Los discípulos de Emaús‘, por Bruno Chenu

Tiene razón san Juan de la Cruz cuando dice que el Verbo es como una mina de oro. Cuando parece que está agotada aparecen nuevas vetas que permiten de…

Tiene razón san Juan de la Cruz cuando dice que el Verbo es como una mina de oro. Cuando parece que está agotada aparecen nuevas vetas que permiten descubrir nuevas cosas y seguir ahondando en ese Misterio inagotable que es el amor de Dios revelado en Cristo.

Una prueba de ello la encontramos en este libro de Bruno Chenu, que trata todo él del pasaje de Emaús (Lc 24). Con razón dice el autor que es uno de los textos más conocidos de todo el Evangelio y que es una auténtica joya. Es el pasaje que, de todo el Nuevo Testamento, escogería Jean Guitton, por ejemplo. Y, no cabe duda de que es una de las escenas más recurrente en la oración personal y en la predicación.
 
Lo cierto es que, como señala el autor, la imagen de esos dos hombres que abandonan la certeza de Jerusalén para ir a ninguna parte (Emaús), es de una tremenda actualidad. En ellos podemos reconocernos todos nosotros. Y también hoy es posible revivir la experiencia de aquellos dos discípulos, en la catequesis itinerante de Cristo, en la fracción del pan y en el retorno a la compañía de los apóstoles.
El libro se inicia con el testimonio del Abbé Pierre, fundador de Emaús. En ese ejemplo se muestra gran parte del sentido del texto: en la obra que puso en marcha al cobijo de aquellos dos que marchaban desolados y volvieron transformados.
También el Abbé Pierre acoge al necesitado sin negarle su desesperación, abrazándolo en su situación concreta y dejando que, como los discípulos, invite al desconocido a pasar la noche con él (abriéndose así, por el gesto de la caridad, al que es el Amor).
Después el libro estudia el texto, con sus referentes textuales en otros pasajes de Lucas (Evangelio y Hechos), para mostrar mejor su estructura. Analiza las palabras y se detiene en las resonancias que ha tenido esta escena en el mundo del arte. Es curioso, como hace el autor, detenerse en los aspectos que han llamado la atención de pintores como Caravaggio o Rembrandt. También, por supuesto, repasa un poco la historia de su interpretación, desde los Padres hasta el psicoanálisis.
El libro se cierra con un sugerente capítulo dedicado a ver a los discípulos de Emaús en el contexto actual y en la vida de la Iglesia. Este texto, como es sabido, desde muy pronto entró en la liturgia y la catequesis por su riqueza de contenido y su brillante forma narrativa.
En definitiva, estamos ante un libro completo que trata un tema con amplitud intentando aportar nuevas miradas. De hecho consigue reclamar nuestra atención sobre el texto y nos mueve a una nueva lectura y meditación, esta vez muy enriquecida. Ojalá hubiera más libros como este que, delimitando bien su tema, no caigan en la repetición vacía ni en la elucubración sin fundamento.
 
 
LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS
Bruno Chenu
Narcea
Madrid 2006
154 páginas
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