Los excesos del fútbol y la crisis económica

Durante las últimas semanas han sido noticia los fichajes de diversos jugadores de élite a unos precios descomunales. El cardenal arzobi…

Durante las últimas semanas han sido noticia los fichajes de diversos jugadores de élite a unos precios descomunales. El cardenal arzobispo de Barcelona en la homilía de la misa del Corpus Christi destacó la flagrante contradicción entre estos dispendios desproporcionados y la grave crisis económica que afecta a muchas familias españolas. Comparto la opinión del señor cardenal al afirmar que la crisis económica se muestra como una crisis de valores.

En efecto, las actitudes desproporcionadas que comentamos nos ponen de manifiesto un camino que es, por lo menos, de dudosa legitimidad moral, a no ser que nos guiemos por el viejo principio de que todo vale o de que el fin justifica los medios. Sin embargo, nada se aporta al cambio de modelo de sociedad que debería darse para superar esta crisis, generada en parte por la prepotencia, el abuso de los recursos económicos y la creación de burbujas especulativas.

El debate sobre el uso del dinero para fichar futbolistas ha llegado incluso alCongreso de los Diputados, donde se ha presentado una proposición no de ley para limitar la retribución de los deportistas de élite y que los clubs sean más transparentes. Iniciativa ésta que no ha pasado de ser una queja testimonial y coyuntural.

El fútbol es realmente un negocio descomunal que mueve ingentes cantidades de dinero, al amparo de referentes psicológicos y políticos muy potentes en la actual sociedad de masas. Ahora bien, la manera cómo se obtienen créditos preferentes, ayudas para paliar problemas de liquidez, u otros mecanismos de apoyo económico, contrasta con la economía real que diariamente han de vivir miles por no decir millones de personas en nuestro país.
El ultimo informe de Caritas nos advierte que unas 600.000 personas han sido ayudadas por la organización, 200.000 más que el año anterior. Se destaca el aumento de personas que no reciben ingresos ni prestaciones de ningún tipo. Son pobres de nuevo cuño, en muchos casos personas que hasta hace poco podíamos situar perfectamente en la clase media. Se trata, en concreto, de parejas jóvenes que han visto truncadas sus esperanzas, a causa de despidos del trabajo, y la imposibilidad de seguir pagando créditos e hipotecas. Estas nuevas manifestaciones de la pobreza, ligadas a la precariedad laboral y al crédito fácil, a las que hay que sumar la de personas provenientes de la inmigración, o personas mayores, nos muestran una cara humana de la crisis económica, que va más allá de las cifras y las estadísticas. Se trata de una auténtica tragedia, frente a la cual el movimiento de millones de euros para fichar jugadores es, a mi juicio, una provocación en toda regla.
Claro que en un país tan anestesiado por el fútbol habrá quien no lo vea así, y que argumente que incluso es una inversión rentable que hace mover la economía (por lo menos de unos cuantos). En todo caso, se trata de un exceso de dinero, que hincha los precios de las transacciones y muestra la ausencia de regulación, en un campo que debería tener más control, incluso de carácter supraestatal.
En definitiva, los excesos del futbol nos permiten reflexionar sobre la sociedad que tenemos. Una sociedad que, sin duda, necesita mejorar muchísimo en cohesión social, en bienestar material y espiritual, en justicia. Conceptos que la crisis económica nos está obligando a recordar, redefinir y resituar. Para salir de la crisis habrá que cambiar actitudes y valores dominantes. La opción moral por la erradicación de la pobreza y la ayuda al que sufre, nos permite concluir que ésta si que es una Liga que vale la pena, y para la que deberíamos prepararnos exigiendo un cambio en las reglas del juego de nuestra vida social. Podemos y debemos.
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