refugiándose en discursos fracasados como hacen Valls y Hollande, donde se encuentra la respuesta. En el mundo árabe musulmán, la reacción contra el yihadismo es extrema, muy dura, Egipto y Argelia lo constatan. ¿Cómo extrañarse de que aquí se produzcan intransigencias si sus compatriotas los combaten manu militari?

Los yihadistas europeos de segunda y tercera generación, personas, de familias árabe pero que son jóvenes que han nacido en Europa, viven cada vez más contra ella.

Los yihadistas conversos, los hijos de europeos que se convierten al Islam, y que en muchos casos proceden de una vida desordenada (que por cierto la cultura desvinculada de esta sociedad facilita), pero en otros no. ¿Por qué sucede? Es muy simple, porque Europa no tiene ningún ideal que ofrecer ningún sentido grande de la vida, mas allá de tener cuanto más dinero mejor, y claro esto siempre deja a muchas personas fuera de juego porque solo unos pocos tiene mucho.

El habernos construido el “enemigo ruso”, gracias al seguimiento fiel en Ucrania de los dictados y maniobras de la CIA de Obama, a pesar que Rusia es nuestro socio necesario, un amigo potencial complemento indispensable para afrontar el siglo XXI, y de cuya cultura podemos aprender mucho. Como enemigos, perderemos. Armará a países árabes, pactará con Turquía, atraerá a países europeos, como ya hace con Hungría, Chequia o Grecia, y terminará por completar con Serbia, que tendrá en Italia un buen socio. Como amigos podemos formar una buen bloque. De Gaulle tenía razón: la Europa de los pueblos se extiende del Atlántico a los Urales.

Un horizonte ideológico donde estar a favor de progreso significa adherirse al aborto, cuanto más abundante y fácil mejor, al matrimonio homosexual, y a la ideología de género. Y esto, más el hedonismo del tiempo de los adultos, aboca a la cultura antinatalista y a la liquidación de nuestra institución fundamental, el matrimonio ligado a la descendencia y su educación, a la disgregación social y al desorden.

La exclusión cristiana, que deja a la sociedad sin fundamentos para asentar la democracia y el Estado de Derecho, sin ideales grandes, capaces de oponerse al cinismo nihilista y al Islam.

No es difícil entender que la alternativa a este progresivo hundimiento es la alternativa a todos y cada uno de estos puntos.

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